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Blogs Bukubuku por Emilio de Miguel Calabia

La justificación del genocida amable

Emilio de Miguel Calabia el

Khieu Samphan fue la cara amable de los khmeres rojos, el hombre culto y refinado que se podía presentar a los diplomáticos extranjeros, porque sabía hablar bien. Se le podría comparar un poco con Zhou Enlai, que cumplió un papel parecido al lado de Mao Zedong. Fue el principal ideólogo de los khmeres rojos y si no le comparo con lo que significó Rosenberg para el nazismo, es porque Rosenberg no pasaba de un iluminado que repetía ideas de cuarta elaboradas por filósofos de quinta. Khieu Samphan se había formado en el París izquierdista de los cincuenta y al menos había absorbido ideas de primera de filósofos endiosados de segunda.

La carrera política de Khieu Samphan comenzó en los años 50, cuando fue enviado por su gobierno a estudiar en París. Apenas llegado a París, se integró en el Círculo Marxista, en el que también estaban pájaros del tipo de Pol Pot, Ieng Sary y Son Sen, que liderarían más tarde los khmeres rojos. El Círculo era un grupo secreto que funcionaba mediante células de hasta seis miembros y que operaba en el seno de la Asociación de Estudiantes Khmeres, en la que nadie, salvo los interesados sabía de su existencia.

Khieu Sampan completó en 1959 su tesis con el título “La economía y el desarrollo industrial de Camboya”, en la que defendía que Camboya debería ser autárquica y cortar su dependencia con el mundo desarrollado. Dos tesis que posteriormente influirían poderosamente en las políticas económicas de los khmeres rojos.

De regreso en Camboya, dio clases en la facultad de Derecho de la Universidad de Phnom Penh y publicó un periódico izquierdista, “L’Observateur”, que gozó de cierta reputación entre los intelectuales y estudiantes más progresistas. Era una alternativa a la prensa adocenada y derechista, dedicada a entonar las loas de Norodom Sihanouk.

Aunque tuvo sus problemillas con el régimen, acabó cooperando con Sihanouk. Sihanouk era un tipo imprevisible, salvo en su narcisismo e histrionismo, que eran perfectamente predecibles. Tenía la habilidad de desconcertar a sus rivales y atraérselos a su campo. Khieu Samphan parece que se integró en el Sangkum, el partido único promovido por Norodom Sihanouk, con sinceridad. Creía que era la mejor manera de defender la soberanía de Camboya y oponerse a las actividades de EEUU en Vietnam del Sur, que veía que podían acabar afectando a Camboya, como así fue. Integrado en el Sangkum fue elegido diputado a la Asamblea Nacional en 1962, 1964 y 1966 y fue Secretario de Estado en el Ministerio de Comercio.

En 1966 las fuerzas derechistas encabezadas por Lon Nol ganaron las elecciones. Sihanouk trató de apoyarse en los elementos izquierdistas para contrarrestarlos y uno de ellos fue Khieu Samphan. Esa alianza hubiera podido funcionar, si no hubiese sido por la revuelta campesina de Samleut que fue reprimida brutalmente por Lon Nol. Sihanouk se volvió contra los elementos izquierdistas que pensaba que estaban detrás de la revuelta y Khieu Samphan pensó que la prudencia es la mejor parte del valor; huyó de Phnom Penh y se refugió con las guerrillas del khmer rojo. Una buena parte de la inteligencia simpatizaba con Samphan y por más que el régimen dijera otra cosa, se convenció de que lo habían desaparecido.

En 1970 Lon Nol dio un golpe de estado, depuso a Sihanouk y proclamó la República Khmer. Los khmeres rojos y Sihanouk entraron en un matrimonio de conveniencia que, como casi todos los matrimonios, sean de conveniencia o no, terminó mal. En ese matrimonio los khmeres rojos ponían los guerrilleros y Sihanouk ponía su carisma y su imagen internacional. El nombre que le dieron Frente Unido Nacional de Kampuchea y al gobierno del Frente, Gobierno Real de la Unión Nacional de Kampuchea. Samphan ocupó en ese gobierno los cargos de Viceprimer Ministro, Ministro de Defensa y Comandante en Jefe de las FFAA, aunque este último cargo fuera puramente nominal. A causa del secretismo con el que se movían los khmeres rojos, los cuatro principales líderes del movimiento, Pol Pot, Ieng Sary, Nuon Chea y Son Sen se mantuvieron en el anonimato y siguieron dirigiendo los acontecimientos entre bastidores.

Con el triunfo de los khmeres rojos, comienza el genocidio en Camboya. Samphan pasó la mayor parte del tiempo en Phnom Penh, junto a la élite del movimiento. En abril de 1976, cuando Sihanouk, convertido en un preso efectivo de los khmeres rojos que en cualquier momento podía pasar a la categoría de masacrado, dimitió del puesto de Jefe del Estado, le sustituyó Khieu Samphan. Hay que reconocer que era un puesto simbólico y sin poder real, pero sentaba muy bien tener a un tipo tan refinado como Khieu Samphan dando la cara por el régimen en público. Menos simbólico era su puesto de presidente del Presidium, aunque el poder real residiese en última instancia en Pol Pot y su círculo, donde hete aquí que Khieu Samphan era considerado el cuarto en la jerarquía, después de Pol Pot, Nuon Chea y Ieng Sary.

No entraré en lo que fue su carrera política tras la caída de los khmeres rojos en 1979. Lo que me interesa es que un genocida tan simpático y que había estado todo el rato a la sombra de Pol Pot, no se enteró de nada durante los tres años que los khmeres rojos estuvieron gobernando Camboya y masacrando a sus compatriotas. Al menos eso es lo que afirma en el libro “La reciente Historia de Camboya y las razones detrás de las decisiones que tomé”. Tal vez una de las razones del gran despiste del que hace gala en este libro que escribió en 2003, sea que ya por entonces pendía sobre su cabeza la espada de Damocles de un proceso por genocidio en la Cámara Extraordinaria en los Tribunales de Camboya.

La imagen que da de sí mismo en el libro es la de un patriota, al que siempre le preocupó ante todo la soberanía de Camboya y que eso fue lo que siempre motivó sus actos. Se presenta como un intelectual que pasaba por ahí y que tenía un papel marginal dentro de los khmeres rojos. Si no hubiese tantos muertos de por medio, sería para reírse.

Una de sus justificaciones es la de que todas las decisiones en última instancia venían de Pol Pot, el cual, con su carisma y su capacidad para predecir el curso de los acontecimientos, se había ganado el respeto y la confianza de sus correligionarios, hasta el punto de que cuando un miembro del Comité Central desaparecía “el comité consideraba cada desaparición un caso separado y probablemente, a los ojos de los de dentro, justificado.” Nótese con qué habilidad en estas pocas líneas convierte las purgas regulares del liderazgo de los khmeres rojos en casos aislados y tal vez justificados y cómo se coloca como alguien exterior al sistema.

Añade que tras el colapso en 1979 los líderes de los khmeres rojos se dieron cuenta de que sus análisis habían estado terriblemente errados. Yo añadiría que tanto que habían provocado un millón de muertos. Pero dice que nadie quería hablar de ello porque no querían minar el liderazgo de Pol Pot que era su líder incontestado. Puede que fuera por eso o puede que fuera porque, aunque fuera del poder, sabían lo que les ocurría a los que disentían. En una fecha tan tardía como 1997, cuando los khmeres rojos eran una sombra de lo que habían sido, Pol Pot ordenó la ejecución de Son Sen, uno de sus principales líderes militares, porque estaba intentando negociar con el gobierno camboyano.

No sólo es que no tuviera ningún poder decisorio y que sus cargos fueran simbólicos. Es que, encima, no se enteraba de nada. Estaba confinado en un anejo al cuartel general de los khmeres rojos, “enclaustrado” según dice él mismo. En esos años viajó poco y cuando lo hizo, lo que vio le permitió apreciar los progresos traídos por el régimen: presas, irrigación, grandes campos de arroz… los mundos de Yupi en versión campesina. ¿No le llamaron la atención,- o es que no se los enseñaron-, los campesinos uniformados con uniformes negros trabajando de sol a sol, ni los comedores comunales, ni la falta de intimidad en los poblados, ni…? Parece que el “total compromiso de Pol Pot con su causa” bastaba para darle garantías.

Reconoce aquí y allá algunos hechos que le inquietaron un tanto. Por ejemplo, la evacuación de las ciudades. Todos los habitantes de ellas fueron enviados al campo. Pero parece que los recelos se le fueron cuando habló con Pol Pot y éste le hizo ver que los intelectuales nunca tienen los pies en el suelo.

Otra cosa que le preocupó fue el establecimiento generalizado de comunas de nivel superior, esto es, comunas donde toda la producción se guardaba en un almacén común y cada uno recibía la misma cantidad de comida cada día. Samphan no explica que las raciones eran insuficientes y que los campesinos andaban con hambre todo el día, hasta el punto de arriesgarse a robar un plátano y comérselo, aun a sabiendas de que eso estaba penado con la muerte. Tampoco cuenta que no había intimidad en esas comunas y que las largas horas de trabajo solían ir seguidas de sesiones de adoctrinamiento y “educación”. Entendía que había sido una decisión que se tomó apresuradamente en un contexto bélico y con la idea subyacente de que con la caída de Lon Nol no había terminado la guerra contra el capitalismo. Lo que critica de estas comunas es que volvieron a la población contra los khmeres rojos. El sufrimiento y las muertes que causaron parece que son irrelevantes.

Samphan pretende que nos creamos que no se dio cuenta de la “naturaleza sistemática de la represión” (eufemismo para no decir “genocidio”) hasta que no vio la película “S-21: la Máquina de Matar de los Khmeres rojos” del director camboyano Rithy Panh… que fue realizada en 2003. Fue “esta ingenuidad la que finalmente me llevó a confiar en Pol Pot, a someterme a la disciplina general y a enclaustrarme en el cuartel general, sin tener la más leve idea de que su política ultrarradical y sus métodos brutales estaban desangrando a la nación…” Si no hubiese un millón de muertos de por medio, sería para reírse.

 

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