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Blogs Bukubuku por Emilio de Miguel Calabia

Bailando en las sombras (1)

Emilio de Miguel Calabia el

La Historia de Camboya en la segunda mitad del siglo XX no es apta para cardiacos.

Después de la II Guerra Mundial los franceses arrastraron los pies con la concesión de independencia a Camboya. En 1953, tras la derrota de Diem Bien Phu, los franceses se dieron cuenta de que su tiempo en Indochina se había terminado y entonces les vinieron las prisas por irse; ese mismo año concedieron la independencia a Camboya.

La década de los 60 fue el momento de esplendor de Camboya. El país tuvo unas tasas de crecimiento económico apreciables y Phnom Penh, bajo la guía del rey Norodom Sihanouk, se convirtió en una pequeña capital cultural.

La guerra de Vietnam se llevaría todo eso por delante. Sihanouk entendió que si quería que la guerra no se llevase por delante su pequeño país, tenía que mantenerse neutral. Pero no es neutral quien quiere, sino aquél a quien le dejan. La ruta Ho Chi Minh que abastecía a la guerrilla comunista del Vietcong en Vietnam del Sur pasaba por Camboya y Vietnam del Norte nunca permitiría que esa ruta clave fuese cortada. Por su parte los norteamericanos querían que Sihanouk se implicase en la lucha contra el comunismo en Indochina. En 1970 subrayaron su disgusto con Sihanouk de una manera muy convincente: mediante el golpe de estado del general derechista Lon Nol, que alentaron.

Lon Nol fue un gobernante bastante incompetente, aunque posiblemente ni el mejor gobernante del mundo habría conseguido que Camboya saliera indemne de la guerra de Vietnam. Fue durante su mandato que se produjeron los grandes bombardeos norteamericanos que contribuyeron a que muchos campesinos pasasen a engrosar las filas de los khmeres rojos. La guerra civil cobró nuevos bríos y en abril de 1975 los khmeres rojos entraron en Phnom Penh e implantaron un régimen genocida que masacró aproximadamente a la tercera parte de la población del país.

Además de genocidas, los khmeres rojos eran profundamente xenófobos y, después de los burgueses, a quienes más odiaban era a los hermanos comunistas de Vietnam. Después de muchas provocaciones, Vietnam invadió Camboya el 25 de diciembre de 1978, derribó al régimen de los khmeres rojos e implantó un régimen amigo, la República Popular de Kampuchea, liderada por Heng Samrin y Hun Sen.

Aunque el Derecho Internacional prohíbe el uso de la fuerza, el sentido común diría que los vietnamitas debieron ser vistos internacionalmente como los salvadores de Camboya por haber librado a los camboyanos del régimen genocida de los khmeres rojos. La geopolítica tiene razones que el sentido común no entiende. Los vietnamitas fueron universalmente vilipendiados y se permitió que los khmeres rojos mantuvieran la silla de Camboya en NNUU. Eran los años de la Guerra Fría y los vietnamitas eran aliados de los soviéticos. Por aquello de que los enemigos de mis enemigos son mis amigos, China y EEUU apoyaron a los khmeres rojos, aunque fuera tapándose la nariz.

La década de los ochenta fue una época de guerra civil para Camboya gracias a la Guerra Fría. EEUU y China apoyaron a los tres movimientos que, desde santuarios en Tailandia, intentaban derrocar a la República Popular de Kampuchea: los khmeres rojos, que eran con diferencia la fuerza más disciplinada y eficaz de las tres, FUNCINPEC, leal al ex-rey Sihanouk, y el diminuto Frente de Liberación Nacional del Pueblo Khmer. Las tres fuerzas eran como moscas cojoneras: fastidiaban bastante, pero nunca estuvieron en condiciones de acabar con la República Popular de Kampuchea. Más grave fue el aislamiento internacional a la República, que necesitaba desesperadamente ayuda para desarrollar el país tras el desastre de los khmeres rojos, y que se vio tratada como una apestada.

La situación cambiaría a finales de los 80 por la combinación de dos hechos. El primero fue la caída del Muro de Berlín. De pronto, atizarle en la cabeza a una URSS agonizante, dejó de tener interés para EEUU. El segundo fue la retirada de las tropas vietnamitas de Camboya. Su marcha no comportó el colapso de la República Popular de Kampuchea. Por el contrario, mostró que estaba lo suficientemente consolidada como para poder aguantar los embates de los tres grupos insurgentes.

Así comenzó la marcha hacia los Acuerdos de Paz de Paris, que se firmaron el 23 de octubre de 1991. Los firmantes fueron el Estado de Camboya (SOC, según sus siglas en inglés; nueva denominación de la RPK), los khmeres rojos, FUNCINPEC, el Frente de Liberación Nacional del Pueblo Khmer (FLNPK) y 17 naciones más. En virtud de los Acuerdos de Paris se constituyó la UNTAC, la Administración de Transición de NNUU en Camboya, cuya misión era administrar el país hasta la celebración de elecciones, previstas para 1993. Se trataba de la misión más ambiciosa jamás emprendida por NNUU: la de administrar un país que salía de la guerra.

Los Acuerdos de Paris presentaban dos fallas fundamentales, una ética y otra de realismo. La ética consistía en admitir a los khmeres rojos al mismo nivel que el resto de las facciones, olvidándose el genocidio que habían realizado. La segunda era olvidar que ya había una Administración de facto en el país, la del SOC, y tratarla en pie de igualdad con el resto de las partes. No soy yo quien lo dice, sino el indonesio Benny Widyono que a la sazón trabajaba en NNUU y acabaría participando en la UNTAC, donde desempeñaría el cargo de gobernador en la conflictiva provincia de Siem Reap.

Widyono ha contado su experiencia con la UNTAC en el libro “Bailando en las sombras. Sihanouk, los khmeres rojos y NNUU en Camboya”. El subtítulo evidentemente se lo han debido sugerir para aumentar el atractivo del libro. No entiendo si no, porqué se deja fuera a Hun Sen, a Ranariddh, a FUNCINPEC y al SOC, que fueron otros tantos actores clave.

La parte más interesante del libro no es la histórica. A fin de cuentas, ya existen diversos libros y documentos de NNUU en el mercado que cuentan la etapa de la UNTAC desde un punto de vista u otro. Lo que más me atrajo de Widyono fue conocer la pequeña historia de la UNTAC y del proceso de toma de decisiones desde el punto de vista de uno de sus participantes.

El libro contiene datos interesantes sobre el juego político que se desplegó en torno a UNTAC. “Desde mi habitación de hotel en Phnom Penh, y más tarde en Siem Reap, estaba fascinado por cómo Akashi [el jefe de la UNTAC], Sihanouk y Hun Sen [Primer Ministro del SOC en aquel tiempo y actual Primer Ministro de Camboya. Eso es capacidad de supervivencia política], cabezas de las tres entidades gobernantes, estaban envueltos en un baile intrincado de gobierno con Pol Pot, el líder de los khmeres rojos, que todo lo entorpecía desde sus reductos en la selva. Aunque el SOC sólo era uno de los componentes del Consejo Nacional Supremo [era un gobierno de coalición en el que debían estar las cuatro facciones que habían firmado los Acuerdos de París y que presidía Norodom Sihanouk], en realidad Hun Sen era el poder real en este juego del escondite y baile político (…) Pero esto no era todo. Siempre acechando entre bastidores en Phnom Penh había otra institución poderosa con un fuerte papel asesor: el Expanded Perm 5 (EP 5) (…) El EP 5 era la contraparte en Phnom Penh de un cuerpo similar en Nueva York llamado el Core Group. En Phnom Penh los embajadores mantenían contacto constante con sus contrapartes en Nueva York para asegurar el control continuo sobre UNTAC.” Este es el tipo de párrafos que nos hacen salivar a los diplomáticos. Las relaciones internacionales tienen mucho de iceberg. Lo que aparece en las noticias es sólo la puntita. Lo principal es lo que no se ve, todas las maniobras subterráneas que únicamente alguien que haya estado en el meollo, como es el caso de Widyono, puede contar.

En cambio, en donde me he llevado una cierta decepción es en las descripciones de cómo era la vida bajo la UNTAC. Ciertamente Widyono da detalles interesantes: el relato de su visita al reducto khmer rojo de Pailin, los problemas de seguridad, la búsqueda de un alojamiento…, pero le falta la habilidad para transmitir vivencias. No consigue que esos episodios tengan vida. Widyono tiene la mentalidad del escritor de informes, no del literato.

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