«¡Oh Dios! Qué bella guerra» de Michael Nyman

«¡Oh Dios! Qué bella guerra» de Michael Nyman

Publicado por el Jul 8, 2015

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Una mujer trabaja tranquilamente confeccionando muñecas, mientras dos alemanes lanzan bombas sin piedad, sobre la población civil, desde un globo aerostático. Un hombre sonriente alimenta, después, a un grupo de palomas mensajeras, hasta que aparece una escuadrilla de aviones de combate sobrevolando ciudades arrasadas y, luego, un joven intentando coger un baso, sin mucho éxito, con la nueva prótesis metálica que tiene por brazo. Entonces nos vuelve la sonrisa a la cara con un grupo de niños jugueteando a ser soldados, en su mundo sin heridas, hasta que vuelve esa imagen de uno de verdad, con el rostro completamente desfigurado por el efecto de las armas químicas, que trata de fumarse un cigarro por el orificio de la nariz. El único, por cierto, que le queda intacto en el rostro.

Y entre el público, apenas unos pocos aplausos. Quizá porque todas estas imágenes que pudieron verse el domingo en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII de Madrid, dentro del Festival Madgarden, no sean como para festejar. Son escenas reales de la Primera Guerra Mundial sacadas de los archivos cinematográficos de Alemania, Estados Unidos y Francia, con las que Michael Nyman ha montado, dirigido y compuesto la banda sonora (que interpretó en directo con su pequeña orquesta) de «War Work: 8 songs with film», el documental que el célebre compositor británico presentaba en España por primera vez.

Un concierto diferente, tan turbador como conmovedor, donde se suceden ante nuestros ojos los vídeos en blanco y negro grabados entre 1914 y 1918, con los que el autor de la música de «El Piano» –que le valió un Oscar en 1993–, ha realizado un documental musicado en el que aborda el tema del cuerpo humano como máquina de guerra. Y todo ello sin tomar partido por ninguno de los bandos.

Y ciertamente lo consiguió, más allá de nazis o aliados, porque el público permaneció durante más de una hora quieto y en silencio, casi olvidándose del famoso pianista y la soprano Marie Louis Angel, que le acompañaba sobre el escenario. Tampoco parecían existir para el espectador los miembros de la banda, pues tenían sus ojos clavados en la tragedia que se proyectaba sobre la pantalla (más pequeña de lo deseada, eso sí). Misiles, edificios en llamas, heridos con las marcas que les han dejado en la carne  las explosiones y los gases venenosos, un «1914» ardiendo, una pequeña orquesta de música celebrando no sé qué… y sobrevolando toda aquella carnicería y destrucción, los ocho temas que Nyman compuso para el documental, transformando piezas de compositores clásicos como Schubert, Beethoven o Rossini.

Canciones inspiradas, además, en una serie de poetas y escritores que combatieron en la Gran Guerra y estuvieron involucrados en los movimientos artísticos de vanguardia de principios del siglo XX, algunos de cuyos poemas aparecieron sobreimpresos en algunas de las imágenes. Como aquel de Guillaume Apollinaire: «¡Oh Dios! Qué bella guerra, con sus canciones y sus horas de ocio». Palabras desconcertantes que el francés escribió en pleno conflicto, al mismo tiempo que se alistó como voluntario para ir al frente, y un año antes de que fuera herido de gravedad en la cabeza.

También aparecen Isaac Rosenberg (1890-1918), el poeta inglés muerto a los 27 años en la Batalla de Somme. Y el escritor alemán Alfred Lichtenstein, que perdió la vida en el mismo lugar, pero en 1914. O Géza Gyóni, el poeta húngaro que falleció, en 1917, como prisionero en un campo de concentración ruso. El expresionista alemán August Stramm, que fue abatido, en 1915, combatiendo con el Ejército nazi. O el poeta de la misma nacionalidad Ernest Stadler, que murió en el frente de Yprès, al inicio de la Primera Guerra Mundial.

Nyman ha sabido sacar partido a las palabras del historiador aleman Ernest Jünger (1895-1998), que también participó en aquel horrible conflicto, sobre el poder de la imágenes: «La guerra mundial fue el primer gran evento experimentado de esta forma, y desde entonces ningún evento ocurre sin ser capturado por el ojo artificial». El pianista, además, ha puesto la música, para realizar, según su propia opinión, la creación más importante de su vida. Y eso es mucho decir viniendo de él.

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