Entrevista a Manuel Marsol, ilustrador

Entrevista a Manuel Marsol, ilustrador

Publicado por el Oct 9, 2017

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“Los ilustradores debemos desarrollar un lenguaje que nos permita representar todas las cosas posibles y que estén dentro de nuestro mundo”.

La pasión y la entrega son dos estados fundamentales en la vida de un ser humano. Con ellos, se puede conseguir todo aquello que nos propongamos, y además, es una forma de poder llegar a nuestros semejantes a través de los medios de expresión que tenemos a nuestro alcance.

En la comunicación visual y artística, se puede ver perfectamente reflejado en las obras que salen de los lápices de muchos ilustradores. Es el caso de Manuel Marsol (Madrid, 1984), en su obra, se ve esa pasión y entrega por lo que hace, consiguiendo resultados realmente evocadores con colores vivos, figuras de fantasía marcadas en trazos graciosos que envuelven un mundo ilustrado totalmente mágico.

El pasado mes de abril, Marsol consiguió entrar en la historia de la ilustración de nuestro país al ser el primer ilustrador español en recibir el prestigioso Premio Internacional de Ilustración Feria de Bolonia-Fundación SM, dotado con 30.000 dólares. Uno de los reconocimientos más importantes a nivel internacional para un ilustrador de libros infantiles. Dirigido específicamente a jóvenes ilustradores menores de 35 años, el madrileño fue seleccionado de un total de 3.368 candidatos de 62 países con más de 16.500 obras expuestas, un récord en términos de participación del prestigioso evento.

Licenciado en Publicidad y Comunicación Audiovisual, ha trabajado como creativo publicitario entre 2009 y 2012 obteniendo reconocimientos en festivales de dicho sector como El Sol Cannes Lions, por lo que, en recibir premios ya tiene algo de experiencia. En 2012 reorientó su carrera para dedicarse a lo que de verdad le gusta y le llena: dibujar libremente, y eso se nota claramente en su obra. Un viaje por recuperar la fascinación que de niño le provocaban los lugares encantados, buscando las maravillas de cada historia.

¿Qué supone para usted a nivel personal y como profesional haber recibido el Premio Internacional de Ilustración Feria de Bolonia-Fundación SM?
Una alegría muy grande. Recuerdo cuando fui a Bolonia por primera vez en 2012, la impresión que me causó ver la mostra de ilustradores. Pensaba en la calidad tan grande de los trabajos, pero también lo vi como un reto. Me presenté y tuve la suerte de ser seleccionado los cuatro años siguientes, hasta que cayó el gran premio. Vivir de la ilustración editorial no es sencillo, y en mi caso he elegido un camino complicado a nivel comercial, intentando hacer mis propios proyectos y rechazando encargos con los que no me identifico. Es mucho tiempo trabajando sin saber si habrá beneficio, y este reconocimiento supone una gran recompensa.

Además de la dotación económica, el ganador ilustrará un álbum infantil que será editado por SM y presentado en la Feria del Libro Infantil y Juvenil de Bolonia de 2018. ¿Tiene algo pensado? ¿Qué le gustaría ilustrar? ¿Va a elegir el tema usted, o será desde la editorial?
Desde que se inauguró este premio hace 8 años, la idea de la Fundación SM ha sido que el ilustrador trabajase sobre una historia, cuento o leyenda tradicional propia de su país. Its raining elephants, que son una pareja de ilustradoras suizas, hicieron un libro fantástico inspirado en Guillermo Tell, Catarina Sobral se inspiró en una leyenda popular portuguesa de sirenas y gigantes, etc. Yo ahora estoy en pleno proceso de documentación, leyendo infinidad de cuentos de la tradición oral española, así como muchos mitos y leyendas adscritas a lugares (montañas, cuevas, bosques, lagunas, etc). Mi intención es recuperar la fascinación que de niño me provocaban los lugares encantados, el asombro de las historias de los bosques, las apariciones, lo maravilloso, etc. Y la tradición española está plagada de esos encantamientos, de cuélebres, de muchachas pálidas que emergen de los ríos, de ánimas o de cuevas infinitas. El reto es ir más allá del “érase una vez” propio de estas historias (que se reducen a contar el hecho maravilloso), y hacer un álbum ilustrado donde además del qué, importa el cómo se cuenta, y eso lo da principalmente el juego que se establece entre texto e imagen.

Ha trabajado en el mundo de la publicidad ¿Le ha influenciado posteriormente trabajar en ese sector? ¿Siempre ha tenido claro que lo suyo era la ilustración?
Sí, lo digo muchas veces, discutir cuestiones creativas con un editor es un placer comparado con un cliente publicitario. La diferencia es que, en general, al editor le gustan los libros tanto como al ilustrador/escritor, y su conocimiento sobre ellos es muy amplio. Por otro lado, en publicidad uno se acostumbra a trabajar descartando ideas. No hay miedo a trabajarlas hasta que funcionan. Mi sensación es que muchos ilustradores y escritores, tanto si empiezan como si llevan un tiempo, se enamoran fácilmente de sus ideas y no tienen tanta disposición a retrabajarlas. Muchos confunden la crítica con un ataque personal, y no es a ellos a quien se critica, sino a un trabajo concreto que igual requiere un par de vueltas para estar fino. En cuanto a mí, nunca pensé que en el futuro me dedicaría a dibujar. El arte estuvo presente en casa desde siempre puesto que mis padres eran profesores de Historia del Arte, y yo dibujaba desde niño, pero ni muy en serio ni muy constantemente. Cuando acabé la universidad, me abrí un blog y empecé a subir dibujos, pero mi objetivo seguía siendo trabajar como creativo publicitario. Luego experimenté lo que era ese tipo de vida durante tres años, mientras el gusanillo de la ilustración iba creciendo poco a poco. Me apuntaba a talleres, pero la publicidad no me dejaba el tiempo suficiente para crecer en este ámbito. Por eso me decidí a abandonar la agencia y apostar por lo que de una forma o de otra estaba en mí de manera natural. También me di cuenta que la publicidad no era el lugar ideal para realizarme, pues nunca me permitiría desarrollar un trabajo personal.

¿Qué es para usted la ilustración? ¿Cómo la definiría?
Arte, literatura, comunicación, belleza, entretenimiento, emoción… exactamente igual que el cine o la música.

¿Qué requisitos considera necesarios para ser un buen ilustrador?
Eso depende mucho de las cualidades, intereses, objetivos y capacidad de esfuerzo de cada uno. Hay mil maneras distintas de ser un buen ilustrador. Siempre se habla de la importancia de ver muchas cosas, no sólo de ilustración sino de otras disciplinas artísticas. El cine, la literatura o la música tratan de contar historias, igual que la ilustración, y en mi caso son una fuente de inspiración constante. Creo que también es bueno rodearse de gente con conocimientos y capacidad crítica para que analice sin tapujos nuestro trabajo, tanto para señalar errores como para evidenciar las virtudes (que no siempre vemos por un exceso de autocrítica). La paciencia también es importante, no solo con los editores sino con uno mismo. La experiencia se logra con tiempo y tenemos mucha prisa por saltarnos los pasos de aprendizaje. Parece que tienes que ser bueno desde lo primero que hagas, y eso solo le pasa a Picasso y a pocos más. Solo por estadística, y por humildad, es importante que el que decida dedicarse a esto sea consciente de ello.

 

“En España es prácticamente imposible vivir de hacer álbumes ilustrados”.

 

¿Cuáles son sus ilustradores de referencia y que pueden llegar a inspirarle?
Uff ¡hay muchos! Por decir algunos: Javier Sáez-Castán, Ximo Abadía, Miguel Pang, Kitty Crowther, Atak, Johanna Benz, Bernardo Carvalho, Cristina Sitja-Rubio, Jon Klassen o Nina Wehrle y Evelyne Laube de Its raining elephants .

Han calificado su obra de una “alta calidad técnica y originalidad, que tiene una voz propia que está fuera de las tendencias, cualidad rara de encontrar”. ¿Un estilo se busca o te encuentra?
Habrá de todo, pero veo menos natural buscarlo deliberadamente. Corres el riesgo de quedarte en la superficie. De todas formas, hace falta verlo con la perspectiva del tiempo y comprobar si lo que uno hace “aguanta” o no el paso de los años, si está adscrito a tendencias o es verdaderamente original.

Es un ilustrador en el que predomina el color y que utiliza muy poco el blanco y negro en sus obras. ¿Por qué? ¿Qué supone para usted el color?
Supongo que el color me da más posibilidades expresivas y, sobre todo, narrativas. Con el blanco y negro tengo menos recursos para contar determinadas cosas, para hacer destacar un elemento sobre otro, para crear atmósferas. Sin embargo, cuando he tenido que trabajar en blanco y negro (condicionado por los costes de producción de las tintas) he procurado usar esa limitación a mi favor. Fue el caso del relato de terror El Gato de Brasil de Arthur Conan Doyle (Ekaré, 2016). Ahí le di más importancia a las siluetas, a las formas sugerentes y ambiguas de la tinta china, que encajaban bien con la historia.

¿Qué herramientas de trabajo utiliza para componer sus ilustraciones? ¿Prefiere, técnicas tradicionales o digitales?
No establezco diferencia entre ambas, me parece una cuestión superada. Entré en la ilustración profesional cuando ya no había diferencia entre el lápiz de grafito y el de la tableta gráfica. Las herramientas están al servicio de las ideas, y deben usarse para conseguir que esas ideas se plasmen adecuadamente y funcionen. Si utilizo técnica digital o analógica, no es porque una u otra sea mejor, sino porque para un proyecto en concreto pienso que una es más adecuada. Y luego hay muchas falsas creencias respecto a lo que una u otra aportan, y dependen mucho de quién y cómo se utilicen. Por ejemplo, se tiende a pensar que la herramienta digital agiliza y ahorra tiempo, pero a mí a veces me pasa justo lo contrario, pues las opciones de retoque, revisión y reajuste de lo digital son tan fáciles de realizar, que eso es precisamente lo que alarga la tarea hasta el infinito.

¿Qué es lo que más le cuesta dibujar?
Soy muy malo para los retratos de gente, me cuesta mucho que se parezcan. Por suerte, esto no es indispensable en el tipo de ilustración que hago. A mí dame un paisaje, o un personaje frente al paisaje, como le pasaba a Friedrich. Aún así, procuro no acomodarme evitando las cosas que no se me dan bien ya que sería una trampa. Los ilustradores debemos desarrollar un lenguaje que nos permita representar todas las cosas posibles y que estén dentro de nuestro mundo, no vale solo con hacer los arbolitos, ramitas y florecitas que se nos da bien dibujar, o que sabemos que funcionan (mientras esté de moda) porque lo hemos visto por ahí. Por eso la gente que adopta un estilo de forma deliberada, generalmente por imitación, luego no tiene recursos para ilustrar un mundo entero (su mundo), porque se ha saltado pasos, es decir, entrenamiento, error, aprendizaje, personalidad…

¿Cuál diría que es su mayor habilidad y cómo la ha ido perfeccionando a través de los años?
No sé cual es mi mayor habilidad, pero sí sé algunas de mis debilidades. Nunca fui muy bueno dibujando (si por dibujar bien se entiende representar la realidad de manera realista) pero creo que eso me ayudó, sin proponérmelo, a desarrollar un trabajo más personal, donde los defectos podían ser convertidos en espontaneidad y frescura.

Cuando empieza un proyecto nuevo ¿cómo afronta su día a día a la hora de ilustrar? ¿Cuál es su proceso creativo?
Me funciona bien empezar a dibujar un lugar, o mejor dicho, una atmósfera. Si voy a hacer un libro del Oeste, empiezo por disfrutar dibujando escenas o paisajes con ese tema de fondo. De esas pruebas espontáneas y desprovistas de exigencia pueden salir los temas o el tono gráfico que luego tendrá el libro. En paralelo, me documento todo lo posible: veo pelis, leo ensayos, novelas o artículos de internet que tengan relación con ello. Y siempre llevo un cuaderno para apuntar ideas, dibujar posibles páginas o escribir frases que me den el tono de la historia.

 

“Mi intención es recuperar la fascinación que de niño me provocaban los lugares encantados”.

 

Cuando escribe e ilustra una obra para un público infantil ¿qué puede llegar a ser más importante el lenguaje o las ilustraciones?
En los álbumes ilustrados, generalmente se piensa que es la ilustración la que soporta el peso narrativo, pero en el fondo me parecen igual de importantes. Una no funciona sin la otra. Si ambas no tienen el mismo nivel de exigencia creativa, habrá un salto entre ellas y eso lo notará el lector, consciente o inconscientemente. Para el tipo de libro-álbum que me interesa hacer me parecen indivisibles y no concibo que se creen de manera independiente. Sólo realizándose a la vez, dando valor al juego y a los huecos que se crean entre ambas (y que luego rellenará el lector en su cabeza), funcionarán como un reloj, como un mecanismo.

El ilustrador y escritor polaco Uri Shulevitz dice que un cuento tradicional ilustrado puede contarse por teléfono sin necesidad de ver las ilustraciones, pues no son necesarias para comprender una narración que existía previamente a ellas. Pero dice que un álbum ilustrado, lo que en inglés se conoce como Picturebook, nunca podría comprenderse escuchándolo por teléfono, pues es la relación del texto con la imagen la que da sentido a la narración. Y esos son el tipo de libros que a mí me interesa hacer.

¿Qué va antes, texto o imagen? ¿Hay alguna parte más difícil de componer en un libro: la trama, los personajes, la primera línea, el primer dibujo, el final…?
Todo está relacionado, todo es complejo. Pero si hay que dedicarle a una cosa más que a ninguna otra, es a la creación de la historia. A mí al final es lo que más tiempo me lleva, lo que retrabajo una y otra vez hasta que consideramos el editor y yo que funciona.

¿Se ha encontrado alguna vez con un “no me gusta” desde un cliente o una editorial? ¿Qué hace ante esta situación?
Cuando trabajaba en publicidad sí que me encontraba con “no me gusta” de los clientes con bastante frecuencia y poco había que hacer. Por suerte, abandoné aquella profesión para hacer libros, y dentro de este mercado, me decanté por libros con un corte personal, donde precisamente se busca la voz del “artista”. Como mencionaba al principio, mi sensación es que la gran mayoría de los editores tienen tanto amor por los libros como los escritores e ilustradores, y su cultura visual y literaria permite que no se hable tanto de gustos y caprichos como de ideas o ilustraciones que funcionan o no funcionan. También creo que para hacer buenos libros hacen falta distintos puntos de vista, y tanto editores como creadores estamos ahí para sacar el libro lo mejor posible. Claro que surgen puntos de vista diferentes, pero hasta la fecha, tenían que ver más con lo que significa trabajar en equipo que con una imposición.

¿La libertad creativa es una condición indispensable para el éxito del trabajo?
Podría escribir una parrafada interminable, pero creo que es mejor ver la peli The Five Obstructions de Lars Von Trier, que lo explica de maravilla.

¿Qué considera que debe tener un libro infantil para que sea amado por los lectores? ¿El público infantil y juvenil puede llegar a ser más exigente?
No te sé responder bien a ninguna de las dos preguntas. Hay libros que son amados por unos y odiados por otros, y cada creador no debería obsesionarse demasiado por intentar gustar a todos, entre otras cosas porque es imposible. 2001: Odisea en el Espacio de Stanley Kubrick es probablemente mi película favorita, y considero que como hecho artístico, como obra intelectual y como producto cultural y de entretenimiento tiene todo lo que debe tener y más. Pero también conozco a gente para la que simplemente es un aburrimiento retencioso e incomprensible. Y no hablo necesariamente de gente sin conocimientos cinematográficos. El realizador ruso Andréi Tarkovsky decía algo así como que hacía cine para un tipo de personas que compartían una visión del mundo similar a la suya. Algunos le criticaban por críptico y elitista, pero no me parece justo. Primero, porque para lo que unos era deliberadamente críptico, para él no lo era (y para muchos admiradores de su obra tampoco). Y segundo, porque lo injusto hubiera sido que privase a la gente de ese tipo de cine un poco más exigente (lo llamo así con pinzas) en pos de una supuesta accesibilidad. Creo que en un álbum ilustrado como El tiempo del Gigante (Fulgencio Pimentel, 2016), que co-escribí con Carmen Chica, los mismos elementos que para algunos lo convierten en un álbum amado y especial, para otros lo convierten en un álbum “especialito” que les deja indiferentes.

Retomando la segunda pregunta, creo que la diferencia verdadera no está en la edad, sino en la personalidad y en las inquietudes de cada uno, sea niño o adulto.

¿Ilustrar un texto, es buscar otra forma de comunicar o de complementar?
Me gusta pensar que es algo más que comunicar y que complementar. Creo que tiene entidad suficiente para generar contenido, narrar y emocionar. De todas formas depende en gran medida de la naturaleza del texto. En una ilustración para prensa, inevitablemente debe complementar y enriquecer la comprensión del texto. Pero en un álbum o incluso en una novela ilustrada, su función se puede ampliar y creo que no hay que sentir pudor por hablar en términos de belleza o de emoción.

¿En la actualidad parece que todo es imagen, debería estar más reconocida la labor de los ilustradores por parte de la sociedad? ¿Usted se siente valorado?
Esta es una cuestión muy compleja, y depende mucho del tipo de ilustrador al que le preguntes. No es lo mismo un ilustrador que se engancha a una tendencia o a una fórmula y que le da al público lo que quiere que otro que se guía por razones exclusivamente artísticas. La idea que tendrán ambos de ese reconocimiento social será muy diferente. Los medios generalistas se hacen eco de la ilustración, pero solo de un tipo de ella. El Premio de Ilustración de la Feria de Bologna, por ejemplo, es uno de los reconocimientos más importantes a nivel internacional para un ilustrador de libros infantiles. Ésta ha sido la primera vez que lo obtiene un español, y sin embargo, ésta es la primera entrevista que me hacen a propósito de ello (y se concedió en abril).

Yo me siento valorado principalmente por los compañeros de profesión, que son los que en realidad conocen mi trabajo, los que más lo compran y los que vienen a las presentaciones de los libros junto con amigos y familiares. Los que hacemos álbumes tenemos la sensación de que al final estamos haciendo los libros para otros creadores como nosotros, y no tanto para el gran público. En mi caso, no importa que haya obtenido algunos de los premios más importantes que se pueden dar en mi ámbito, porque que al final en la feria del libro solo firmo a tres o cuatro personas que no pertenecen a mi círculo. Así de pequeño es mi mercado.

Por otro lado, los ilustradores y escritores de álbum ilustrado, por lo general, cobramos muy poco en concepto de adelanto de royalties por cada libro que hacemos. En España es prácticamente imposible vivir de hacer este tipo de libros, tendríamos que hacer casi tantos como meses tiene el año y es imposible. Por eso hay que tratar de abrirse al mercado extranjero, o compaginarlo con otro tipo de trabajos más o menos relacionados con la ilustración. Otro problema en este género son las ganas que tiene mucha gente de publicar, de ver su librito en la tienda sea como sea, y eso no hace otra cosa que devaluar el valor de lo que hacemos. Nadie duda de pagar al impresor o al distribuidor que ponen el papel y la furgoneta, pero vemos constantemente casos de escritores e ilustradores que trabajan gratis. Y de esto, son tan culpables los editores que lo piden como los creadores que lo aceptan.

 

“Las herramientas están al servicio de las ideas”.

 

Más allá de las cifras, el libro infantil y juvenil ha mostrado una impresionante capacidad de resistencia y de lucha para mantener el tipo y seguir buscando nuevas vías que le permitan avanzar y crear nuevos lectores ¿Cómo cree que se pueden crear nuevos lectores? ¿Por qué es importante que los niños lean?
Hay profesores que trabajan con álbumes ilustrados, pero son pocos. Sería bueno que este tipo de publicaciones entrasen de lleno en los colegios. Como dice la ilustradora Květa Pacovská, “los álbumes ilustrados son para los niños la puerta de entrada a los museos”. Solo por transmitir el deleite por la literatura y por las imágenes ya son importantes. Y más allá de educar o enseñar, por la importancia de que los niños vean que hay muchas maneras distintas de ver las cosas, por abrir su mente y de paso ampliar su cultura visual. Hay infinitas maneras de dibujar una persona o un perro, y no sólo las que ofrecen los libros de corte más comercial o los dibujos animados de éxito que ven en el cine y la tele.

¿Qué factores cree que han incidido en la recuperación del libro infantil y juvenil?
Si con recuperación te refieres a que se editan más libros que antes, la clave han sido los costes baratos de producción y el acceso de todo el mundo a las herramientas de edición y maquetación. Después, el boom de cultura gráfica y visual que ha traído consigo el desarrollo de los blogs y las redes sociales desde hace unos 10 años. Pero eso de recuperación habría que matizarlo. Es verdad que se editan muchos títulos, que el nivel de creatividad y calidad por parte de creadores y editores es digno de un boom , pero el mercado no está acompañando ese despliegue. La realidad es que el álbum ilustrado (ojo, no confundir con otro tipo de publicaciones de la Literatura Infantil y Juvenil) sigue siendo un mercado minoritario, con tiradas de 1.500 o 2.000 ejemplares en el mejor de los casos. Y la demanda de lectores no puede abarcar la cantidad de novedades que llegan cada semana a las librerías. Se produce una canibalización de libros, que duran poco en los escaparates y pronto pasan a la estantería o directamente son devueltos, o mejor dicho, cambiados por las siguientes novedades, en una burbuja que parece no tener fin.

Se están editando grandes joyas, pero están condenadas a desaparecer. Cualquiera que se interese hoy en día por el álbum ilustrado lo tendrá difícil para acceder a ciertas obras. Incluso los que nos dedicamos a ello, no podemos acceder a estos libros de la misma manera que accedemos a discos, cine o literatura antigua. Y tampoco hay una crítica que se haga eco de lo que se publica, más allá de un par de blogs y revistas muy especializados.

Por supuesto, el problema no es, como algunos dicen, que se editan demasiados libros. El problema es que no se lee lo suficiente, que no se están comprando esos libros. También hay una parte de culpa en los precios, con producciones impecables de encuadernaciones y papeles lujosos, que sin querer convierten este tipo de libros en productos exclusivos.

¿Somos buenos los españoles en ilustración y diseño? ¿Qué opina del diseño editorial en España?
Por supuesto, somos buenísimos. En Bolonia raro es el año donde no hay 5 ó 6 ilustradores españoles seleccionados en la Mostra. En el mundo de la ilustración infantil, creo que nuestro único problema es que hemos sido un poco cerrados de miras y no nos hemos orientado bien al mercado extranjero, con poca presencia en mercados fuertes y que marcan el ritmo como el francés o el anglosajón. Pero ahora nos damos más cuenta de que hay que mirar fuera también si pretendemos vivir de hacer libros. Ahí están los casos de Antonio Ladrillo o Marta Altés, y pienso que son un ejemplo a seguir.

En cuanto al nivel del diseño editorial en España, basta con echar un ojo a las ediciones de Media Vaca, Fulgencio Pimentel o Blackie Books, o de nuevas editoriales emergentes como Astro Rey o Silonia. También basta con darse una vuelta por los stands de la Feria de Bolonia de las editoriales españolas y compararlas con las del resto del mundo. No hay nada que envidiar en cuanto a la calidad de los libros.

¿Qué texto le gustaría ilustrar y aún no ha podido hacerlo?
En su momento ilustré la obra de Juan Rulfo como proyecto personal, pero por lo que tengo entendido los herederos de Rulfo, que son los que tienen los derechos, no están muy por la labor de permitir ediciones ilustradas de su obra, cosa que respeto. Tampoco me importaría ilustrar los cuentos de temática western de O.Henry, o algún acontecimiento que sucediese por los alrededores de Yoknapatawpha.

Para terminar, supongo que para escribir y/o ilustrar literatura infantil y juvenil, es necesario consumirla, ¿qué tipo de libros infantiles le gusta leer?
Me interesan los álbumes ilustrados que son algo más que un cuento acompañado de ilustraciones. Me gustan los álbumes que aprovechan las posibilidades narrativas propias del género, que exploran el formato y no se conforman con contar una historia, sino que inventan una manera única de contarla, creando reglas, juegos entre imágenes y texto, huecos que debe rellenar el lector con su imaginación. El tipo de libros que te obligan a ir hacia atrás y hacia delante varias veces cuando los lees, que soportan nuevas lecturas y tienen distintos niveles de comprensión, para niños y adultos. Los libros de Javier Sáez-Castán, Bruno Munari, Jon Klassen o It’s Raining Elephants son muy buenos ejemplos.

¿En qué está trabajando actualmente?
En varios álbumes a la vez, saltando de uno a otro cuando puedo. El que estoy desarrollando con SM tras ganar el premio es uno de ellos. También estoy acabando un nuevo libro que vuelvo a co-escribir con Carmen Chica, cuyas ilustraciones fueron las premiadas en Bolonia y que editará Fulgencio Pimentel antes de final de año. Otro que me hace una ilusión especial es un proyecto secreto con Javier Sáez-Castán que está bastante avanzado. Aparte, tengo avanzados dos álbumes de temática Western y otro sobre el Cine Noir, y para el año que viene algún encargo de novela ilustrada que no puedo contar.

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