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Blogs Fahrenheit 451 por Pablo Delgado

Segovia ‘noir’

La ciudad histórica guarda secretos antiguos que dialogan con 'Muerte privada', la última novela de JuanCarlos Galindo.

Segovia ‘noir’
Pablo Delgado el

La ciudad de Segovia, dominada por la solidez milenaria de su acueducto romano que ha sobrevivido -y lo sigue haciendo- al desgaste del tiempo con una dignidad casi desafiante; junto con el Alcázar que se alza al otro lado de la ciudad como proa de un barco. Nos trasladan a otras épocas en las que romanos, visigodos, musulmanes y cristianos han dejado sus huellas que no siempre encajan de forma armónica. Pero es en sus calles estrechas, en la piedra fría y sedimentada de sus muros, en el silencio que cae al anochecer, donde empieza a intuirse otra lectura posible: la de una ciudad que, como todas, guarda secretos a primera vista.

Esa superposición de épocas genera una atmósfera particular, casi opresiva por momentos, donde el pasado nunca termina de irse. Y es precisamente en esa persistencia donde la novela negra encuentra un terreno ágil y fértil: no en el delito espectacular, sino en la memoria, en lo que se oculta bajo la superficie ordenada de lo cotidiano.

El clasicismo de la novela negra se ha tendido principalmente a asociarse con grandes ciudades, pero escenarios como Segovia invitan a una relectura original del género. Aquí, el crimen no necesita del bullicio urbano o de una atmósfera cálida y opresiva; al contrario, se intensifica en el contraste con la calma y la lentitud de una pequeña ciudad recogida y envuelta, más íntima, algo fría y húmeda, por lo tanto, algo más inquietante.

En este contexto, una obra como Muerte privada (Salamandra), de Juan Carlos Galindo (Segovia, 1979), puede leerse casi como una prolongación natural de ese paisaje en el que han desaparecido y muerto varias chicas a lo largo de diferentes años. Un tema al que vuelve el periodista de la anterior novela Hontoria, Jean Ezequiel, pero esta vez se le suma Teresa Trajano, una antigua policía reconvertida en detective privada.

A lo largo de la obra los personajes se mueven en ese territorio incómodo donde el crimen deja de ser un espectáculo externo y se convierte en un espejo íntimo, por lo que no estamos ante un thriller al uso, sino ante una disección emocional del duelo, la memoria y las zonas grises de la culpa. Una obra que deja de ser únicamente un mecanismo de intriga para convertirse en una herramienta de exploración: del pasado, de la culpa y de la fragilidad humana. En un entorno como Segovia, donde cada piedra parece haber sido testigo de algo, con un matiz aún más perturbador: el de aquello que ocurre sin romper el equilibrio aparente, pero que resuena, silenciosamente, durante años.

Desde el punto de vista narrativo, Galindo opta por una prosa contenida, casi quirúrgica, evitando el exceso melodramático. Así, construye una tensión más efectiva y persistente, que se filtra en los silencios y en lo no dicho, siendo uno de los mayores aciertos de la novela su tratamiento de los personajes. Lejos de los arquetipos del género negro, el autor segoviano presenta figuras quebradas, contradictorias, que no buscan tanto resolver un misterio como sobrevivir a él. En este sentido, la investigación funciona casi como un pretexto: lo importante no es solo descubrir qué ocurrió, sino cómo ese suceso reconfigura la identidad de quienes lo rodean. La psicología pesa más que la trama en la que el autor juega con los tiempos y las perspectivas de forma sutil.

No hay artificios excesivos, pero sí una voluntad de fragmentar la verdad, de mostrar que toda reconstrucción es parcial. Esta estrategia refuerza uno de los temas centrales: la imposibilidad de acceder a una versión única de los hechos obligando al lector a compartir la incomodidad, a aceptar que no todo se resuelve en una obra que desborda los límites del género negro, que deja un poso inquietante, una sensación de que lo verdaderamente perturbador no es la muerte en sí, sino la manera en que cada uno la interioriza y la convierte en parte de su relato personal.

En definitiva, estamos ante la segunda obra de Galindo, de la que se deduce que se está fraguando a fuego lento -como los buenos y sabrosos guisos- una nueva figura destacada del género negro en nuestro país. Una vez que lo pruebas no vas parar de repetir.

Muerte privada // Juan Carlos Galindo // Salamandra // 2025 // 19,95 euros

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