El galardón ha sido para Donde termina el verano, de Elma Correa. La autora mexicana se ha alzado con dicho premio por el poderoso relato de una amistad lastrada por el peso de un secreto compartido, pero también el retrato de una comunidad en la frontera de México con Estados Unidos: un territorio marcado por la precariedad y la violencia, donde la lealtad y los códigos compartidos se sitúan por encima de la ley. Una obra que dialoga de forma natural con el imaginario narrativo latinoamericano, y que incorpora a la vez una mirada propia y profundamente contemporánea.
El jurado compuesto este año por Sergio Bang, Laura Barrachina, Adolfo García Ortega, Santiago Roncagliolo y Elena Ramírez, ha resaltado que es «una novela extraordinaria sobre la amistad y la culpa entre dos mujeres a lo largo de los años en la brutal frontera entre México y Estados Unidos. Narrada con una técnica asombrosa y la dosis justa de suspense y emoción para mantener en vilo al lector, la novela pone en el centro de la trama cómo la lealtad está por encima de la ley en una comunidad sin piedad hacia los más débiles.»

La novela traslada al lector a un barrio de Mexicali, en donde dos niñas inseparables, Elisa y Aimé, viven un verano que las marcará para siempre. La noche antes de que Elisa abandone la ciudad para ir a estudiar fuera gracias a una beca de atletismo, la responsabilidad de ambas en un suceso trágico fracturará no solo su amistad, sino a todo el barrio, una comunidad donde la violencia se mezcla con la superstición y el miedo.
Dos décadas después, ambas amigas se reencuentran convertidas en personas muy distintas a las niñas que fueron. Promesa frustrada del atletismo, Elisa regresa a su ciudad natal sola y avergonzada por unas expectativas que no ha sabido cumplir. Antaño tímida y siempre a la sombra de su amiga, Aimé es una mujer influyente que ha sabido reconducir su destino con mano férrea. Entre ambas se abre una grieta marcada por la culpa y la distinta forma de afrontar su secreto compartido.
Con una estructura por capítulos independientes que se lee como una serie de televisión, la novela es universal y apuesta por los vínculos comunitarios para sobrevivir en un entorno adverso. A pesar de la presencia constante de la violencia y de todo lo que nunca se dice, Donde termina el verano es una novela luminosa que pone sobre la mesa cómo la ayuda entre personas es lo que permite sobrevivir en entornos tan hostiles, cómo los vínculos entre seres humanos son fundamentales para salir adelante cuando la ley no los protege. Para Elma Correa, «era muy importante que en la novela no todo fuera violencia y horror, sino mostrar también que en medio de la adversidad todavía cabe la esperanza, que debe caber la esperanza si es que quere- mos seguir vivos. La sororidad, claro, porque me interesan los vínculos entre mujeres, pero también la empatía, la solidaridad, la lealtad, el honor, los valores humanos que permiten que una comunidad se sostenga. Era importante mostrar que ahí donde las leyes no hacen nada o impiden que el ciudadano de a pie intervenga cuando ocurren eventos terribles, hay principios que nos obligan a reaccionar, a tomar acción y partido por los otros».
Elma Correa nació y vive en Mexicali, donde coordina el encuentro internacional de escritores Tiempo de Literatura y gestiona @habi- taciones_propias, una comunidad virtual donde las mujeres del mundo comparten los espacios donde crean. Ha escrito Que parezca un accidente (Nitro/Press, 2018), Mentiras que no te conté (UDG, 2021), con el que recibió el XX Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola; Llorar de fiesta (BUAP, 2022); Lo simple (INBAL, 2023), Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí Amparo Dávila, y La novia del león (Nitro/Press, 2024).
Un galardón que en daciones anteriores consiguieron autores como Jesús Carrasco, Elvira Sastre, Isaac Rosa, Fernando Aramburu o Agustín Fernández Mallo, entre otros.