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Por qué nunca debes llorar en el trabajo

Por qué nunca debes llorar en el trabajo
Maria C. Orellana el

 

Dijo una vez mi amiga B. que una clara diferencia profesional entre ellos y nosotras es que casi todas las mujeres hemos llorado alguna vez en el trabajo. Opinión que contrasta con la fortaleza y determinación femenina de la que en el ámbito personal he sido testigo en varias ocasiones: mujeres que aprietan los dientes para sacar la familia y la economía adelante cuando todo parecía perdido, o que asisten día y noche durante meses al hijo adolescente que muere de cáncer sin derramar una lágrima en su presencia, mientras que el padre opta por no aparecer por el hospital.

Pero en el trabajo las mujeres ocasionalmente lloran. Porque en un momento dado se sienten sobrepasadas por las circunstancias y aparece una gota que colma el vaso, o cuando se encuentran frente a situaciones que se tuercen y parecen no tener salida. O simplemente durante una mala evaluación por parte de su superior.

Bueno, yo vi llorar a una jefa que gustaba hacer de drama-queen, en plan “no puedo con mi vida”, episodio que resolvió soltándome un trabajo para el fin de semana como quien no quiere la cosa.

Excepciones aparte, ¿por qué no debemos nunca llorar en la oficina? Porque cuando lo hacemos, nos alejamos de la actitud, comunicación y aspecto que se espera de un profesional. Quienes presencien un derrumbe pasajero van a pensar irremediablemente que no estás preparada para asumir responsabilidades. Y además, les hacemos sentir incómodos.

Lo peor es que, después de haber llorado delante de compañeros de trabajo (incluso si los testigos no ostentan cargos importantes) la mayor parte de las mujeres siente que ha suspendido el examen clave de su vida laboral, que no hay salida, salvo esconderse para siempre tras su pantalla de ordenador o dejar la compañía.

Así que ¿cómo evitarlo? Lo mejor es que intentes prever las situaciones que potencialmente pueden acabar en lágrimas (evaluaciones, presentaciones en público, negociaciones a cara de perro…) para prepararlas al máximo y mentalizarte antes de entrar. En la web de empleo The Muse (disculpad, está en inglés) podéis consultar siete pasos que el editor sugiere para evitar llorar en el trabajo.

Pero si ya ha sucedido ¿Cómo salir airosa del trance?

Sobre todo, NO te disculpes. Saca fuerzas de flaqueza y menciónalo como si fuera parte del discurso, algo así como “¿veis? esto me frustra y hace que se me salten las lágrimas”, cambia llanto por enfado. E intenta continuar con la sesión. Si ves que es imposible y que las lágrimas te superan, pide seguir en otro momento, para poder poner en orden tus ideas o con cualquier otra excusa que se te ocurra: “ahora vuelvo, creo que me he dejado un pollo en el horno…”

 

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