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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

Secesionismo catalán: el mosquito contra el elefante

José Manuel Otero Lastres el

En el maravilloso libro –que debería ser de lectura obligatoria- de Stefan Zweig “Castelio contra Calvino. Conciencia contra violencia” se cuenta que en el ejemplar de Castelio que contenía sus reflexiones contra Calvino figuraba la siguiente anotación de su propia mano: “El mosquito contra el elefante”. Con esta expresión, Castelio reflejaba la magnitud del contrincante contra el que se enfrentaba.

Ayer, en un magnífico discurso de verdadero estadista, Mariano Rajoy afirmó “no menosprecien la fuerza de la democracia española”, recordándole a los secesionistas catalanes la dimensión del contendiente al que le están intentado hacerle frente.

La imagen utilizada por Castelio de un mosquito que se enfrenta contra un elefante es especialmente afortunada para describir los dos poderes que contienden en el actual desafío soberanista. Y es que solamente unos políticos a los que la emoción nacionalista les viene nublando el uso debido de la razón pueden asumir el disparatado reto de echarle un pulso a la democracia española.

Lo malo es que estos “mosquitos” fanáticos no han asumido por sí solos este delirante desafío contra el elefante, sino que están dividiendo a las familias, desconcertado a los funcionarios públicos, y haciendo que muchos ciudadanos atemorizados no sepan a qué atenerse en los conflictivos tiempos que se avecinan.

Por eso, me sirvo de las palabras del propio Castelio quien en su obra “De arte dubitandi”, escrita en 1562, dijo: “La posteridad no podrá creer que, después de que ya se hubiera hecho la luz, hayamos tenido que vivir de nuevo en medio de tan densa oscuridad”. Lo cual, aplicado a nuestro caso, significa que la luz que nos trajo la Constitución de 1978 está siendo oscurecida por los densos nubarrones del secesionismo retrógrado. Lo curioso del caso es que el elefante, además de ser más poderoso, defiende la libertad y el pluralismo político, mientras que el mosquito secesionista no solo es un enemigo de tamaño diminuto, sino que tiene la osadía de incumplir la Constitución y hasta la propia normativa autonómica. ¡Un verdadero desvarío!

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