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Blogs Puentes de Palabras por José Manuel Otero Lastres

Desmontando la hastiosa perversión de la palabra fascista

José Manuel Otero Lastres el

La palabra “fascista” tiene en el Diccionario de la RAE tres significados: “1. Perteneciente o relativo al fascismo. 2. Partidario del fascismo. 3 Excesivamente autoritario”. Como quiera que los dos primeras acepciones hacen referencia al movimiento político italiano de la primera mitad del siglo XX, voy a partir de la última, complementándola con la significación 3 de la expresión “fascismo”, que es “actitud autoritaria y antidemocrática que socialmente se considera relacionada con el fascismo”. Lo cual significa que voy a emplear en las líneas que siguen el término “fascista” en el sentido de “excesivamente autoritario”, aunque admito el añadido de “antidemocrático”, de tal suerte que fascista vendría a ser alguien que es “excesivamente autoritario y antidemocrático”.

Pues bien, si se observa atentamente el uso que se hace en la realidad política actual de esta palabra, se pueden extraer, sin dificultad, las siguientes conclusiones:

Primera: se trata de una palabra que se ha convertido en un insulto; esto es: un acometimiento verbal, repentino y violento que se lanza airadamente contra alguien. Y claro, como ya escribió Quevedo, “el insulto es la razón del que razón no tiene”. O como dijo alguien “el insulto es el arma del ignorante para ocultar su incapacidad de dialogar”.

Segunda: al convertirse en insulto, la palabra fascista ha perdido precisión y rigor, en el sentido de que al insultador le interesa más imprecar al insultado, que expresar un argumento con rigor y precisión.

Tercera: “fascista” es hoy una expresión que suele andar en boca de los más intolerantes como insulto político atemorizador de los adversarios políticos.  Tal palabra tiene para el insultador el efecto balsámico de descargar, sin necesidad de justificación alguna, su rencor, su ira y su envidia contra otro que no comparte sus ideas. Y para el insultado es como un dardo ponzoñoso que recibe inexplicablemente y que le genera la impotencia de la dificultad de poder rebatirlo.

Y cuarta: curiosamente la palabra fascista es utilizada de ordinario por los más autoritarios y antidemócratas, militantes todos ellos en el totalitarismo, los cuales, cuando tienen un poco de poder; se afanan en prohibir lo que no les gusta a ellos (como por ejemplo, los toros, la caza, etc) en lugar de abstenerse de compartir tales aficiones.

Todo lo cual puede llevar a sostener que, ante cualquier situación de difícil justificación, los totalitarios insultan rápidamente con la palabra “fascista”, siguiendo la conocida táctica del general y filosofo chino Sun Tzu de que la mejor defensa es un buen ataque. En efecto, para evitar el ser reconocidos por sus obras y tildados como lo que son, excesivamente autoritarios,  se apropian de la expresión fascista y la lanzan contra sus adversarios tratando de conseguir de ese modo que los demás no pensemos que los verdaderamente autoritarios y antidemócratas son ellos.

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