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Blogs Música para la NASA. por Álvaro Alonso

Simpatía por el diablo de los Rolling Stones

Simpatía por el diablo de los Rolling Stones
Álvaro Alonso el

“Si te han hablado toda la vida de algo, normal que quieras ir a verlo”. Cuenta John Peel -más bien lo cuenta su viuda, Peel se murió en 2004- que detrás del concierto en el que de teloneros de Van Morrison aparecieron en el Whiskey a Go-Go de Hollywood los Captain Beefheart para presentar la obra maestra Trout Mask Replica en 1969, el concierto que más cambió la vida de su marido y padre de sus cuatro hijos, fue el de los Rolling Stones en San Bernardino, California ,en mayo de 1964 cuando John Peel llega arropado como una emergente figura periodística de prestigio cubriendo para la emisora de radio KMEN 129. 

El bueno de John se ve en la tesitura de andar dando vueltas mientras los primerizos Rolling Stones desgranan las canciones de su primerísimo álbum en el escenario oteando absorto lo que está ocurriendo: en el horizonte cercano cientos de chicas alargan el brazo hacia la posición de Mick Jagger.

Para frenar el impulso de las fans, los desconcertados miembros de la policía de esta pequeña localidad de la costa Oeste deciden realizar unos cuantos disparos sobre el entarimado de madera del escenario a escasos metros de los pies de Mick Jagger, obligado él y sobre todo los diez dedos de sus pies desde aquel día a danzar como los de un maldito de un lado a otro del escenario como si en ello le fuera la vida, incluso pasados los setenta años. El misterio por fin desvelado. Lo de Altamont, cuando Jagger tiene que frenar el concierto unos minutos mientras suena “Sympathy For The Devil”, ya fueron palabras mayores. Danzad, malditos.

 

 

 

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