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Blogs Música para la NASA. por Álvaro Alonso

Muere Greg Trooper en mitad de una gira

Muere Greg Trooper en mitad de una gira
Álvaro Alonso el

Greg Trooper ha muerto con las botas puestas. Aún duele visitar su web y ver anunciados sus próximos conciertos. Es descarnado. Un cáncer de páncreas se lo ha llevado por delante. Él sabía que no quedaba ya mucho más tiempo y en 2015 nos dejó uno de sus conciertos, “Live At The Rock Room” como última muestra sonora de su sentimiento. Porque si hay una virtud en este cantante y compositor de Nueva Jersey, contemporáneo de Bruce Springsteen, es esa pocas veces encontrada red inalámbrica entre autor y oyente que hace que las emociones compartidas entren en vena de manera inmediata generando escalofrío.

El pecado mortal de Greg Trooper ha sido no ser protagonista de la décadas los sesenta o setenta que todos tenemos mitificadas a lo bestia. Si uno le da por haber sido músico en los ochenta o noventa, ya con canales multimedia, lo más que puede esperar es el vacío o poco más cuando desaparezca del planeta.

Como siempre, hará falta algo más de tiempo y perspectiva para poner en su lugar a Greg Trooper, hoy casi un desconocido, solamente cantado y reivindicado por artistas como Steve Earle o Billy Bragg.

Solo un argumento a favor de Greg Trooper, solo uno, ahora que se ha ido de esta manera tan estrepitosa, y es que en sus canciones era capaz de hablar de la gente normal y de cuando las cosas van bien, y también de cuando las cosas van mal.

Tal vez eso es lo que lo convierta enseguida no en una estrella o en un músico más, sino en un amigo que anda por ahí, pendiente de lo que hacemos o dejamos de hacer, como un testamento laico apócrifo que anduviera rulando por el mundo.

Musicalmente Greg Trooper juega con ventaja, porque se ha movido ágilmente entre el rock de estadio de los Asbury Jukes o la E Street Band de su natal Nueva Jersey, “el blues de Memphis” que diría Kiko Veneno y su Nashville querido donde pasó y mamó una parte de su vida. El contacto con el country en su vertiente más auténtica es evidente y al mismo tiempo alucinante, la forma en que entra en el canon de la balada de honky tonk para ir de ahí a una polka apalachiana en “Mary of The Scots in Queens” sin tiempo para respirar.

Su discografía es todavía algo por organizar, trece discos que requieren de todos los aficionados a la buena música  un esfuerzo por poner entre todos algo de orden, ahora que Greg no está. Es una pena tremenda que nos haya dejado. Si no lo conoces y te gusta el Boss, Greg te va a gustar. Estoy seguro. Tiene ese alma de soul que marca la diferencia.

 

 

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