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Blogs Música para la NASA. por Álvaro Alonso

Las Basement Tapes de Dylan y los rascacielos de Nashville

Las Basement Tapes de Dylan y los rascacielos de Nashville
Álvaro Alonso el

La lumbre y una manta, las botas llenas de polvo, los grillos que suenan y la noche que llega cubriendo el cielo de estrellas. Johnny Cash toca la guitarra aspirando el humo del cigarro. Al fondo, los rascacielos de la ciudad de Nashville, la “Meca” del country. Suena “As Long As The Grass Shall Grow”, una canción india americana de enigmática belleza, una de las que componían el disco conceptual de Cash de 1964 Bitter Tears: Ballads of the American Indian.

Con motivo del 50 aniversario de la edición de aquel elepé con el que el héroe de la Sun Records rendía homenaje a las canciones de los indios de América y a la tradición de los Apalaches, el productor Joe Henry ha recogido en sesiones prácticamente en vivo una nueva revisión del trabajo de Cash, proyecto en el que han intervenido, primero en sus estudios caseros en South Pasadena, y posteriormente en Nashville, nombres eminente del bluegrass y el folk como son Emmylou Harris, Kris Kristofferson, Gillian Welch o Steve Earle, un disco tributo que llevará el título de Look Again to the Wind: Johnny Cash´s Bitter Tears Revisited. 

Vivimos sin duda el año de Johnny Cash, presente también entre las versiones elegidas por Neil Young para su reciente disco de versiones. Allí escuchamos a Young cantar “Girl from the North Country”, aquella canción que Bob Dylan grabó primero para su primerizo Freewheelin´de 1963 y que se convirtió en catalizador de su disco de 1969 Nashville Skyline en colaboración con Johnny Cash.

En efecto, a Dylan no le perdonaron algunas voces que aún con Vietnam a cuestas y con Robert Kennedy y Martin Luther King asesinados diera un inesperado giro hacia el country con Johnny Cash como padrino de ceremonias.

El elepé Nashville Skyline del 69, que  obtuvo una difusión enorme gracias al fantástico show televisivo dirigido por el propio Johnny Cash, puede sonar hoy complaciente, incluso dulce; pero tiene algo que, para mí, lo hace irresistible, incluso por encima (en delicado encanto) a otras cimas del arte de Bob Dylan como Blonde on Blonde.

En la contraportada del disco editado por Columbia Johnny Cash incluyó un texto en el que dice cosas increíbles del de Duluth, de una admiración cercana a la idolatría, lo que viniendo de Cash nos puede dar una dimensión de lo que supone Dylan en la tradición musical americana.

Si este 2014 es el año de Cash, de algún modo también es el año de Dylan. Hace escasos días se anunciaba la publicación oficial el día 4 de noviembre próximo de las famosas Basement Tapes al completo, el secreto mejor guardado del arte de Dylan que, aunque grabados en el sótano alquilado en los bajos del chalé conocido como “Big Pink”, del West Saugerties de Nueva York en 1967, no vieron la luz hasta que fueron editados en un doble elepé por Columbia en 1975. Ahora se anuncia su recopilación completa en las Bootleg Series, vol. 11 de Dylan.

En total fueron editadas en su momento 24 canciones que habían sido pergeñadas en unas fabulosas sesiones realizadas entre junio y octubre de 1967 en compañía de los músicos del grupo The Band, lideradas por Dylan en dieciséis de ellas, y que incluía algunas auténticas maravillas como “Goin´ to Acapulco” o las preferidas de Greil Marcus -quien se ocupó en extenso de estas grabaciones en su libro Invisible Republic (Picador Ed., 1998)- “Tears of Rage”, “Too Much of Nothing” o “This Wheel´s On Fire”.

Bob Dylan & The Band – Goin’ to Acapulco

Seis músicos en un laboratorio de ideas: Rick Danko toca el bajo y mandolina, Garth Hudson el saxo, órgano y acordeón, Richard Manuel el piano, arpa y batería,  Robbie Robertson la guitarra solista, la acústica y también la batería. Levon Helm, que había abandonado The Band, se incorpora para tocar la batería, el bajo y la mandolina. En fin, Dylan completa el sexteto mágico tocando la acústica y el piano (en “Apple Suckling Tree”).  The Basement Tapes es uno de los momentos más deliciosos e inasibles, ricos en matices, de toda la discografía de Bob Dylan. Por fin en menos de un mes escucharemos íntegramente lo que dieron de sí aquellas grabaciones.

 

 

 

 

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