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Desmárcate

Desmárcate
Marisa Gallero el

 

En uno de las lecciones que aprender del siglo pasado que recoge Timothy Snyder en Sobre la tiranía (Galaxia Gutenberg) señala «Desmárcate del resto». Sencillamente porque «alguien tiene que hacerlo. Es fácil hacer lo mismo que todo el mundo. Puede resultar extraño hacer o decir algo diferente. Pero sin esa incomodidad, no hay libertad. Acuérdate de Rosa Parks. En cuanto alguien da ejemplo, se rompe el hechizo del statu quo, y otros le seguirán». Ayer 8M las mujeres se desmarcaron y consiguieron que hubiera un cambio de discurso. Ese ha sido la fuerza de un movimiento transversal que le han querido poner todo tipo de etiquetas. La única que le vale es la de feminismo. Sin ningún adjetivo.

Eso no significa que las cosas hayan cambiado. Hay que seguir. Muchos todavía son incapaces de ver lo que ocurrió. Algunos dirán que soy yo la equivocada. Otros buscan rentabilizarlo girando a contramano. Ya no son «anticapitalistas», ¿verdad Albert Rivera? Hasta Mariano Rajoy dejó en evidencia esa «huelga japonesa» que muchas mujeres la practican día a día para poder conciliar. El Gobierno se apuntaría un tanto si fuera Ana Pastor, presidenta del Congreso, quien fuera su portavoz en temas de igualdad. Pastor se desmarcó con un discurso coherente incluyendo a todas cuando todavía no se sabía cómo serían las manifestaciones multitudinarias por toda España. «Esto no va de partidos, esto es transversal y va de mujeres», dijo en Los desayunos de TVE.

Otros toman nota, como Alberto Núñez Feijóo, que señaló que no era una huelga «política». Era feminista. Y el lila inundó las calles. Muchas se pintaron la cara. Otras los labios. Se pusieron bufandas, pañuelos, gorros, pelucas, lazos y brazaletes. Y lo llevaron en paraguas, carteles y globos. Fue el color de la portada con gran acierto de ABC. Y de la Cibeles. Ya no es sólo de Podemos, que ha convocado una reunión para la próxima semana de Rumbo 2020 para ver cómo se apuntan a esta marea que se convirtió en tsunami. Deberían analizarlo todos los partidos. Las mujeres son de todas las siglas y de ninguna.

Ayer las mujeres rompieron el hechizo. Lo hizo de una forma valiente Ana Rosa Quintana. No hubo programa. Una decisión compartida con los directivos de la cadena que le mostraron su apoyo. Para algo lleva su nombre. A ella le sigue una gran audiencia femenina. A esa que le gustaría llegar a más de un partido político. Su ausencia hizo que Espejo Público tuviera un récord con sabor amargo. Porque ese era el verdadero mensaje. Si no estamos, no nos sustituyen. Si no estamos, se siente. Canal Sur se fue en algún momento a negro. El Gran Wyoming en El Intermedio estaba desorientado sin Sandra Sabatés. Sin maquillar. Con un programa que evidenciaba el vacío que dejan sus compañeras como una realidad.

Tantas dieron ejemplo. En tono festivo. Reivindicativo. Donde el incidente más lamentable fueron los abucheos a Begoña Villacís. Las que le gritaron tampoco se han enterado. El 8 de marzo de 2018 ha sido histórico. Ha marcado un punto de inflexión. Mirar de frente con otra perspectiva a la otra mitad de la población.

El mundo sigue girando. Pero tiene otro color.

 

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