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Blogs Laboratorio de Estilo por María Luisa Funes

Balenciaga: la experiencia del lujo

Balenciaga: la experiencia del lujo
María Luisa Funes el

Con este sugerente título, el Museo Balenciaga inaugura una peculiar exposición en el museo de Guetaria, en la que se muestran tanto vestidos, escenas y mobiliario de sus distintos talleres y salones.  

Balenciaga, maestro de maestros, admirado por generaciones de modistos, no solo tuvo de discípulos a Hubert de Givenchy y Oscar de la Renta, sino que una legión de costureros de todo el mundo sigue considerándole el más influyente, más de 40 años después de su retirada.

  Balenciaga creó tendencias que se convirtieron en clásicos; Influyó en los majestuosos vestidos de noche de De la Renta, en las faldas globo abullonadas de Carven y Sybilla, se ve su mano en los vestidos trapezoidales de Yves Saint Laurent, o en los cuellos de Kimono que puso de moda.

Hizo un éxito de las líneas depuradas y de los abrigos de extrema simplicidad, más tarde calcados por los diseñadores japoneses; fueron suyos los cortes asimétricos de muchos creadores posteriores y los enormes volantes de vestidos del Lanvin más reciente.

Creó siluetas como la línea barril o el vestido saco. Al dominar todas las fases del proceso, sabía jugar y experimentar con nuevos materiales y siluetas como nadie.

  La sencillez de Cristóbal Balenciaga se resumía bien en una frase suya: “La elegancia es eliminación”. Este era el espíritu de sus colecciones pero también de los espacios en los que creaba.

Sus talleres y sus tiendas habían sido espaciosos, elegantes y de un “lujo austero”, que no prescindía de piezas seleccionadas y de buen mobiliario francés. Son precisamente esos espacios, su mobiliario, los uniformes de sus vendedoras y una maravillosa selección de vestidos, los que se muestran en la nueva exposición del Museo Balenciaga de Guetaria, llamada “Balenciaga: La experiencia del lujo”.

Y es que la alta costura se puede considerar como una experiencia exclusiva y exquisita. En los talleres de Don Cristóbal se exhibían tendencias, colecciones y accesorios, mientras un selecto grupo de clientas, una élite privilegiada de señoras, jugaban a mostrar su estilo o a relacionarse.

Balenciaga era capaz de ser innovador y tradicional, creando prendas que otorgaban confianza, elegancia y comodidad a cada clienta.

  La muestra deleita al visitante con 60 modelos inéditos, documentos, sillones, sillas e incluso un cenicero, ya que consideraba que fumar era un signo de distinción. Hay elementos de sus salones de París, Madrid, Barcelona y San Sebastián.

  Se descubre la verdadera “experiencia de lujo” que suponían: La primera cita con el modisto se daba siempre por recomendación. La directora del salón controlaba la escena: comenzaba el desfile de la nueva colección. Las modelos trabajaban a tiempo completo y se movían y peinaban con las pautas del maestro.

La marquetería en blanco y el suelo en moqueta gris –similar al esquema de Dior – estaban ideados para no influir en las tonalidades de los vestidos.

Las vendedoras, uniformadas en tonos oscuros, eran alter egos de la clienta, supervisando pruebas e incluso eligiendo telas para aquellas que venían menos. Se visitaba a la clienta en su casa, se le mandaban bocetos dibujados a mano e incluso se le acercaban modelos nuevos y muestras de tejidos. Con el tiempo, los complementos de la casa -pañuelos, bolsos, guantes y perfumes, entre otros- se convirtieron en ejemplos de lujo “aspiracional” que aquellos con menos recursos también podían adquirir en la tienda de París. Don Cristóbal inventó la moda de “luxe” tal y como se entiende hoy en día. Balenciaga: La experiencia del lujo. Mayo 2015- Mayo 2016.

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