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Concertar o capitular en Ucrania

Putin (i), Zelensky (d).
Jorge Cachineroel

NB: Este artículo fue publicado anteriormente en El Economista.

El Economista, 2 de marzo de 2026, p.38.

La guerra en Ucrania fue provocada por el proyecto de Estados Unidos (EE. UU.) de empujar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a aceptar la incorporación de Ucrania durante la cumbre de Bucarest en abril de 2008.

Putin, Cumbre de la OTAN, Bucarest, Rumanía, 2 al 4 de abril de 2008.

Esta fue la peor decisión que ha tomado EE. UU. sobre su política exterior desde el final de la Guerra Fría.

EE. UU. y la OTAN continuaron este conflicto geopolítico contra Rusia en 2022 con el objetivo de moldear el futuro de la arquitectura de seguridad europea, con Ucrania dentro de ella.

Esta es la raíz de la disputa geopolítica que se desarrolla en el escenario ucraniano durante los últimos cuatro años.

Todo a sabiendas de que Rusia no puede convivir con una seguridad para Europa anclada en una OTAN que bordee su frontera occidental.

La guerra en Ucrania no comenzó porque Rusia quisiera conquistar territorio, expandir sus fronteras hacia el oeste o reconstruir la Unión Soviética.

El factor que cambió este escenario fue la tercera victoria electoral consecutiva del presidente Donald J. Trump (DJT) en las elecciones presidenciales de 2024.

El gobierno de DJT acepta que el “momento unipolar con EE. UU. como hegemon global, que tan contrario era a sus propios intereses materiales nacionales, se desvaneció.

DJT quiere terminar esta guerra, ya que la nueva situación geopolítica se caracteriza por el surgimiento de un mundo multipolar en el que China es el rival prioritario de EE. UU., y desea revertir una estrategia que hizo de Rusia un socio geoestratégico de Pekín.

Rusia y EE. UU. abrieron un período de entendimiento a partir de la cumbre de los presidentes DJT y Vladimir Putin en Anchorage, Alaska, en agosto de 2025.

Desde entonces, se han celebrado dos encuentros públicos entre enviados de EE. UU. y el presidente Putin en Moscú y otros dos entre representantes de EE. UU., Rusia y Ucrania, uno, sobre asuntos de seguridad, en Dubái, y otro, más político, en Ginebra.

Delegaciones de EE. UU., Rusia y Ucrania, Ginebra, Suiza, 17 de febrero de 2026.

Las exigencias de Ucrania, apoyadas por algunos países europeos, especialmente el Reino Unido, en todos estos encuentros no son aceptables para Moscú, que insiste en sus tres demandas innegociables.

La primera es la neutralidad genuina de Ucrania, es decir, sin adhesión a la OTAN y carente de garantías de seguridad significativas prestadas por Occidente, en especial por EE. UU.

El corolario de esta es que muchos países de la Unión Europea (UE) no quieren a Ucrania entre ellos, ya sea en enero de 2027 o más adelante, porque es el país más corrupto de Europa, su economía saltó por los aires y está en guerra contra Rusia.

Ucrania debe desarmarse hasta un punto que no represente una amenaza ofensiva para Rusia, de modo que sus Fuerzas Armadas queden reducidas sustancialmente.

Por último, Kiev ha de aceptar que la decisión de Crimea y de las cuatro regiones del este y del sur de Ucrania que votaron a favor de su adhesión a la Federación de Rusia no será cuestionada jamás.

Moscú no quiere negociar estos tres requerimientos porque califica el conflicto con Ucrania, apoyada por la OTAN y EE. UU., hasta ahora, en este último caso, y la incorporación de Kiev a la Alianza Atlántica como amenazas existenciales para su nación.

El punto de vista de Rusia es que está obligada a eliminar ambas, una necesidad de seguridad rusa que algunos gobiernos europeos no quieren ni considerar.

Ucrania, el Reino Unido, de manera destacada, Alemania, Francia y otros están actuando como saboteadores del esfuerzo de negociación que DJT y Putin pusieron en marcha en Alaska.

Powell (i), Yermak (d), Kiev, Ucrania, 8 de marzo de 2025.

Todos actúan como perturbadores de un posible acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania, mediante una campaña febril de propaganda que presenta a Rusia como una potencia imperial que ambiciona llegar hasta las costas del océano Atlántico.

Su estratagema es prolongar las conversaciones entre las partes con la esperanza de que el Partido Republicano sea derrotado en las próximas elecciones de medio término en EE. UU. o de que regrese un Biden 2.0 a la Casa Blanca en 2028.

Asimismo, estos dos factores de la política interna estadounidense son, obviamente, parte del cálculo estratégico que se hace en Moscú sobre las expectativas de su interlocución actual con el gobierno de DJT.

Si Ucrania continúa esta guerra, estará en camino hacia su ruina, su derrota o su desaparición.

EE. UU. perjudicaría su propio interés de entenderse con Rusia dentro del nuevo marco de la multipolaridad y Moscú acabaría por imponer sus condiciones por la fuerza en el campo de batalla hasta alcanzar la capitulación de Kiev.

 

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