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Eurasia, competencia geopolítica y económica

Eurasia, competencia geopolítica y económica
Jorge Cachinero el

NB: Este artículo fue publicado anteriormente en El Economista.

El Economista, 29 de diciembre de 2025, p. 27.

Eurasia es la región más crítica del mundo por dos razones.

El corazón del mundo se encuentra en Eurasia, en la masa continental que va desde Europa oriental, entre los mares Negro y Báltico, hasta la ribera del océano Pacífico asiático y en los mares y océanos que la circundan.

Esta ubicación de pivote mundial obliga a Eurasia a convivir de manera constante con innumerables conflictos que afectan a todas las potencias globales y a la mayoría de esa región.

Vehículos militares chinos y rusos, maniobras militares conjuntas ‘Vostok’, 2018.

La naturaleza de la seguridad a la que Eurasia debe hacer frente está compuesta por riesgos y amenazas que se manifiestan en grupo y nunca de manera individual.

Las crisis euroasiáticas están conectadas, son contagiosas y tienen efectos que se multiplican en racimo, ya que desbordan las fronteras administrativas de unos países u otros y los perímetros de los sectores económicos afectados.

La interdependencia en Eurasia es alta y sistémica, por lo que cualquier error en la gestión de sus retos y amenazas puede conducir a una inestabilidad desproporcionada e incluso a crisis de evolución inciertas y peligrosas.

El final del momento unipolar, surgido tras la conclusión de la Guerra Fría, ha dejado al mundo sin un hegemon universal de seguridad y ha alumbrado un panorama desconocido de multipolaridad compleja y con rivalidades en fase de construcción.

La transposición de este escenario a Eurasia se caracteriza por la ausencia de un proveedor único de seguridad para toda la región y por la existencia de numerosos actores, con intereses superpuestos y objetivos a menudo contrapuestos.

El uso de la diplomacia y la proyección de la disuasión coexisten y las posturas militares de las naciones conviven con la activación de todas las herramientas de la guerra híbrida, ya sean cibernéticas, de intoxicación o de comunicación.

El equilibrio de seguridad en Eurasia es frágil e inestable.

El panorama institucional de la arquitectura de seguridad en Eurasia es denso y fragmentado.

Estados Unidos intentó, hasta la elección del presidente Donald J. Trump, anclarse en la seguridad de Eurasia mediante la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, que hoy parece periclitada.

Existen dos grandes organizaciones multilaterales propiamente euroasiáticas.

La Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, de diálogo estratégico y militar, que Rusia lidera, y la Organización de Cooperación de Shanghái, de lucha antiterrorista y de cooperación económica, que China impulsa.

El esfuerzo que la Unión Europea ha venido realizando para proyectar sus mejores prácticas reguladoras como medio para multiplicar su impacto económico en la región está desmoronándose desde que se empeñó en sancionar a socios euroasiáticos de Rusia.

La seguridad en Eurasia no depende solo del posicionamiento de sus países.

La influencia de las compañías de energía o de logística, las redes financieras, el control sobre las infraestructuras y la explotación que los grupos terroristas hacen de la debilidad de algunos Estados son parte central de las dinámicas de seguridad euroasiáticas.

Los actores cibernéticos proliferan y provocan que los conflictos por debajo del umbral de la guerra convencional sean constantes, lo que permite que aquellos reclamen atribuciones ambiciosas y que la capacidad de disuasión de muchos gobiernos disminuya.

Eurasia es territorio para el poder duro, donde la geopolítica, las capacidades militares y la disuasión frente a las fuentes de amenazas sean centrales para las naciones y sus gobiernos.

La necesidad imperativa de infraestructuras y de conectividad a través de Eurasia convierte estas actividades económicas en estratégicas y de poder, como en los casos de la nueva ruta de la seda o del corredor norte-sur.

Por último, la identidad de muchos países de Eurasia es civilizacional, y no solo de Estados nación modernos, ya que es antigua y única, de profunda continuidad histórica, con valores culturales y cosmovisiones distintivas, resultado de siglos de desarrollo cultural.

Los riesgos más notables para el futuro de la seguridad de Eurasia están ligados a la rivalidad geopolítica entre grandes potencias, al crecimiento de los actores no estatales, ya sean terroristas o del crimen organizado, y a las guerras híbridas.

Los gobiernos débiles serán los más expuestos a las amenazas de las revueltas populares y de la descomposición estatal.

 

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