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Morir en Ana Rosa

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Ana Rosa mató ayer a Simancas, el del PSOE. “Le entró” un lapsus, dijeron. Tanto ella como Mariló no tienen lapsus, son poseídas por ellos, les entran en pleno directo, como a Rosa Benito los parraques. Son claramente herederas del estilo errático de Carmen Sevilla. Pero ahora los fallos, los gazapos, se celebran y en realidad parecen lo único divertido de la tele.

La muerte de Simancas (el político) recuerda a los obituarios de Mark Twain, que llegó a leer su propia muerte y escribió al periódico para pedirles paciencia. Noël Coward lo primero que hacía por las mañanas era leer el Times. Si no había muerto, podía disfrutar del día. Como en España se suele hablar bien de los que se van, no habrá consecuencias (creemos) para Simancas. A Lord Alfred Douglas, el Bosie de Wilde, no solo le dieron por muerto, sino que le pusieron como no digan dueñas (todo el texto es una preparación para escribir “como no digan dueñas”. En realidad, es un post gratuito con el único propósito de introducir esa expresión): “Se acaba una infeliz y brillante carrera. Había muestras claras de degeneración…”. No solo no se murió sino que además demandó al periódico. Cuando a Alfred Nobel le dieron por muerto se dio cuenta de lo que el mundo pensaba de él y cambió el rumbo hacia la filantropía. Se convirtió en bueno. A Bertrand Russell también le hicieron una parecida. El periódico en cuestión le compensó dejando que su futuro obituario lo escribiera él. Se me ocurre que es una forma de sumisión que le queda a la prensa española. Hacer “Epílogos” textuales. Que fulanito se deje escrita también su necrológica. Eso ya sería el no va más. Dictar la propia memoria. Aunque es difícil hablar tan bien de uno mismo como en las necrológicas.

Simancas, que se habrá quedado como en un chiste de Chumy (“Me acaban de matar”) no sé si reaccionará, pero debería. No hay nada como que te den por muerto, aunque esas condolencias al PSOE en plan viuda parecen muy poco legado. Bienvenida sea toda publicidad, salvo la de la propia muerte, decía Behan, pero a nosotros el lapsus de Ana Rosa nos ha recordado que Simancas estaba vivo. Puede que el propio Simancas se haya dado también por enterado.

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