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Blogs French 75 por Salvador Sostres

Y no he podido

Salvador Sostres el

He leído Si esto es un hombre, de Primo Levi, y aunque siempre he pensado que las metáforas sobre el Holocausto tienen que reservarse para el Holocausto, lo que más me ha herido del terrible relato es que no estamos tan lejos, ni somos una metáfora tan improbable.

Los que me conocen menos tal vez no sepan que raramente leo algo que no sea poesía o algunos artículos. Si Valentí Puig publica un dietario también lo leo. Pero nunca o casi nunca una novela o un ensayo o un relato largo como el de Levi y ayer lo empecé a las nueve menos cuarto, cuando se durmió Maria, y al cabo de menos de tres horas lo he terminado y me he puesto a escribir este artículo.

Han tirado de mí la elegante, precisa escritura, la claridad moral, el hilo de esperanza que milagrosamente logra sobrevivir entre tanta maldad y he sentido que dejar de leer era como abandonar a su suerte a los prisioneros y que sólo si permanecía con ellos hasta el final podría liberarlos, por lo menos a Levi, que sabía que consiguió salvarse. Pero también he continuado leyendo aterrado y por ver dónde me llevaban las resonancias que del relato encuentro en estos días nuestros. Nada puede compararse, en efecto, a lo que sucedió en aquellos campos de exterminio, o de aniquilación, como Levi los llama, y cualquier comparación sería insultante, pero en estos últimos años he visto reflejado el caldo de cultivo que permitió y que hasta desencadenó aquella barbarie, y es evidente que hay cosas que han hecho unos que los otros no sólo no las han hecho sino que las han sufrido con todas sus consecuencias.

No sé si servirá esto para que entiendan la última hondura de lo que intento explicarles: durante la lectura de Si esto es un hombre he sentido una absoluta empatía, afecto, ternura por las víctimas que iban apareciendo, pero en ningún caso odio por los autores de las atrocidades, y yo soy demasiado sensible para que este doble sentimiento sea casual, y sin saber gran cosa de Primo Levi -sólo que realmente vivió los terribles hechos que relata- estoy convencido que deliberadamente pretendió que leyéndole me sintiera exactamente así, y que esta es la última lección de su dolor atroz. Lo realmente impresionante de Si esto es un hombre no es el espanto que explica sino que el odio no puede ser el legado de Auschwitz. Si comparar Auschwitz con cualquier otra circunstancia resulta una intolerable banalización, salir con odio del Auschwitz físico o relatado es igualmente despreciar la memoria de los que lo sufrieron. Un poco de dolor crea resentimiento; mucho dolor, sed de venganza; pero cuando el mal se manifiesta como lo encarnaron los nazis y su Solución Final, la única reacción, el único destino de cualquier hombre ni siquiera especialmente bondadoso, ni particularmente inteligente -como Levi sin duda lo era- no es otro que intentar borrar de la Tierra cualquier posibilidad de que vuelva a repetirse.

No estoy seguro de que esta lección tan hermosa y tan dura, tan necesaria y tan difícil, esté hoy vigente en Cataluña. Más bien creo que pese a la propaganda pacifista pensamos que nuestra razón es la única y que nuestro enemigo tiene que ser destruido. Lo que algunos de mis amigos independentistas piensan y dicen de “los españoles” es de un desprecio que va más allá de la discrepancia y la rivalidad, y se acerca peligrosamente al andén de los trenes que se llevaron a los que no volvieron. No son todos los independentistas, por supuesto, pero cuando escucho a Lluís Llach en el Supremo creando un contexto justificativo de la turba que hostigó a la Guardia Civil y a la secretaria judicial mientras registraban la consejería de Economía, entiendo a Levi cuando explica que todo fue un proceso y que no fue a parar a Auschwitz de repente. Cuando alguien como Jordi Sánchez, a quien nadie ha elegido para absolutamente nada, ni siquiera para presidente de la ANC -quedó el cuarto de cuatro candidatos- se atreve a darle órdenes a la Policía y a “mediar” con la Guardia Civil, situando en un plano de como mínimo igualdad moral a los que cumplían con un mandato judicial con los que trataban de impedirlo, entiendo por qué siniestro tobogán se degradó la vida y la libertad en la Alemania que provocó la Segunda Guerra Mundial.

Cuando todo lo español es acusado de franquista o de ser un intento de perpetuar el franquismo sólo falta que alguien ponga a todos los españoles en fila y que el tatuador les asigne un número. Cuando el juez Llarena tiene que marcharse de la Costa Brava, o Albert Boadella ve como le entran al jardín de su casa ante la indiferencia del alcalde y de la policía de su pueblo de Jafre, leo a Primo Levi con mi hija durmiendo al lado y no puedo ponerme a dormir con ella y necesito imperiosamente ponerme a escribir este artículo para por lo menos dejarlo dicho. Y lo peor no es ni siquiera esto: lo peor es que ocurriendo esto, y cosas como éstas, la gente aún se llame a sí misma pacifista y pueda pensar que la paz es esto; lo realmente peligroso, temible, y necesariamente previo a lo que explica Levi en su libro es que dos millones de catalanes hayan caído en el pozo de fanatismo y ceguera en el que hay que haberse instalado para poder tener la conciencia tranquila y un concepto aceptable de uno mismo considerando que es “la revolución de las sonrisas” o “una manifestación obsesivamente pacífica” saltarse la Ley, que la minoría se ponga a intimidar a la mayoria en nombre de nada menos que la democracia y que se moleste y se ataque a los que piensan distinto. Por lo tanto, no, no es tan improbable la metáfora de Si esto es un hombre. Es improbable en el sentido de que España y Europa tienen suficiente fuerza para impedir que se realice, pero el odio, aquel odio que no pudo ser el legado de Auschwitz, está siendo el legado del “procés”. No sólo en Cataluña, pero también en Cataluña, la Humanidad ha desandado una parte del camino.

No lo escribo con desdén ni como insulto. Lo escribo como un padre junto a su hija dormida. Lo escribo con miedo y deseando que no me fuera necesario escribirlo. Tenía para hoy un artículo mucho más divertido. No pienso que acabemos como en Auschwitz; pero yo que tuve la suerte de nacer en Barcelona en 1975, entre la muerte de Franco y la coronación del rey Juan Carlos, y que gracias a una Transición que tuvo que ver mucho más con la esperanza que con el odio -lo mismo que la escritura de Levi- he podido vivir los años de mayor esplendor y prosperidad de España, esperaba poder leer Si esto es un hombre limitando mi estupefacción al pasado y no sólo por lo que concretamente sucedió en los campos de aniquilación si no por estar perfectamente seguro de que aquella maldad, aquella falta de empatía, aquella deshumanización del otro han sido definitivamente erradicadas de las posibilidades de nuestra alma.

Y no he podido.

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