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Blogs French 75 por Salvador Sostres

La Reina

Salvador Sostres el

Isabel II es la última expresión de verdadera grandeza de La Civilización. Su corona es la apología de nuestra tradición y el capitalismo está resumido en su bolso.

Por su sentido del deber, por su extraordinaria altura moral y por su entendimiento de que la monarquía se basa en la distancia se ha ganado el afecto, el respeto y el agradecimiento de su pueblo, que ha tenido en ella a un referente de entereza y solidez para mantenerse fuerte y unido ante los más angustiosos retos.

Ha iluminado nuestra era con su ejemplo de contención, con su inteligencia, con su presencia solemne e inspiradora. No ha querido ser nuestra amiga sino nuestra Reina y muchos que no somos técnicamente sus súbitos la sentimos como propia. Para cualquier alma trabajada y sensible, Isabel Windsor es una estilización del mundo y en su empeño está la pervivencia de nuestra difícil y bellísima libertad. Nuestra historia sin ella habría sido de una insoportable vulgaridad.

Ayer cumplió 91 años y no piensa abdicar. No es arrogancia: es la humildad de continuar sirviendo en estos días terribles en que todos buscan excusas para cogerse la baja por cualquier pupita o para rendirse, que es exactamente la misma mediocridad. Con su clase inigualada ha sabido convertir cada uno de sus derechos en un deber y ha entregado su vida a su gran nación.

Su única equivocación fue querer “acercar” la monarquía al pueblo, obligando a Carlos a casarse con Diana. El error, que fue de mal en peor, acabó en tragedia pero dio lugar a la más hermosa y sincera declaración de amor, la que el príncipe de Gales, infeliz en su matrimonio forzado, dedicó a su entonces amante Camila Parker: “me gustaría ser tu támpax”. Hasta equivocándose propició La Reina gotas de eternidad.

Netflix ha retratado con gracia algunos detalles de su importancia tal como “El discurso del Rey” fue un merecido homenaje a su padre. Dios la salve, y nos salve a nosotros por muchos años de la tremenda desolación de tener que aprender a vivir sin ella.

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