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Estoy harto de llorar – Alex Medina (Sudán)

Ignacio Gil el

 

 

“Mi padre me pegaba todos los días, me acostumbré a sus golpes, quería matarme por ser homosexual”.  Alex Medina (nombre con el que prefiere que el llamemos)  abandonó Sudan en el 2014 cuando tenía 19 años.  ” De mi infancia no tengo ningún recuerdo bueno, a excepción del amor y el apoyo incondicionales de mi madre. Si pudiera cambiar una cosa de mi pasado, cambiaría a mi padre, me ha hecho demasiado daño.”

Con solo trece años sufrió la primera violación. No fue la única. Con dieciséis tuvo su primer novio, y una vez confesada su orientación sexual comenzó una larga sucesión de persecuciones policiales, acosos, abusos e insultos.

Salir de aquel infierno era un sueño lejano e imposible. No sabía nada de Europa, pero sabía que había libertad, y que los homosexuales no eran perseguidos. Suficiente. La oportunidad se presentó sin buscarla. Obtuvo un pasaporte falso, un visado de turista y un billete de avión con destino a Madrid. Continuó hasta Holanda. Ahí inició la tramitación de la solicitud de protección internacional, que le trajo de nuevo a Madrid.

Habla español estupendamente, canta en un grupo, La Sudanesa,  y denuncia que también aquí ha sentido la discriminación por el color de su piel, por ser refugiado, y por ser homosexual. “Me apasiona cantar y componer, mi corazón me duele mucho. Creo que el amor no existe. En la letra de mis canciones expreso mis sentimientos”.

“Estoy harto de llorar” sin embargo en estos años en el exilio además de esas lágrimas reconoce que ha habido cosas positivas. “Ha cambiado mucho mi perspectiva de la vida y del mundo. Ya he dejado de llorar, aunque la vida es dura, también me ha hecho fuerte y soy consciente de que en realidad estoy mejor aquí y ahora. Recordar no me ayuda, me duele demasiado. Cuando estoy cantando y bailando o cuando estoy cocinando, consigo olvidar”.

Ha colaborado con la ONG Chefugee como cocinero. “Aprendí a cocinar con mi madre, me encantaba ayudarla. Fue mi maestra, me enseñó los fundamentos de la cocina. Ahora cuando cocino pienso en ella. La buena cocina tiene que ser sabrosa,  no basta con que tenga buen aspecto”.

De sus compatriotas aquí no quiere saber nada, salvo alguna excepción, porque sabe que el rechazo a la homosexualidad es enorme, en su país y en el mundo árabe en general. Comparte piso con cinco compañeros españoles, “son mi nueva familia”. Su sueño es encontrar un trabajo estable y traer a su madre y su hermana. “Mi meta es seguir estudiando, quiero sacarme el título de auxiliar de enfermería. Es lo que me da fuerzas para luchar cada día, porque vivir como refugiado es duro”.

Rocío Gayarre

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