ABC
| Registro
ABCABC de SevillaLa Voz de CádizABC
Blogs Fahrenheit 451 por Pablo Delgado

El artista, ese «personaje sospechoso»

Ivo Andrić descubre en sus escritos sobre Goya, un alarde de pensamiento y trazabilidad artística sobre el arte y su artista

El artista, ese «personaje sospechoso»
Pablo Delgado el

Los grandes escritos sobre arte -y no hay muchos que merezcan la pena-, generalmente no se leen como si fueran ensayos teóricos. Sientes, al leerlos, que estás dentro de su tiempo, de su lugar, de su enseñanza. Sus personajes están vestidos con trajes de época, realizan comidas de época; sus vidas son reales, como la nuestra, pero con la diferencia que ellos tuvieron lugar en el pasado. En otras palabras, son fieles a la vida tal como la conocemos y la sentimos, y su textura parece completamente natural, sin importar cuán remota o desconocida sea la configuración.

Qué sorprendente es entonces, encontrarse inesperadamente con un maestro del género, uno que se me ha estado ocultando a la vista durante casi cuarenta años. Ivo Andrić (1892-1975), que ganó en 1961 el Premio Nobel de Literatura. Él era de la extinta Yugoslavia, un estado empedrado a raíz de la Primera Guerra Mundial, pero más particularmente era de Bosnia. Sin embargo, había algo en él y en su libro más famoso y que le valió el Nobel, Un puente sobre el Drina, en el que narra la historia que abarca cerca de cuatro siglos, incluyendo periodos de dominación otomana y austrohúngara, en los que describe las relaciones y existencias de sus habitantes, en particular los musulmanes y ortodoxos de Bosnia y Herzegovina; que durante las siguientes décadas se le prestaría mucha más atención.

Acantilado, ha recuperado con motivo del pasado bicentenario del Museo del Prado una pequeña gran joya ensayística del escritor bosnio. Dos textos que Andrić dedicó a Francisco de Goya. En el primero (de 1928), el escritor resume la vida del pintor y analiza algunos de los aspectos biográficos más decisivos para entender el estilo y los temas de su obra. En el segundo (de 1935), Andrić recrea una original conversación con Goya, quien se le aparece en un viaje a Burdeos, ciudad donde el pintor pasó sus últimos años. Y pese a que Goya le confiese su falta de elocuencia, y hasta la reivindique como el resultado de su apego a la sencillez, su voz suena clara y su discurso luminoso.

La gallina ciega. Museo del Prado

Andrić describe a un «Goya que nos atrapa, nos aturde, nos sobrecoge y nos deja sin aliento (…) Es un mártir sin ningún consuelo: la suya es ante todo la tragedia de los sentidos, y su orgulloso silencio el de quien parece en la tierra sin esperanza ni ilusión (…) Pinta con maravillosas pinceladas tabernas al borde de carreteras, a unos hombres marchando bajo la nieve, a un albañil herido tras caerse del andamio al que asisten dos compañeros, a los ciegos en las ferias, y corridas de toros, bodas en los pueblos, corros femeninos y alegres pasatiempos. A veces, en estas composiciones ya asoma algo tenebroso e inquietante, aunque sea una nube inofensiva, anunciando la oscuridad que más tarde envolverá tanto la obra como la vida del artista».

En «Una conversación con Goya», Andrić recrea ese monólogo ficticio con el artista sobre sí mismo, sobre el arte y sobre otros temas más generales relacionados con el destino de la humanidad y lo que le espera, además de definir al artista en general, hablan del arte, del significado y del artista como un oficio o vocación de pintar, en un alarde de creación fiel a su propio medio, que garantiza la calidad de los textos y la implicación con la pintura desprovista de cualquier referencia literaria. «La semilla del futuro está en la sencillez, mientras que la belleza y el esplendor son signos inconfundibles de la decadencia y la muerte».

La belleza, ni que decir tiene, es cultural. Lo que en una comunidad se admira puede resultar indiferente en otra, y Andrić lo que hace es dar motivos para entender de forma concisa, la belleza de las pinturas de un artista como Goya, y de cómo se relaciona con el entorno y lo que deben transmitir esa creaciones que se plasman en los lienzos mediante trazos y colores. «El artista es un ‘personaje sospechoso’, un hombre enmascarado en la oscuridad, un viajero con pasaporte falso (…) el destino del artista en la vida es moverse de falsedad en falsedad, pasar de una contradicción a otra (…) es un fuera de la ley, un forajido en el mejor sentido de la palabra, condenado a hacer esfuerzos sobrehumanos y desesperados para contribuir a un orden superior e invisible, alterando éste, inferior, visible, en el cual debe vivir con todo su ser».

Los duques de Osuna y sus hijos. Museo del Prado

El artista es un transmisor que crea formas, «como un segundo orden de la naturaleza, detenemos la juventud, congelamos una visión que en la ‘naturaleza’ cambia o se desvanece en un instante, atrapamos y aislamos fulgores de movimientos que nadie habría sido capaz de percibir jamás y los ofrecemos, con todo su significado misterioso, a la mirada de las generaciones futuras».

«La representación vive junto a lo representado como una prueba desapercibida pero perenne de que determinado objeto ha sido recreado para una vida más duradera y más significativa, y de que tal milagro ha tenido lugar en nuestro interior. Este complemento que añade toda obra de arte, como la huella de la misteriosa cooperación entre la naturaleza y el artista, se considera una prueba del origen demoniaco del arte» escribe Andrić.

«Si Dios creó y estableció las formas, el artista las recrea por su propia cuenta y las confirma; es un falsificador, pero como lo es por instinto, de forma desinteresada, resulta peligroso. El artista es pues el creador de nuevas realidades parecidas pero no idénticas a la realidad, y de mundos ilusorios que el ojo humano puede contemplar con placer y orgullo, pero el estrecho contacto con los cuales termina abocando al abismo de la nada (…) En cada imagen hay un solo punto que produce una ilusión de realidad, la realidad del espectador».

En definitiva, dos escuetos textos que engrandecen la figura de Goya y del arte en si mismo, ya que el artista es una gran excusa para que Andrić transmita lo que puede y debe ser el arte de la pintura, de forma concisa y onírica en un tapiz que va hilándose a partir de sus impresiones en una prosa que parece espontánea pero llena de matices que dibujan una mapa vital del arte, con la posibilidad de captarlos junto a las treinta reproducciones de obras de Goya que están alojadas en el Museo del Prado y que se incluyen en las últimas páginas del libro.

«Goya» // Ivo Andrić // Traducido por Miguel Rodríguez Andreu // Acantilado // 2019 // 14 euros

ArteLibros

Tags

Pablo Delgado el

Entradas más recientes