Isabel Gemio, te doy mi palabra: los niños no aprenden a dormir, aprenden a callarse

Publicado por el oct 19, 2015

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Family with two children laying in bed with their feet forward

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Soy persona de escuchar la radio por las mañanas pero jamás en fin de semana. Manías. Antes escuchaba Onda Cero pero desde que Herrera se fue a la Cope mi dial cambió hacia ahí. Y ahí está. Jamás escucho a Isabel Gemio. Es una cuestión de sensaciones y la sensación que me provoca es que su interés por informar difiere del mío. Gemio deja hablar a quién dice lo que ella quiere escuchar e interrumpe e incluso cambia el sentido a quién dice cosas con las que ella no está de acuerdo. Es verdad que un periodista no es un científico que se hace preguntas sin importarle sus prejuicios (todos los tenemos) pero sí que debemos todos tratar de explicar las cosas desde varios prismas.

Hace un par de semanas Isabel Gemio entrevistó a Eduard Estivill para hablar sobre el sueño infantil y recibió numerosas críticas en su fan page lo que le hizo decidir hacer este domingo un par de entrevistas a personas que opinan justo lo contrario a Estivill. La primera fue la doctora Berrozpe, a la que grabaron y luego pusieron. La verdad que respetaron bastante su intervención según ella misma ha dicho en su blog. Pero al ser una grabación pierde bastante interés desde el punto de vista informativo. Una pena ya que María Berrozpe es una de las grandes científicas sobre el sueño infantil y hubiera dado mucho más de sí si la hubiesen entrevistado en directo. Bueno, en el caso de que Gemio la hubiese dejado hablar, claro. Porque esa es otra cuestión.

Porque es que después entrevistaron a Laura Perales, psicóloga infantil y presidenta de la Plataforma por la Crianza con respeto. Y, como suele suceder siempre que Gemio entrevista a alguien que va a decir cosas que no le gusta, no solo no la dejó terminar la entrevista (al principio sí la deja hablar) sino que, además, la ridiculizó. ¡Qué vergüenza! Pero lo malo no es eso. Si Gemio ridiculiza a Perales queda en entredicho la manera de ser de la primera pero es que si Isabel Gemio no se ha preparado la entrevista, quién queda en entredicho es su forma de hacer periodismo es ella. Dijo tales barbaridades que da hasta sonrojo ponerlas por escrito. La mayor de ellas fue que dijo que la OMS “recomienda la lactancia hasta los dos años y que a partir de ahí no la recomienda” Laura Perales corrigió el dato y le dijo que la OMS “recomienda que la lactancia materna sea hasta los dos años como mínimo”

co-sleeping mother and baby

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como insistió tanto la periodista, erre que erre empeñada en su error, le copio y pego el texto de la OMS con enlace a su web. Dice textualmente:

  • Debe alimentarse a los lactantes exclusivamente con leche materna durante los primeros seis meses de vida.
  • La lactancia materna debe continuar al menos hasta los dos años.
  • A partir de los seis meses de edad, deberán introducirse en la alimentación del niño alimentos complementarios, variados, adecuados, inocuos y nutritivos, sin abandonar la lactancia materna. No deberá añadirse sal o azúcar a los alimentos complementarios.

Al menos,Isabel Gemio, no es hasta, es como mínimo.

¿Era tan difícil buscar la información y no repetir algo que no es cierto delante de unos micrófonos? Una periodista debe buscar la verdad, no la verdad que le gusta o le conviene. Y si no te gusta la verdad, entonces mejor no la nombres, pero no la niegues. A pesar de que Laura Perales se lo corrigió, ella siguió en el mejor estilo de Mantenella e no enmendalla.

Después vino la parte de las relaciones sexuales. Que eso fue para nota. Isabel Gemio debe de considerar, a tenor de sus explicaciones, que las relaciones sexuales son el dormitorio y por la noche. Bueno, para empezar esto no es así, se pueden tener relaciones en cualquier parte de la casa e incluso fuera de horario (de hecho suelen ser las más ricas por su espontaneidad) y, segundo, hasta dónde yo sé, un niño de 9 meses o incluso de 18 meses puede seguir durmiendo plácidamente mientras sus padres tienen sexo. A ver, si montan un escándalo de película porno pues igual se despierta. Y los vecinos también, claro. Y es que el colecho no es necesariamente dormir en el mismo colchón. Hay cunas o camitas de colecho que se adaptan para que los bebés, niños puedan dormir pegados a su mamá sin estar en el colchón de los papás.

Baby

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En cualquier caso es una cuestión de elección. Al margen de lo que la biología diga (que como recordó Perales, la sociedad avanza pero la biología, no) muchos padres, querida Isabel, encontramos en dormir con nuestros hijos un placer inmenso. Por muchas razones. En mi caso porque mis hijas mamaban a cada rato. Especialmente la pequeña (ahora tiene casi 3) y de noche mamaba cada 45 minutos. Sí, un horror para muchos. Pero para mí, no, sobre todo porque dormía en una cuna pegada a mi colchón y la mayoría de las veces pegada a mi ladito de manera que apenas nos despertábamos para que ella comiera. Lo que hubiera sido un horror es levantarse por la noche, con la casa fría, para atender su llanto cada 3 cuartos de hora. Y lo hijos se van de la cama. Como dejan de hacerse pis en el pañal, como aprenden a comer solos. De hecho la pequeña tiene en su boca la frase estrella que es: “yo solita” y que reconozco que muchas veces me desespera porque eso supone que tardaremos el triple en hacer todo…pero es la única manera de aprender, ¿verdad?

De todas maneras hasta puedo llegar a comprender, Isabel Gemio, que te asuste esa supuesta pérdida de intimidad si dejas que un bebé o un niño de dos años duerma contigo y tu pareja. Yo no lo comparto pero hasta puedo llegar a ponerme en tu cabeza y lograr mínimamente entenderte. Lo que no entiendo es que tú te niegues a entender que la biología es otra cosa. Que en todos estos años que llevas siendo madre, que son unos cuantos, no te hayas parado ni una sola vez a hacerte todas estas preguntas. La pregunta más básica: si los bebés se callan cuando se les coge en brazos ¿por qué será? ¿sera porque se han confabulado entre todos para hacernos la vida imposible, porque son “muy listos” como dijiste tú o porque responden a una cuestión primaria sin plantearse tales manipulaciones? Dale una vuelta. 

Isabel, como bien te dijo Perales, somos seres altriciales, es decir que necesitamos del adulto para sobrevivir. De hecho en nuestra especie, la humana, debido a que pasamos a ser bípedos, la gestación se acortó por lo que la exterogestación se hizo necesaria. Es decir, fuera del útero se completa. Comos si fuésemos canguros pero sin bolsa. Nils Bergman, neuropediatra sudafricano tiene abundante bibliografía al respecto. Y, desde luego bastante más idea de lo que es el neurodesarrollo infantil que el señor Estivill. Nada tiene sentido para el bebé lejos del cuerpo de su madre, dice Bergman. Cuando alguien no comprende esto a la primera me da pena. Si es madre, entonces me da algo parecido al pavor. ¿Cómo es posible haber sido madre y no comprender esto que sale de la manera más instintiva posible? ¿Dónde se ha quedado la parte mamífera? ¿Dormida, quizás? Sí, es posible que así sea y la sociedad actual tiene buena parte de culpa. Haber machacado a las mujeres para que se despojen de su identidad más primitiva para colocarlas en paralelo con el hombre cuando no tenemos nada que ver. Y no estoy hablando de derechos que tenemos los mismos, estoy hablando de biología, esa que maneja tus instintos y los míos. Para mí una de las mayores equivocaciones de la sociedad actual ha sido convencer a las mujeres de que negaran su derecho a estar con sus bebés para incorporarse rápidamente al trabajo. Por eso lloran, claro, porque es inhumano y va contra la biología separarte de tu bebé con 16 semanas.

Breastfeeding

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo que más me dolió de tu entrevista a Laura, además de que intentases ridiculizarla y que no la dejases hablar, fue esa frase tuya: Es que yo trabajaba, ¿sabes? Como si estuvieses dejando muy claro que tú eres una profesional y las madres que dan el pecho hasta los 4 años fuesen una suerte de campesinas o marujas sin oficio ni beneficio. Ahí demuestras tu no saber sobre la lactancia. A partir de los seis meses los bebés empiezan a comer otras cosas, lo que se llama la alimentación complementaria, a menudo con purés y las más atrevidas con comida machacadita para que experimenten texturas y sabores (yo con la primera no lo hice, pero con la segunda, sí). Esto significa que pueden estar todo el día sin mamar y hacerlo cuando la madre llega de trabajar. Pueden mamar por la tarde-noche, por la noche, de madrugada y de desayuno. Y tirarse así hasta los 4 años. No creas (o hagas creer a quién te escucha) que las mujeres que dan el pecho más allá de los seis meses o de la baja maternal de 16 semanas, son campesinas con el bebé a hombros o mujeres africanas. Para nada. Si piensas eso es que no te has molestado en investigar nada. Y esas madres incluso hasta pueden trabajar y dirigir empresas. Es que la maternidad conlleva ciertos sacrificios (sacro-oficio, etimológicamente), pero sobre todo conlleva muchas renuncias. Y yo creo que tú, Isabel, eso lo sabes mejor que muchas madres por tu particular historia.

Quiero pensar que no es maldad sino apatía por salir de tu zona de confort, aquella en la que te sientes cómoda, por no querer saber más de lo que has aceptado como válido lo que te hace hacer entrevistas humana y profesionalmente cuestionables, no dejar que entre en tu vida una manera de ver las cosas mucho más científica que social. Ridiculizar sin saber, cuestionar a quién hace las cosas como se vienen haciendo desde hace 1,8 millones de años que es dormir juntos padres e hijos. Que, como te dijo la doctora Berrozpe, dormir separados nació por una cuestión cultural (de hecho lo recomendó la iglesia para evitar abusos de los padres a sus hijos, fíjate qué horror) y en infinidad de lugares del mundo los padres siguen durmiendo con los hijos y no en cabañas de adobe precisamente. En mi casa dormimos así muchas veces y yo también trabajo, ¿sabes? tengo una empresa de comunicación, escribo artículos y soy agente literaria. Y sí, hay días que dormimos mal. Como en todas las casas. O tus hijos nunca tienen una mala noche. Las mías algunas veces y entonces toca tomar más café. Pero nada del otro mundo.

En cualquier caso, y con esto concluyo, lo que es realmente triste (o al menos a mí me lo parece) es ver una barbaridad en un hecho natural y asumir la normalidad en un artificio. Y artificio es dar biberón, dejar que los niños lloren y creerse el cuento chino de que los niños aprenden a dormir. A lo que aprenden es a quedarse callados y esa es la base de la pirámide de la indefensión aprendida. Te voy dejando enlaces por si quieres saber de qué te hablo. Tus palabras suenan en mí como si alguien se justificase en darle a sus hijos comida preparada en lugar de hacerla en casa y con productos naturales “porque es que tiene que trabajar, ¿sabes?”

Newborn baby boy sleeping inside the wicker basket

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como Laura Perales se quedó a medias con las preguntas, le he pedido que me cuente lo que quería haber dicho y no pudo: Aquí va una parte.

-¿Qué preguntas que te hicieron y no pudieron ser contestadas te hubiera gustado poder explicar? Por ejemplo, sobre la lactancia materna después de los 6 meses y su compatibilidad laboral.

Muchísimas. En la entrevista me preguntaron infinidad de cosas que la misma Isabel se contestaba sola, sin darme opción a decir algo. Fue un monólogo en el que yo hablé todo lo que pude pensando en las familias, pero fue complicado.

Por ejemplo la cuestión que señalas sobre la lactancia materna y su compatibilidad laboral. Por supuesto que es compatible, cientos de mujeres lo hacen a diario. Puedes sacarte leche, congelarla y, como bien comentaron en una de las llamadas, al regresar a casa la lactancia favorece el vínculo, la compensación del bebé por esas horas separado. 

En cuanto al colecho y las teorías que desmontan a Estivill, Laura Perales, dice.

Cuando un bebé llora, está llevando a cabo una de las conocidas como “conductas de apego”, destinadas a la supervivencia, instintivas (que no intencionales), para mantener cerca a la figura de apego. Un bebé, incapaz de razonar (por desarrollo cerebral, es una realidad tangible), no sabe que estamos en el siglo XXI, que está seguro en una cuna en su casa. Funcionan a un nivel mucho más básico e instintivo, de memoria de la especie, y para él, seguimos en una caverna. Si se queda solo, muere. De hecho aún no percibe que es un cuerpo distinto que el de su madre, en la que ha estado los 9 meses del embarazo. Como intenté decir en el programa, siendo cortada, somos una especie altricial, lo cual significa que somos dependientes del adulto durante los primeros años de vida. Esto viene de mano de la evolución, de la bipedestación del ser humano. Simultáneamente, van cambiando otras cosas fruto de esa bipedestación, como ocurre con el estrechamiento del canal del parto, y por tanto la reducción del tamaño del cráneo del bebé y del volumen de su cerebro. Nacemos inmaduros, con mucho desarrollo por delante, tanto que todos los seres humanos somos prematuros, nuestra gestación finaliza sobre los 9 meses tras el parto, coincidiendo con el desplazamiento motriz.

Los despertares del bebé son de nuevo una conducta de apego destinada a la supervivencia. Esta es la primera falacia: enseñar a los bebés a dormir. El bebé ya sabe dormir, es un proceso evolutivo que va cambiando según crecemos. El sueño del bebé sano es con múltiples despertares para garantizar esa supervivencia y la alimentación, debido también a que su estómago es muy pequeño y a que la leche humana tiene características de especie precocial (pese a ser altriciales), es decir: no es tan nutritiva como en el caso de otras especies en las que la madre se separa de los cachorros para ir a cazar durante un tiempo.

No aplastamos al bebé al dormir con él. El instinto de protección facilita que eso no ocurra. Hay ciertas recomendaciones de seguridad para el colecho, que tampoco nos dejaron mencionar (y ya que les preocupaba tanto el tema quizá hubiese sido más interesante que centrarse en sus propias vivencias), como no colechar en camas de agua, en sofás, si se fuma o se bebe, en casos de obesidad…La vida sexual de la pareja no se ve afectada por el colecho. La vida sexual de la pareja debería estar más allá del dormitorio, y si se ve afectada puede ser por otros factores como la vida de locura que llevamos, el cansancio, el no encontrar el momento. La gente que practica colecho tiene más hijos, y esto es porque hay relaciones sexuales. Por no mencionar que en el programa se dio a entender que la mujer debe “atender” al marido en estos aspectos, para luego hablar de liberación y de culpas.

Dicho todo esto (y perdón por la extensión) lo justo sería que invitaras a Laura Perales y a María Berrozpe a tu programa pero en el estudio, no por teléfono. Y las dejaras hablar con la intención de contrastar si lo que te dicen es cierto. Y hasta puede que cambies de idea. De hecho no serías la única que lo hace.

A continuación dejo enlaces sobre estudios científicos sobre la verdad del colecho. La OMS, UNICEF, la Academia Americana de Pediatría, la Española, la Suiza lo recomiendan. Antes de engañar a los padres y asustarlos, consulten las fuentes. Es obvio que hay maneras de hacer un colecho seguro.

Este también es bastante completo. Y no son blogs de una madre aburrida, es literatura científica.

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Las fotos que acompañan a este texto han sido compradas en el Banco de Imágenes Bigstockphoto

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2015

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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