El acontecimiento planetario

Publicado por el feb25, 2017

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El presidente Trump no sólo ganó las elecciones sino que está día a día dejando en evidencia a los que nunca aceptaron su fracaso electoral y el de las funestas ideas que siempre defendieron. “Finalmente volvéis a tener un presidente”, proclamó en la convención republicana que comenzó ayer, y no se estaba dirigiendo a su partido sino a su nación.

Y es cierto. Más allá de los anecdóticos desajustes de quien no se ha pasando la vida trapicheando y empatando como un funcionario, los americanos -incluso los que le odian- vuelven a tener un presidente más preocupado por defender lo que América es y representa que por alinearse con la indigencia intelectual del antiamericanismo que dentro y fuera del país se siente acomplejado por la grandeza de los Estados Unidos y teme verse reflejado en su verdadero espejo.

La rabia que está generando el presidente empresario es la mejor prueba de su histórica victoria. El desprecio de sus votantes -Hillary les llamó “deplorables”- como si ser blanco y trabajador fuera algo de lo que avergonzarse, indica hasta qué punto los “haters” del presidente han perdido el norte. Que se discuta que la inmigración ilegal tiene que ser detenida y expulsada -muy especialmente en la era del Daesh- es de personas a las que el odio ha conseguido apartar de cualquier equilibrio mental; y es un escándalo que cierta prensa española mintiera diciendo que Trump se había inventado un atentado en Suecia cuando hacía referencia a un reportaje televisivo sobre los graves problemas que este país tiene con la inmigración. En cualquier caso, al día siguiente apareció una granada de mano que por suerte no había estallado en el parque de un “pacífico” suburbio multicultural de Malmo.

De todos modos, como afirma Hermann Tertsch, el problema de la UE no es el presidente de los Estados Unidos sino que sus líderes tienen ya el mismo contacto con el ciudadano europeo que el New York Times con el americano medio. Este periódico, entre otros, junto con la CNN, se han convertido en plataformas para difundir las más grotescas mentiras. Trump les llamó enemigos del pueblo, y le acusaron de querer acabar con la libertad de prensa, cuando la está protegiendo de los piratas del oficio. Aquí en España, Rajoy optó por comprar a los mentirosos habituales, que atados de pies y manos por tal beneficencia, que necesitan para sobrevivir, difaman al líder del mundo libre lo que no pueden difamar al PP.

Es el acontecimiento planetario de la que habló Leire Pajín, y está siendo derrotado.

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