Un viaje interestelar alucinante

Un viaje interestelar alucinante

Publicado por el Oct 18, 2018

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El 31 de enero de 1958 marcó un comienzo significativo en la exploración espacial. Fue un hito histórico para la humanidad el exitoso lanzamiento del primer satélite artificial puesto en órbita terrestre por Estados Unidos, el Explorer 1 -que envió datos durante algo menos de cuatro meses, hasta que sus baterías se agotaron-. Se produjo así el inicio sin precedentes en la era de la exploración y comprensión del Universo, de nuestro planeta y de los planetas distantes que hay más allá del nuestro. Los ingenieros y científicos cuanto más descubrían (y descubren) los misterios y la belleza del Espacio, más se inspiran en ir más allá, en poder estudiar y mostrar aquello que desconocemos.

En dicha época -tras la Segunda Guerra Mundial-, se produjo el inicio de una carrera espacial entre estadounidenses y soviéticos, que llevó a acelerar los descubrimientos y las investigaciones del Universo. Las naves espaciales de la recién creada NASA (29 de julio de 1958) y otros, fueron mostrando las complejidades que se encontraban y el terreno de los distantes planetas descubiertos tanto en la antigüedad como en la era reciente, que eran solo un punto en el telescopio del astrónomo hace décadas. Hemos visto el nacimiento de estrellas, agujeros negros y encontrado exoplanetas orbitando en sistemas notablemente similares al nuestro. Las misiones espaciales futuras nos harán avanzar en la historia, en la búsqueda de respuestas de esas grandes preguntas que nos formulamos en torno al origen de todo, y si alguna vez todo esto terminará. Todavía, con todo lo que hemos aprendido, ni siquiera podemos imaginar lo que podrán encontrar las generaciones futuras. Puede que no sepamos aún con precisión qué o quiénes somos y lo que encontraremos allí, más allá de nuestro sistema solar, pero podemos estar seguros de que la exploración del Universo seguirá sorprendiéndonos e inspirándonos, como lo hizo para los que vinieron antes y los que seguirán después.

Cuenta la NASA, que el gran salto de la humanidad al espacio entre las estrellas, en cierto sentido, ya ha comenzado, un viaje que va más allá de conocer solo los planetas. La sonda Voyager 1 ya rompió la burbuja magnética del sol para tocar el viento interestelar. La Voyager 2 no se quedó atrás. New Horizons superó a Plutón en su camino hacia encuentros con mundos enanos más distantes, hacia los escombros en el borde del sistema solar. Más cerca de casa, están trabajando en técnicas para ayudar a cruzar distancias mayores. Por el momento, el envío de humanos a otras estrellas permanece firmemente en el ámbito de la ciencia ficción. Pero aunque hasta ahora la NASA no ha propuesto nuevas misiones más allá de nuestro sistema solar, los científicos e ingenieros están esbozando posibles tecnologías que algún día podrían ayudarnos a llegar hasta allí.

Desde que la Mariner IV tomase las primeras imágenes de la superficie de Marte en 1965 hasta la visión global del planeta rojo desde la Mariner IX en 1971; y los módulos de aterrizaje de la década de 1970, que ejecutó los primeros aterrizajes planetarios de una nave espacial americana, junto con la llegada del Apolo 11 a la Luna, los humanos hemos realizado a lo largo de nuestra historia, el abandonado de nuestros hábitos nómadas y de trasladado, a asentamientos fijos desde hace alrededor 40 ó 50 mil años. Hemos estado usando herramientas incluso más allá de nuestra capacidad de ver en los cielos el origen de mucho, abarcando toda una máxima evolución del estudio del Universo en tan solo los últimos 60 años. Sin embargo, en ese tiempo, hemos creado nuevas herramientas, las llamadas robóticas.

En ese sentido, nosotros como especie tenemos la necesidad de conocer, de saber, ya que desde muy temprano en nuestra niñez, no paramos de hacer preguntas. Estamos en permanente alerta por saber, por conocer todo aquello que nos rodea, por lo que la curiosidad es algo innato en nosotros y por tanto esta debe ser satisfecha con el estudio y sobre todo que nunca se pierda.

La editorial Impedimenta en su gran labor editorial, ha añadido a su catálogo otra joya del libro ilustrado, con Planetarium se añade un valor más a su serie de libro ilustrado de gran formato y de éxito llamada Visita en el Museo, de la que ya forman parte Animalium, Dinosaurium, Botanicum e Historium.

Un libro que lleva a realizar un viaje interestelar alucinante a través de los textos del profesor Raman Prinja y las magníficas ilustraciones de Chris Wormell (Lincolnshire, 1955), en las que cruzas el «Sistema Solar y la Vía Láctea hasta alcanzar las galaxias más lejanas. En sus galerías visitarás lugares que el hombre aún no ha pisado y verás objetos tan grandes que no caben en ningún museo, excepto en este».

El recorrido empieza con el desarrollo de la astronomía y nuestra fascinación por las estrellas. Verás el nacer de las estrellas, o cómo explotan y mueren, y te acercarás peligrosamente al centro de un agujero negro. Nos muestra también los planetas del sistema solar con datos muy prácticos y sencillos de cómo están formados y qué diámetro tienen, además del tiempo que tardan de dar la vuelta al sol. Cuando llegues a las últimas salas del museo, prepárate para abrir la mente y avivar la imaginación, porque en ellas encontrarás las mayores estructuras que existen. Más grandes que las estrellas, más aún que las galaxias, los supercúmulos se extienden por el espacio como gigantescas telarañas y pueden ayudarnos a entender los comienzos del Universo.

En el libro podemos disfrutar de una exploración muy particular y muy visual del más allá de la Tierra y su Luna a otra planetas y junto a sus lunas. Como si fuéramos en una nave espacial que sale de la estrella por la que vivimos, el sol, podemos ir conociendo la historia que sigue a través de, cometas, planetas enanos y más allá de nuestra sistema solar. Mientras nos maravillamos ante el ingenio de los primeros pioneros de la era espacial, nos damos cuenta de cuánto lograron con lo que, comparativamente, fue tan pequeño. Los ordenadores eran humanos, y cuando las máquinas se hicieron cargo de los cálculos, tomaron habitaciones enteras con capacidad de procesamiento menor que los teléfonos inteligentes que llevamos hoy todos en los bolsillos.

La humanidad apenas ha comenzado a experimentar los efectos positivos de la exploración espacial. Aun así, nuestra comprensión de los fenómenos continúa y quedan muy por detrás del impacto de sus influencias contemporáneas e históricas. Después de todo, realizar un vuelo espacial humano se trata de conocer, hecho que debemos tener en cuenta que los efectos del espacio impactan con más fuerza en la humanidad a unos niveles de realidad social a medida que se desarrolla en el presente siglo. Y Planetarium te hace subir en esa nave espacial en busca de respuestas, en un viaje interestelar alucinante, abriendo así nuevos universos intelectuales, tanto para mayores como para los más jóvenes, y que acerca de forma brillante a ese lector intrépido y valiente por conocer todo aquello que está más allá. Además, se disfrutan y aprecian las elegantes ilustraciones de Wormell en gran formato, que con su estilo de grabado clásico recuerda al mismísimo Gustave Doré, y hacen de soporte de un universo tanto gráfico como espacial que trasladan sin perder detalle ni espectacularidad a unos mundos lejanos cual novela de Stanislaw Lem (por cierto también en Impedimenta y muy recomendable su ciencia-ficción). Planetarium es vivir un libro para luego vivir en el espacio o en la tierra.

Planetarium // Impedimenta // Chris Wormell y Raman Prinja // Traducción de Eduardo Moga // 28 x 38 cm // 2018 // 25 euros

 

 

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Bienvenido al magnífico y excéntrico mundo del diseño gráfico, a la imaginación de la ilustración, a la puesta en escena de la fotografía, a la pincelada sutil del arte, a la grandiosidad de la arquitectura y todo ello relacionado y puesto en común en ese formato con obsolescencia programada, o no, que es el papel.Más sobre «Fahrenheit 451»

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