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Blogs Tareas pendientes por Maria C. Orellana

Buen trabajo, chicos

Maria C. Orellana el

En su reality televisivo sobre la educación de niños imposibles, Supernanny nos enseñaba que no sólo debemos corregir a nuestros hijos sus errores; también debemos resaltar sus aciertos, darles ánimo y motivarles cuando hacen las cosas bien. Y funcionaba increíblemente.

Todos los manuales de liderazgo indican que el buen mánager debe hacer lo mismo con su equipo. Pero no suele ser así: es fácil montar una bronca porque algo no se ha hecho correctamente, y en cambio parece que nos cuesta dar feedback positivo en el día a día a nuestros colaboradores. Algunos jefes solo dicen algo bueno a un empleado justo un minuto antes de decir lo malo, algo así como: “se nota que le has echado horas al plan, está currado, pero tengo que decirte que el enfoque no es el que yo esperaba, por otra parte el contenido no está bien ordenado, y además bla bla bla”.  Eso no es feedback positivo. No lo es cuando tiene detrás un pero o un sin embargo.

¿Nos da pudor reconocer y agradecer el trabajo de los otros en el entorno laboral? ¿O es algo más retorcido?

Hace tiempo lideré un importante proceso comercial en el que varios colaboradores dedicaron muchas jornadas con compromiso y calidad en su trabajo. Cuando el cliente me comunicó que pese a ser nuestra oferta muy buena finalmente se habían decantado por uno de nuestros competidores, escribí un mail a todos los participantes agradeciéndoles su buen hacer. Mi superior me afeó el gesto con un seco “nunca des las gracias al equipo si has perdido, pues entonces das a entender que eres tú quien ha fallado”.

No estoy de acuerdo. Un buen manager debe reconocer siempre el buen trabajo de sus colaboradores. Marshall Goldsmith propone una forma de acostumbrarnos a esta sana labor de feedback positivo: consiste en repasar una vez por semana la lista de nuestros colaboradores y subordinados para ver si debemos agradecer o reconocer a alguno de ellos el trabajo realizado. Y sin pereza, escribir un mail o coger el teléfono.

Es sencillo. Y creedme, como a Supernanny con los niños, funciona.

 

 

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