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Polisemia del arte y el poder

Polisemia del arte y el poder
Madrid, 29/11/2018. Presentación de la muestra «El poder del arte» con obras del Reina Sofía expuestas en el Congreso de los Diputados y el Senado. Foto: Jaime García. ARCHDC
Jesús García Calero el

Sigue abierta en el Congreso de los Diputados la exposición “El poder del arte”, que reúne obras del Museo Reina Sofía en homenaje a los años de la Transición en la sede de la soberanía nacional. En estos días en los que la actualidad rompe algunos límites pensados del ejercicio político: presidentes con tiempo para ensayos literarios (e inhibiciones ejecutivas), kafkianos relatores de quita y pon para un cuento extraconstitucional… En este momento de política sin supuestos y ficción sin presupuestos, de huidas hacia el futuro pasado, si hay algo que la Transición nos recuerda todavía es el viento fresco de entonces, la libertad recobrada. Revivir para ver.

Polisemia en las manos de Ignasi Aballí. Foto: Jaime García

Las manos sucias de Ignasi Aballí sobre la chimenea de un salón del Congreso no nos hablan de hollín precisamente, sino de las sartrianas manos de los idealistas que se desviaron en la práctica política. Las cinco figuras sentadas en el Vestíbulo de la Reina, obra de Juan Muñoz, son espejo de seres casi idénticos que, sentados a dialogar, ni se miran (¡traigan aquí al relator de guardia!).

Obra de Juan Muñoz. Foto: Jaime García

Todas las obras corrigen su significado por el entorno parlamentario. Fuera del museo, el conflicto teórico que inspira cualquier obra de arte vuelve a ser palpable, pierde lo teórico y se percibe real, consistente. Los señores diputados sabrán qué hacer con ello.

Instalación de Esther Ferrer. Foto: Jaime García

Debajo del hemiciclo, en las nuevas salas expositivas, la cosa no decae. Una instalación de sobres de Esther Ferrer -no me digan que no tiene guasa- recuerda votos o pagos en B. Fascina ver, aún censurados con tachones, los informes de espionaje a Picasso, obra del FBI en tinta sobre papel que redefine per se la verdadera relación del arte y el Estado en una manera que ni soñó Gecé en su “Arte y Estado”.

También en estas salas está la calle -en las fotos de Colita- un retrato de cómo se ganó la libertad sin antorchas ni lazos excluyentes. Sin ira, se decía entonces. Está asimismo el espacio ganado al respeto de lo que hoy viene a ser LGTBI, con Cabello y Carceller y sus «Bollos» por delante y obras de Txomin Badiola.

Y más…

Si lo pensamos, aquí tenemos una pura e interesantísima polisemia del arte y del poder, especialmente necesaria ahora que todo, incluso el «Manual de resistencia», se corrige (ojo a esta nueva acepción de “corrección política”) en la ficción de una España Global. Y de sus imposibles relatores/as.

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