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Blogs Música para la NASA. por Álvaro Alonso

Alhambra Reserva 1925, arte clandestino en Madrid

Alhambra Reserva 1925, arte clandestino en Madrid
Álvaro Alonso el

La conjunción del buen queso y la cerveza es tan antigua como nuestra civilización, no me atrevo a decir desde los tiempos de los griegos porque hasta el yogur ha tenido que dejar de ser griego en las últimas épocas.

De quesos, sabemos; y de cervezas, también. En eso nos emparentamos con el resto de godos asentados más al Norte. Pero, ay, algo nos diferencia del resto, y es que por aquí, y no está de más recordarlo, en la tierra de Hispalis, donde se dice que además de ser tierra de conejos una ardilla podía surcar la península de Sur a Norte sin caer del árbol, vivieron y dejaron su arte celtas, musulmanes y judíos, conversos y no conversos, y otros que no se sabe bien de dónde procedían por ser ellos libres como el aire y nómadas como el viento.

En la fiesta clandestina de Madrid, evento rodeado del más riguroso secreto, celebrado por cervezas Alhambra Reserva 1925 dentro de su campaña Arte por descubrir, uno podía apreciar nuestra mezcla, tan rica por ser tan antigua ya, y ese sabor a lo que por ser rancio no deja de estar más bueno, como las buenas guitarras de Amalia Ramírez, la embajadora luthier de la marca, en conjunción con las manos de Juan Habichuela, unos dedos de prodigio con poca carne y mucho hueso capaces de conquistar posiciones inverosímiles en los trastes.

Ya arrancando por bulerías o por fandangos, ya por tarantas o granaínas, ya por rumbas o alegrías, el nieto Habichuela dejó ceñudos, silenciosamente preguntones y boquiabiertos a los godos, a los celtas, a los musulmanes y a los judíos. Incluso a algún que otro africano deleitoso. Las guapas estaban si cabe más guapas con el «verde que te quiero verde» de los esmerilados vidrios de Alhambra Reserva 1925. Y a los guapos, les chisporroteaban los ojos con tan solo no dejar de mirarlas.

El carácter de las fiestas del Arte Clandestino tiene un toque de misterio y de exclusividad, con su clave secreta y su no saber dónde acabar. Ya dentro del local, con sabor a Andalucía, como de bodega jerezana, es todo un bombardeo de impresiones para los sentidos, del tacto frío al gusto atribulado, del perfume intenso al sonido que se curva en forma de ánfora.

En la barra tras un giro por chicuelinas te encuentras con la guapa Xenia Tostado. Pero ahí está Rodolfo Sancho, para entrar al quite. No quiso perderse la fiesta el que de nuevo esta temporada es el otro rey, el de Isabel y Fernando, que destacaba entre la corte de rostros famosos.

El proyecto clandestino, con sus fiestas que anuncian continuación en otras ciudades españolas, no ha hecho más que empezar, proponiendo entre otros proyectos iniciativas tan necesarias como el mecenazgo de jóvenes guitarristas becados en sus cursos «Desnudos de Etiquetas», una plataforma para todo aquel joven que necesita un trampolín para su despegue en el arte de la guitarra.

No tendremos desde este blog demasiado en cuenta lo de «desnudos de etiquetas». Ya sé que a los músicos las etiquetas no les gustan nada. Pero a mí me encantan. Y nada como tomar una Alhambra Reserva 1925 para que te llegue la inspiración, que la expiración, como decía Picasso refiriéndose al arte, ya supone el otro noventa por ciento.

 

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