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Blogs Laboratorio de Estilo por María Luisa Funes

Somos Romanos

Un libro de Paco Álvarez repasa históricos inventos latinos que forman parte de nuestra vida

Somos Romanos
María Luisa Funes el

El Imperio Romano sigue vivo en el mundo. Muchos de los ingeniosos inventos de la Antigua Roma han demostrado estar de máxima actualidad. Paco Álvarez, publicista, escritor, presentador e historiador acaba de editar con EDAF un ameno libro que se lee con agrado y rapidez en el que desgrana aquellos aspectos de la vida “latina” que hoy cobran mayor actualidad, algunos conocidos y otros no.

Recogemos el texto sobre algunos de esos “modernos vestigios” de la Antigua  Roma, si bien lo entretenido es leer todos los detalles relativos a su origen y la interminable lista de “inventos” romanos que hemos heredado.

El Cátering

“Cuando se celebraba un banquete especial antes del 200 a.C, época en la que aún no se solía disponer de cocinero entre la servidumbre, se contrataba a uno profesional que acudía a la casa con su propio suministro, equipo humano eincluso vajilla, como actualmente hacen los caterings. A finales de la República Romana este negocio fue decayendo en pro de la contratación fija de un chef de postín”.

Las tabletas

“Además de algo tan pesado como la enciclopedia, los romanos inventaron el “whatsapp”, o al menos los SMS, solo que ellos utilizaban tabletas de cera para escribirlos. Los romanos tenían unas tablets que consistían en una o dos caras de cera insertas en un marco de madera que se cerraba sobre si mismo. Esta tabla se empleaba para escribir con un stylus o punta, recados, deberes y -sobre todo- mensajes. Una vez escrito el texto,  por ejemplo una invitación a cenar en casa, la tableta era entregada a un mensajero que la llevaba a su destinatario o destinatarios. Ellos a su vex contestaban e incluso añadían preguntas o comentarios con los que el mensajero volvía al origen. Se añadían dibujos (los actuales emoticonos).

 

El vino

“En los comedores de las casas romanas – en las que si había posibles se instalaba uno para verano y otro para invierno- se servía vino después de la cena y en ocasiones especiales. Los ricos y entendidos tenían bodegas impresionantes con los mejores caldos de todo el mundo que, curiosamente, ya se bebían en copas de vidrio, un vidrio que al romperse se reciclaban, entregándoselas al vidriero ambulante”.

El alcantarillado

“El alcantarillado de la ciudad eterna era tan bueno que la cloaca de mayor tamaño en Roma, construida en el siglo VI a.C, hace 2.600 años y arreglada en tiempos de Augusto, tiene todavía tramos en uso conectados a la moderna red sanitaria de la capital italiana. Las cloacas hicieron viables las ciudades de gran tamaño. En Roma tenían tanta importancia que incluso tenían una diosa, Cloacina, encargada de velar por su sistema de saneamiento”.

Las bibliotecas

“Otra habitación que  tardamos siglos en recuperar es la biblioteca, casulamente bibliotheca, donde todos los romanos que se consideraran cultivados – o que quisieran que sus vecinos les considerasen como tales- conservaban sus colecciones  de libros en cajas o estanterías en las paredes. Vitrubio, el gran arquitecto que sirvió a César y a Augusto escribió en el tratado De Architectura que una biblioteca debe estar orientada al este, para mejorar la luz y evitar la humedad. Cicerón, el famoso político y abogado del siglo I a.C. decía que si en casa se tiene un jardín y una biblioteca, ya se tiene todo lo necesario”.

Los letreros sobre perros de vigilancia

Junto a los solariums y terrazas, otro rasgo distintivo de algunas casas romanas “como  podemos comprobar en las ruinas de Pompeya, era un cartel hecho en mosaico cuya inscripción nos resultaría familiar, ya que decía como en muchas fachadas de ahora “Cuidado con el perro” (Cave canem).

 

El suelo radiante

“Las mejores casas romanas tenían hipocausto o calefacción por suelo radiante, un invento del ingeniero romano Cayo Sergio Orata, que ideó en el año 80 a.D un sistema alimentado por un horno de leña que hacía circular aire caliente bajo el doble suelo y tras las paredes, una novedad que le hizo millonario”.

La comida para llevar

“Los thermopolium eran establecimientos en los que se expendían alimentos calientes listos para consumir – auténtica fast food- , donde los clientes se sentaban en taburetes o permanecían de pie. Tomaban allí frutos secos, aceitunas o pan con queso. Mezclaban agua con el vino para no emborracharse”. (¿vendrá de ahí el vargas cordobés o el tinto de verano?). “En Pompeya se conservan establecimientos donde se expendía comida y como muchos romanos no tenían cocina en casa, siempre comían de “take away”. Incluso existían servicios a domicilio como nuestros modernos Deliveroo y similares”.

Los Spas

“Los romanos pasaban las tardes en las termas o Spas (salus per aquam) eran ideales para el relax y el aseo. La elegancia metrosexual romana, que llevó a Escipión el Joven a afeitarse todos los días, sento cátedra en cuanto a toilette personal como signo de distinción. En las termas, había salas de masaje, saunas, piscinas de agua fría y caliente, pistas deportivas, jardines, taquillas para la ropa. Pero también salas de exposiciones, bibliotecas y galerias comerciales. No extraña que los romanos “echaran” la tarde en las termas”.

Los pasos de cebra

“En Pompeya aún se pueden contemplar auténticos  pasos de cebra, construidos con losas cortadas rectancuarmente de la misma altura que las aceras, para que los peatones purdieran cruzar cómodamente la calzada mientras que los carros tenían que frenar parar alinear sus ruedas a los carriles abiertos entre las losas”.

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