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Abderramán, vente “pal” pueblo

Abderramán, vente “pal” pueblo
María Luisa Funes el

Valiente, pelirrojo, hijo y nieto de navarricas, cordobés y buen político, Abderramán III fue un califa  muy español.  Pero no por ello han dejado de mancillar y retirar su imagen en un pueblo aragonés, Cadrete, donde una estatua suya conmemoraba sus victorias por aquellas tierras.

Hay que ser cateto para politizar a una figura española de hace un milenio, como si el yihadismo de ahora que amenaza con quitarnos la independencia tuviese mucho que ver con aquel que en el 929 independizó Al Andalus de Baghdad al proclamar califato independiente a nuestra tierra.

Abderraman III, de ojos claros y habitualmente con el cabello teñido para que sus soldados no lo tomaran por originario del norte de Europa, comenzó una era que duró hasta 1031, fecha en que tuvo lugar el derrocamiento de Hisham III y el comienzo de los Reinos de Taifas. Esos más de 100 años fueron de una enorme prosperidad económica y cultural del Califato, sembrándose el germen del conocimiento, la filosofía y la ciencia oriental en terreno occidental, algo que tras varios siglos  de transcripciones al latín por parte de los monjes cristianos, daría lugar al Renacimiento en Florencia.

En sus campañas, defendió la unidad de Al-Andalus, ya fuese contra los navarros o contra las invasiones africanas.  Pasó por Cadrete, el pueblo que ahora retira su busto, ajeno a la importancia que tuvo Abderramán para la zona.

En Cadrete no se es consciente de su influencia en la cultura española, en la historia y en la grandeza de nuestro país y – más en concreto- en la del mismo Cadrete.

El califa cordobés acampó con sus tropas en  935 frente a la fortaleza de Cadrete para preparar el asedio a Zaragoza donde estaba la familia de los Tuyibíes, que se había sublevado contra el Califato de Córdoba y amenazaba con invadir Cadrete y la zona de alrededor. Los Tuyibíes no eran castellanos, ni navarros, ni astures. Era una pequeña dinastía de origen árabe, más en concreto, yemení, que se asentó en Zaragoza, Daroca y Calatayud comenzando a crear un reino de taifas.

Para defender la zona de los Tuyibíes del actual Yemen, Abderraman III mandó construir el actual Castillo de Cadrete.

Para combatir los asedios que la ciudad sufría edificó los vecinos castillos de María de Huerva y de Cuarte, ambos clave en la zona.

Y es que Abderamán III, hijo de una concubina vascona,  puede que no crease un califato idílico en el que todos los habitantes tenían los mismo derechos -eso rara vez hasta los últimos tres siglos ha sido así en la historia-, pero si que dio lugar a un largo periodo de paz y prosperidad.

Además de ampliar la Mezquita de Córdoba y construir la ciudad palacio de Medina Azahara, Abderraman creó más de 70 bibliotecas espectaculares en sus dominios, se centró en diversificar los gremios  y en hacer avanzar la economía.

Si es mejor dejar atrás la memoria histórica que viene de la tremenda Guerra Civil, tampoco estaría mal dejar de destrozar vestigios importante de las civilizaciones que han hecho grande a nuestro país. Que  sepan en Cadrete que en Córdoba esperamos con brazos abiertos la estatua de Abderramán si no la quieren. Nada de recluirla a una oficina de la tercera planta del Ayuntamiento de un pueblo desmemoriado y perdido en las afueras de Zaragoza. Abderramán, vente “pal” pueblo, que te esperamos. 😉

 

 

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