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Blogs Laboratorio de Estilo por María Luisa Funes

Grace, Máxima y los turbantes

Grace, Máxima y los turbantes
María Luisa Funes el

El Turbante es la corona de día. Y Máxima de Holanda lo ha convertido en su accesorio fetiche.

Reinas, religiones y tribus, han utilizado a través de los siglos un tocado inconfundible que destaca por su elegancia.

El turbante, de posible origen persa (dulband adaptado al francés turbant), consistía originalmente en una tela enrollada a la cabeza. Importantes civilizaciones han utilizado este accesorio durante siglos. Los sijs en la India, los afganos, los paquistaníes, africanos y caribeños, han encontrado motivos sociales, prácticos o religiosos para mantenerlos en su atuendo. Está claro que se ha prodigado en los países con altas temperaturas y más horas de sol.

Por algún motivo, el turbante ha sido a menudo utilizado por nobles y reyes. Los Maharajas han decorado siempre sus ricos turbantes con joyas para afirmar su poder. Los Tuaregs los utilizan para protegerse del sol y la arena del desierto, pero hoy en día se trata de un accesorio prescindible, utilizado para engrandecer la figura del que lo porta. En la India, donde el turbante es un símbolo de honor y respeto, los comerciantes de la región de Gujarat lo exportaron a otras zonas de Asia.

Averroes

La ciudad de Córdoba fue un curioso caso en el que pensadores árabes de la talla de Averroes, llevaban turbante, al igual que muchos judíos contemporáneos de la ciudad, como el profeta, filósofo y médico judío Maimónides, si bien sus tocados eran de diferente estilo. Más tarde, Turquía los trasmitió a Europa. Pero en Occidente, no dejaron nunca de ser algo poco común, aunque en el siglo XVII surgieron como alternativa ligera e higiénica a la peluca entre la nobleza. Hoy solo es habitual en mujeres bajo tratamiento de quimioterapia, que deben saber que se trata de una verdadera corona de día.

Maimónides

Los turbantes siempre se han asociado con las élites culturales y políticas. La reina Carlota Joaquina de Portugal, hermana de Fernando VII, llegó a Brasil con turbante tras un viaje en que se plagó de piojos, según cuenta Javier Moro en su exitoso “El Imperio eres tú”.

Puso así de moda el turbante en Brasil. Décadas más tarde, la reina Isabel de Inglaterra lo ha utilizado en numerosas ocasiones, y la elegante Máxima de Holanda –que ha lucido un nuevo modelo dorado esta semana- continúa con la tendencia.

Que Farah Diba, ex emperatriz de Irán, o la Begum Salima  -ex esposa del Aga Khan– lo hayan llevado, no ha sido sino una manera de honrar a sus patrias respectivas.

Pero ha sido la ex jequesa de Qatar la mujer árabe que mejor ha abanderado el uso del turbante y el vestido largo – día y noche- evitando así el consabido velo.

En Europa fue Grace Kelly quien llegó a lucir los turbantes más originales del mundo occidental. Con un físico que todo se podía permitir, utilizó sencillos modelos con pliegues diagonales que ahora replica a diario la ex jequesa de Qatar.

Pero Grace también se atrevió con modelos cargados de relieves, de los que Máxima de Holanda ha sido la única heredera por el momento.

Máxima se permite llevar turbantes exuberantes, voluminosos o de tipo casco: todos le sientan bien. Los lleva como “corona de día”, con la seguridad de una mujer rotunda que tiene el rango necesario para destacar sin complejos.

Siempre hay alguna lánguida que intenta imitarla –véase el caso de Matilde de Bélgica- con muy desigual resultado, en cuanto a turbantes se refiere. Experimentos con gaseosa.

 

 

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