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Blogs Madre no hay más que una por Gema Lendoiro

Y me cayeron cuarenta años…

Gema Lendoiro el

Pues finalmente me cayeron. Los cuarenta, digo. Me estoy acordando mientras escribo esto el día en que le pregunté a mi abuela paterna.

-Abuela, ¿cuántos años tiene mi madre?

-Tiene 30, cariño

Debía yo de tener, entonces, 4, porque mi madre me trajo al mundo a los tiernos 26. Recuerdo la pedazo desilusión que me hizo saber que tenía una madre tan “vieja”. Lo que tiene la candidez. ¿Vieja? Vaya por Dios.

Fue el viernes pasado. Uno acaricia largamente varios acontecimientos que le sucederán a lo largo de su vida. Los imagina una y otra vez. En mi caso tres: el día de mi boda, el del nacimiento de mis (hipotéticos) hijos y el día que cumples cuarenta años. Nada ha sucedido como yo esperaba. Mi boda fue por lo civil y de azul marino (no me pareció apropiado acercarme a comulgar con barriga de 8 meses y vestida de blanco) Por lo tanto, un sueño no cumplido. ¡Qué le vamos a hacer! Tardes y tardes de mi adolescencia planeando con mi mejor amiga, Mar, cómo iban a ser nuestras bodas y al final la mía no se pareció en nada a cómo la imaginé durante años. Ella cumplió su sueño tal y como lo había programado. Yo no. Queda pendiente. Quizás me pase como a la abuela de la película el hijo de la novia que, cuando ya tiene alzheimer, su marido le prepara la boda por la iglesia que nunca le dio. A mucha gente le parece una tontería. Las personas que son creyentes me entienden. Para mí tiene un gran significado el sacramento del matrimonio y no haberlo cumplido me produce mucha pena. Mucha.

Luego una sueña con el nacimiento de sus hijos y en mi caso, la primera, Doña Tecla,  muchas lo sabéis, no fue idílico sino traumático. Bien es cierto que finalmente todo salió bien pero el susto ya se te queda grabado para siempre en el subconsciente, por lo tanto no está superado. El nacimiento de Mofletes Prietos sí fue bueno. Ese sí.

¿Cómo imaginaba yo que serían mis cuarenta años? Una cosa es imaginar cómo estarás en los cuarenta y otra muy diferente qué ocurre el día que cumples cuarenta.

Primero vamos con el día que cumples cuarenta. Igual será porque yo se lo he hecho a la gente que quiero, igual es porque he visto muchas películas (que no digo yo que no), el caso es que siempre soñé cumplir cuarenta en una gran fiesta que alguien hubiera organizado para mí. No ha habido suerte. Quizás habrá que esperar a los cincuenta. O quizás toda una vida y que nunca llegue. Me dan envidia (cochina) las mujeres cuyos maridos les hacen esas fiestas. Snif. El día de mi cuarenta cumpleaños ha sido uno más. Con una tarta y unas velas qué soplar , eso sí, pero nada más. Ni un triste regalo. Encima como ahora ya casi nadie te felicita por teléfono sino por facebook es un poco “triste” la verdad. ¿Lo bueno? Que este año a mi padre no se le olvidó llamarme, de hecho fue el primero. Es un desastre para las fechas.

¿Y cómo me siento con cuarenta años? Pues miren, les voy a confesar la verdad: no me ha gustado ni pizca cumplirlos. Hay gente que dice que los cuarenta es la mejor década de una mujer. Bueno, pues será. De momento yo no puedo opinar porque llevo instalada en esa década sólo 4 días. Digamos que llevo ya un par de años dándole vueltas al asunto de que pase la vida. De que pase el tiempo. Y tengo que confesar que me asusta. A la mayoría de la gente de mi edad no le pasa. Pienso muchas veces que la vida pasa demasiado deprisa. Y me van a permitir que les diga que creo que es una faena. A mí, como a muchos, me gustaría ser siempre joven, tener siempre la piel que tengo ahora, la vitalidad, la salud, las ganas. Pero me temo que es inevitable que el tiempo pasa y con él se lleva la juventud. Hay gente que dice que la juventud está sobre valorada. Y supongo que será lo normal. Al fin y al cabo cuando se tiene juventud, se tienen fuerzas. Claro que hay gente que con sesenta años se muestra más ágil que con treinta pero eso no es lo habitual.

La pregunta ahora es. ¿Hay algo que soñaras que tendrías a los cuarenta que ya lo tengas? Sí, rotundamente. ¿Qué? pues un gran patrimonio, es decir, una familia, un marido y dos hijas. Eso sí es un motivo de alegría. Porque bueno, al fin y al cabo las cosas que soñé que sucedieran y no pasaron, siempre pueden darse en un futuro, tampoco hay que perder la esperanza. Cumplir cuarenta años, no tener hijos y seguir deseándolo, es posible pero las mujeres luchamos contra el implacable reloj biológico.

¿Y qué más cosas buenas he logrado? Todavía no he alcanzado la paz del espíritu aunque ya sé dónde empieza el camino. Para una Aries con ascendente Sagitario y la luna en Virgo es difícil hallar la paz del alma (quién sepa de astrología sabrá qué tipo de temperamento me ha tocado padecer jeje) Y es difícil porque ando regida por los planetas de la guerra que tanto tormento hacen padecer a quienes están regidos por ello. Pero no me quejo, estos mismos planetas me han facilitado también salir airosa de las dificultades que la vida me ha puesto delante y que no han sido pocas. También me han hecho acumular una carrera profesional exitosa a pesar de la maldita crisis. Este año celebro mi décimo quinto aniversario en la profesión de periodista. No fue fácil llegar hasta aquí. Nadie me regaló nada y por eso me siento doblemente orgullosa. El esfuerzo económico que mis padres hicieron por pagarme una educación ha tenido su recompensa monetaria desde que terminé de estudiar. No me recuerdo ni un solo mes sin ingresar algo, por poco que fuera, de dinero. Y eso mola.

Ha habido historias muy tristes por el camino que me han hecho crecer. Otras que no quiero olvidar para no repetirlas. ¿Acaso existe una vida libre de sombras? Me he encontrado gente fantástica que me sigue acompañando, otros y otras se quedaron por el camino, a algunos los echo de menos, de otros ni me acuerdo. Puedo decir que no albergo rencor a nadie. A nadie. Y amor a muchas personas. Huyo de las personas interesadas, desleales y mentirosas, malas. Y cada vez admiro más la bondad, creo sinceramente que es el símbolo supremo de la inteligencia. Las personas malpensadas, que creen saber más que nadie y por eso actúan con picardía (de la mala) al final las acabo echando de mi lado. ¡Te pueden contagiar tan fácilmente!  Pero sobre todo, lo que más me importa, permanece a mi lado: mi marido, mis hijas, mis padres, mis amigas del alma. Todo lo demás es secundario.

Ahhh y con una salud de hierro todos.

Así que, pensándolo bien, puedo decir con media sonrisa que he entrado bien en los cuarenta.

Antes de despedirme quiero compartir con vosotros este vídeo que tanto me gusta y que tiene tanto que ver con el paso del tiempo (siempre desde una óptica muy optimista)

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