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Somos cholitas, tocaremos el cielo

Cholitas escaladoras, Lydia, Liita, Elena, Dora y Cecilia (Bolivia)

Somos cholitas, tocaremos el cielo
Ignacio Gil el

Hay imágenes que se nos graban en la retina al instante. La de Lydia, Liita, Elena, Dora y Cecilia escalando la montaña más alta de América Latina, con sus coloridas faldas tradicionales, es una de ellas. Ellas son indígenas aymaras, y están marcando un nuevo camino para las mujeres de pollera, quienes durante siglos han estado calladas y sin opción a cambiar sus destinos. Se las conoce como las Cholitas Escaladoras. La conquista de las cimas más altas de su Bolivia natal y más recientemente del Aconcagua, que en quechua significa “la piedra que mirar a su alrededor”, es mucho más que un hito deportivo. Es una revolución social y femenina que llega de la mano de estas mujeres aparentemente vulnerables, que se han atrevido a conquistar sus sueños.

“Escuchando el silencio de la montaña nos sentimos libres. En nuestro primer ascenso no teníamos ninguna preparación física, pero en realidad puede más la mente. Y nosotras creíamos en nosotras mismas. Ahí está la fuerza, creer que lo vas a lograr. Y estar enfocadas en un único objetivo, en hacer la cima”, explica Lydia.

En sus vidas se habían encontrado con muchas barreras. Por eso las dificultades que les podía plantear el ascenso no les venían grandes. Dora y Lydia son las veteranas, ellas fueron las primeras en atreverse. Nacer mujer e indígena en un país como Bolivia es nacer con un peso de tradiciones, límites y obligaciones que lastran y silencian su potencial. La superación de estas mujeres para alcanzar retos solo antes contemplados para los hombres y su relación con la montaña, su reivindicación sobre la identidad indígena y el respeto al medio ambiente las convierte en heroínas de carne y hueso.

Ellas eran cocineras en los campos altos y sus maridos, guías. “Los clientes nos preguntaban si habíamos llegado a la cumbre. Los turistas llegaban tan cansados, que les teníamos que ayudar a quitarse las botas, incluso. Pero teníamos curiosidad, queríamos ver la cima. Nuestros esposos nos apoyaron mucho. Nos explicaron que la montaña era cosa seria, pero que lo intentáramos, hasta donde llegásemos y que estarían ahí a nuestro lado”.

Dora comenta que no siempre se llega. “Mi propósito era llegar hasta arriba. Cuando vas subiendo no puedes pensar otra cosa. Pero como en la vida, a veces por más que luches y quieras, te pueden faltar las fuerzas. En esos momentos  no hay otra opción que aprender a asumir las limitaciones y saber conformarse”. Eso sí, con la mente y el corazón puestos en volver a ascender.

“Hay que calcular que aun tienes que tener fuerza para el camino de regreso, para la bajada. Una escaladora piensa lo que tiene que hacer en cada momento y tiene sentido del deber. Y hay que saber tomar una decisión, incluso la de abandonar para no perjudicar a las compañeras”. Cecilia  había conseguido culminar todas las cimas bolivianas, y el Aconcagua no era tanto más.

“Entendí que tenía que bajar ya, para que ellas siguieran adelante. Lloré ahí, en ese momento quería morirme, fue durísimo para mí. Pero también sabía que las cholitas escaladoras éramos una”. Y así es, las que llegaron, llegaron por todas.

“Las polleras se enganchan en los penitentes, se van rompiendo las enaguas y supone una dificultad añadida, pero nada es imposible, buscamos la manera de recogerlas por delante. Es la vestimenta de la mujer indígena a la que representamos con orgullo, es todo un símbolo”. Su ejemplo ha servido para que las demás mujeres miren a la montaña – y a la vida – de otra manera.

“Les hemos mostrado a las demás mujeres que si se puede. Antes era impensable. Hemos sido, sin casi darnos cuenta, iniciadoras de un cambio. La montaña ya no es cosa de hombres solo, nosotras también podemos lograrlo”. Los grandes cambios se empiezan así, con pequeños pasos. Ellas lo tienen claro y van a seguir caminando rumbo a nuevos retos como el Everest y el Kilimanjaro.

El director leonés Jaime Murciego ha llevado su testimonio vital a la gran pantalla.  Entreculturas, Alboan, y Oxfam Intermón han apoyado como sponsors la película “Cholitas” desde su rodaje inicial, contribuyendo a la sensibilización de la causa de la igualdad y la diversidad intercultural y el respeto a la naturaleza que estas mujeres representan. La ONGD SED apoyó la presentación de la película en León.

Rocío Gayarre

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