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Por qué no debes tener miedo al CrossFit

Es apto para todos, te contamos por qué

Por qué no debes tener miedo al CrossFit
Alfonso M. Arce el

La mayoría de noticias sobre CrossFit suelen conseguir que sus adeptos no se identifiquen con lo que leen y los que se lo están pensando, como mínimo, decidan que deben seguir valorando un poco más si es para ellos. La realidad es que el CrossFit es para todos, no hay nada que no te permita practicarlo, salvo tu elección personal por los motivos que consideres. Te vamos a explicar por qué.

Disciplina militar. El entrenamiento de los cuerpos de élite.

Seguro que alguna vez has escuchado o leído esta descripción. Algo que nos suena a extremo o muy duro. Está muy bien para que piques y leas, pero todo tiene un contexto. Cuando Greg Glassman, el fundador y dueño de la franquicia CrossFit, empezó su carrera como entrenador, tenía entre sus clientes muchos policías y bomberos. Pronto se dio cuenta de que los sistemas de entrenamiento tradicionales utilizados en los gimnasios, no tenían una transferencia directa a las necesidades de dichos clientes, cuyas profesiones les enfrentan a retos físicos de muy diversa índole día sí y día también. En algunos casos, incluso pueden perder la vida por no tener una preparación óptima.

Ante esta necesidad Glassman planteó un sistema que, no especializándose en nada, conseguía unas mejoras físicas globales en un tiempo razonablemente corto, por no utilizar esa frase comercial de “en un tiempo récord”. La popularidad de estos resultados y el tipo de clientes que tenía, hizo que su metodología de entrenamiento calara rápidamente entre cuerpos y fuerzas de seguridad del estado. Y a partir de ahí, aplicamos un poco de dramatismo literario y decimos que es una disciplina militar o un entrenamiento para boinas verdes.

Hay otra lectura. Lo utilizan porque funciona.

Que no te identifiques con un boina verde haciendo barbaridades y, por ese motivo, decidas que el CrossFit no es para ti, es lo mismo que decir que no sales a correr al parque porque has visto a los keniatas corriendo una maratón y te dejó mal cuerpo. El CrossFit de la televisión, de los reportajes sensacionalistas o de las grandes competiciones no es lo que te vas a encontrar al acudir a un gimnasio de CrossFit.

Que no te inquieten estas dos imágenes. Tienen muy poco que ver contigo, aunque hagas CrossFit o corras a diario.

¿Qué ocurre en mi primer día de CrossFit?

A diferencia de un gimnasio convencional donde puedes llegar e ir a tu aire, una clase de CrossFit cuenta siempre con un entrenador que dirige y corrige a sus atletas. Porque allí te hablan así, para ellos eres un atleta aunque no puedas correr cien metros. Porque no se trata de cómo estás, sino de lo que llevas dentro. Por eso estás allí. Que no te sorprenda un aplauso de bienvenida para recibirte en la primera clase. Suena peliculero, pero ¿a que cuando vas quitando ingredientes a un guiso, su sabor cambia hasta llegar un punto en el que ya no gusta? El CrossFit funciona igual, contiene multitud de ingredientes que por separado no dicen nada, pero combinados tienen un resultado singular.

El entrenador o coach se interesará por la actividad física que has hecho y no te va a señalar o subestimar si le dices que llevas un año en un sillón viendo la tele. No pasa nada, si estás allí es que has decidido cambiarlo. Esta información le valdrá para saber que muy posiblemente todos los ejercicios que se pongan en el entrenamiento del día o WOD (work of the day), deberán tener una adaptación personalizada a tu nivel y habilidades, llegando incluso a sustituir algún ejercicio del programa.

Ahí no está lo mejor. Lo mejor es que nadie se sorprenderá o te hará de menos porque han pasado por ello y ahí es donde empezarás a saborear de verdad eso que llaman la comunidad o camaradería del CrossFit. Hay diferentes adaptaciones, hay diferentes intensidades de entreno, pero todos están dando lo que pueden y lo hacen juntos. Esto une. Y no sabes cuánto hasta que no lo pruebas.

Para no extenderme te resumiré el resto de tu viaje:

  • En muy poco tiempo verás que eras capaz de hacer cosas que antes te resultaban imposibles. Y no me refiero a levantar neumáticos de camión, me refiero a subir varios pisos por las escaleras sin pensar que te da algo, a poder echar una carrera a tu hijo, a volver a salir a montar en bici. Actividades normales.
  • En muy poquito más, en lugar de pensar si puedes o no hacer CrossFit, empezarás a valorar en qué ejercicios puedes empezar a ponerte retos más altos.
  • A esas alturas, ya habrá dos o tres compañeros del box cuyas circunstancias vitales y nivel deportivo son muy parecidos y empiezas a estrechar lazos de amistad.
  • Te compras zapatillas específicas de CrossFit.
  • Te compras unas calleras.
  • Te compras una comba rápida.
  • Empiezas a soñar con hacer un WOD a Rx (la dificultad máxima prescrita).
  • Ves que lo que comes no te ayuda a mejorar, empiezas a preocuparte por tu nutrición. Compartes conocimientos, recetas, dudas. Acudes a un nutricionista en muchos casos.
  • Empiezas a hablar a todo el mundo de las bondades del CrossFit.
  • En unos meses y si has tenido constancia, eres incapaz de recordar qué queda de aquella persona que entró por la puerta del box con dudas de si eso era para ti.

Recuerda que el CrossFit no es un deporte en si mismo, aunque ahora existan los CrossFit Games que sí tienen ese enfoque. El CrossFit te garantiza una mejora global de tu forma física que podrás aplicar a aquello que más te guste.

Casi todos los boxes tienen una primera clase de prueba gratuita. No hay más que decir, olvida todo lo expuesto y prueba, ¿por qué contártelo cuando puedes vivirlo?

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