Es lo que tienen las primarias de los partidos políticos. Que constituyen una excelente ocasión para la enésima realización de aquello de los adversarios, los enemigos y los compañeros de partido. O las tres categorías de enfrentamientos políticos que sugiriera hace unas décadas Adenauer.

La campaña propagandística de Rubalcaba, del famoso “comando Rubalcaba”, contra Chacón es un buen ejemplo. El comando Rubalcaba está trabajando, y eficazmente, para erosionar la imagen de Chacón a través de tres vías. La primera, muy machista y muy antigua, pero útil, la conversión de Chacón en una simple marioneta de su marido, el hombre, Miguel Barroso. Ella no sería nada, en realidad, es él el que piensa, planifica y decide.
La segunda, la construcción de la sospecha sobre él, el supuesto auténtico cerebro. Impresionante por malvado el artículo del fin de semana en El País sobre el grupo que rodea a Chacón (“Chacón & compañía”). Pocas veces habrá recibido la propia derecha unos navajazos tan crueles desde la prensa progresista.
Y la tercera, la difusión de un retrato de inconsistencia y superficialidad de Chacón, quien sería, según esta versión, una simple imagen publicitaria construida por Barroso y Zapatero. Para lo que Rubalcaba y los suyos cuentan allí donde pueden una supuesta cena entre Barroso, Blanco y Javier de Paz, el íntimo de Zapatero, en la que ellos habrían ideado que ella sería una perfecta ministra de Defensa; porque una mujer, joven, catalana y embarazada será un “pelotazo” ante los medios. Otro relato machista que da por supuesto que ellos son los que deciden y ella no es más que un simple títere. Pero funciona.
Y funciona porque Chacón no ha sido capaz de contrarrestar el relato del comando Rubalcaba con una exhibición de su liderazgo. Si es que lo tiene, claro. Porque no ha podido o no ha querido resolver ese interrogante y ese es su problema. Existe el relato de Rubalcaba sobre ella. No existe el suyo propio. Y no creo que los días que quedan para el Congreso sean suficientes para construirlo.
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