Decisiones como la tomada ayer por el Gobierno sobre Juan Carlos Rodríguez Ibarra nombrándolo miembro del Consejo de Estado, con un salario superior al del propio presidente del Gobierno, explican una buena parte del malestar contra los políticos.
Y es que tal decisión se produce justamente después de que el Gobierno extremeño se viera obligado a cerrar el lujoso y costoso despacho que había abierto para uso de Rodríguez Ibarra debido al enorme escándalo generado, tanto por su coste como por la confusión en torno a las funciones y objetivos.
¿Mera casualidad? ¿O más bien la sencilla historia del habitual paso político de un despachazo a otro despachazo, en este caso, consejazo?
Desafección PolÃtica