No era difícil acertar en esta previsión. En el éxito de la coacción sindical en el día de hoy. Se trataba de recordar la pauta de otras huelgas generales y esperar su repetición. Y ha ocurrido: una buena parte de la huelga se debe a la coacción. No hay más que repasar las informaciones de todos y cada uno de los medios de comunicación, tanto de ámbito nacional como autonómico. Un ejemplo, el que nos relata ABC de Sevilla y que se ilustra en la fotografía de este post. Los piquetes han impedido el trabajo y la entrada de camiones en Mercasevilla.

Otro ejemplo, lo ocurrido en los quioscos de Madrid, la mayoría cerrados (al menos todos los que yo he recorrido y han sido bastantes) no por propia voluntad de los quiosqueros sino por imposición de unos piquetes que no han dejado repartir a las furgonetas de prensa. Y a eso llaman los sindicatos “seguimiento mayoritario de la huelga”. A lo que es, en realidad, un seguimiento impuesto a la fuerza de la huelga.
Lo más preocupante de esta imposición de la coacción es que el Gobierno, garante teórico del derecho a la libre decisión de los ciudadanos, mira hacia otro lado. El ministro de Trabajo ha afirmado que la huelga se desarrolla “con normalidad”. Ni siquiera ha querido dar cifra alguna. Y la vicepresidenta De la Vega, en el Congreso, ha visto el problema en otro lado, como siempre, en el PP. “Ustedes persiguen a los sindicatos”, ha replicado a Soraya Sáenz de Santamaría.
Mientras tanto, los sindicatos, en la calle, persiguen a los ciudadanos.
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