Yolanda Gómez el 03 jun, 2019 Vuelta a las andadas. Las grandes empresas y las entidades financieras han presentado en los últimos meses ERE que, de nuevo, se centran especialmente en sus empleados mayores de 50 años. Es cierto que en la mayorÃa de los casos, especialmente en el sector bancario, las condiciones económicas que se ofrecen a estos trabajadores por abandonar el mercado laboral son buenas, y les permiten vivir de manera desahogada hasta su jubilación. Probablemente incluso mejor, que algunos de los jóvenes que los sustituyan que van a cobrar trabajando menos que ellos parados. La pregunta es si nos lo podemos permitir. Si una sociedad cada vez más envejecida puede permitirse el lujo de expulsar del mercado laboral a personas con edades comprendidas entre 50 y 60 años, con una amplia experiencia, de las que se prescinde y que tienen todavÃa una larga vida por delante: de media entre 20 y 30 años. Es cierto que la legislación cambió y que desde que se aplica la llamada “enmienda Telefónica” es la empresa quien tiene que hacerse cargo de las prestaciones y del pago de las cotizaciones hasta que estos despedidos por ERE alcanzan la edad de jubilación, siempre que, eso sÃ, la firma esté en beneficios y tenga más de 100 trabajadores. Hasta entonces, todos los contribuyentes tenÃamos que correr con parte de los costes de las prejubilaciones que permitÃan sanear a estas grandes empresas. Con estos ERE las grandes empresas sustituyen trabajadores experimentados y con altos sueldos, por jóvenes inexpertos y salarios bajos. Aligeran los costes laborales, pero la pregunta es a qué precio, y si realmente en el medio y largo plazo esta sustitución es rentable, y no solo económicamente. Estoy convencida de que algún dÃa nos arrepentiremos de haber desperdiciado a tan valiosa mano de obra. Otros temas Comentarios Yolanda Gómez el 03 jun, 2019