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Blogs Bukubuku por Emilio de Miguel Calabia

Carta desde Cantón. La religiosidad china

Emilio de Miguel Calabia el

Santo Tomás de Aquino concibió cinco pruebas de la existencia de Dios. Una de ellas era que todos los pueblos tienen la idea de Dios. Entiendo que lo dijera porque su marco geográfico era el Mediterráneo, donde las tres religiones del libro andaban a hostias. Si hubiese ido a China, hoy hablaríamos de las cuatro pruebas de la existencia de Dios.

No acabo de coger la idea de Dios de los chinos. Me alivia saber que a los primeros jesuitas les pasó lo mismo y que optaron por traducir la palabra “Dios” al chino como “Tian”, el cielo. Lo malo es que la distancia que hay del concepto chino de Tian a la idea de Dios es la misma que hay entre las patas de cangrejo hechas con surimi y todo un señor buey de mar.

Tian es una entidad impersonal. Uno no mantiene con él una relación personal. Estoy leyendo las “Analectas” de Confucio y leo que en cierta ocasión en la que Confucio estaba enfermo, sus discípulos rezaron a los dioses, no a Tian. Tian podría entenderse como el orden cósmico. Es Tian el que concede y el que retira el mandato del cielo a los gobernantes. Tian no es un dios creador y hay una expresión, “Tiandi”, los cielos y la tierra, que se utiliza para hablar de lo que existe, que muestra que Tian no está al margen de la creación. Tian se comunica con la humanidad a través de oráculos y a través de los fenómenos del mundo. Por ejemplo, cuando Tian retira el mandato a una dinastía, el acontecimiento suele ir precedido de terremotos, sequías e inundaciones.

Los confucianos proporcionaron el armazón ideológico al imperio chino y por eso es lógico que los jesuitas optaran por una palabra que les reverberaba a los mandarines. Si hubieran contactado con los taoístas, que siempre fueron a su bola, sin duda habrían traducido “Dios” como “Tao”, la Vía.

El “Dao De Jing”, el gran libro de los taoístas, nos habla de un Tao que es eterno, que funciona como “una vasija vacía [cuyo] contenido nunca se agota.” Es decir, que del Tao emanan los diez mil seres (expresión china muy bonita para hablar de la creación). El Tao “parece anterior a Dios”. La sabiduría es seguir la vía del Tao. Aquí también parece la mejor traducción para “Tao” es “orden cósmico.”

Todos los creyentes buscan algo concreto a lo que aferrarse. Los protestantes han reemplazado a Dios por Jesucristo. Parece más fácil entenderse con un hijo de un carpintero que se iba de marcha con doce amigotes que con un Dios lejano, que lo mismo te manda una inundación, que se le olvida que tiene un Hijo en la cruz. Esa es la versión suprema del “se me olvidó que el niño estaba en el coche”. Los católicos no necesitaron hacer esas florituras: siempre tuvieron a la Virgen y a los santos.

Tian y Tao eran demasiado inmarcesibles. Así pues los taoístas chinos idearon un panteón, que haría las delicias de cualquier especialista en Derecho Administrativo. Me corrijo. Aquello no era un panteón, sino una burocracia, con sus jefes de negociado, sus trepas, sus jerarquías, sus corruptelas, sus chivatos y su máquina del café (bueno, más bien del té).

Al principio Yuanshi tianzun, el “Venerable celeste del comienzo original” era quien dirigía la administración celestial. Posteriormente Yuanshi tianzun abdicó sus funciones en el Emperador de Jade, que hasta entonces había sido su asistente. Es el primer panteón que veo en el que el dios supremo es prejubilado. Sin embargo, dado que en el cielo taoista abundan los trepas, los chivatos y los malos rollos, ¿estamos realmente seguros de que Yuanshi se prejubiló voluntariamente? ¿No sería más bien que el Emperador de Jade le daría una puñalada trapera para quedarse con el puesto?

Como quiera que fuere, ahora es el Emperador de Jade el que dirige la Administración celestial, con todos sus ministerios y negociados. Sospecho que como jefe el Emperador de Jade debe resultar un poco paranoico, siempre viendo conspiraciones por todos lados, y un tanto obsesivo-compulsivo, queriendo estar siempre informado de todo. Para mí que le va la microgestión: en año nuevo cada dios le tiene que presentar un balance de sus actividades durante el año anterior.

La única vez que el Emperador de Jade estuvo a punto de perder las riendas de su maquinaria administrativa fue cuando el Rey Mono, Sun Wukong, anduvo zascandileando por el cielo. El Rey Mono cometió el peor pecado que se puede cometer en cualquier burocracia: alteró los archivos. Tachó su nombre del Libro de la Vida y de la Muerte, así como el de todos los monos. Se ignora si lo hizo por cortesía o mediando soborno. Según funcionan las cosas en el cielo chino, probablemente lo segundo.

El Emperador de Jade intentó contener al Rey Mono utilizando ese viejo truco burocrático que consiste en darte una prebenda. Le designó “Guardián de los Establos Celestiales”. El Rey Mono inmediatamente entendió que le habían aplicado el viejo truco: cuanto más rimbombante es el nombre del cargo, menos importante es; en este caso, poco más o menos que le habían puesto al frente del estiércol excretado por los caballos celestiales. El Emperador de Jade le aplacó, otorgándole el título de “Gran Sabio”, que viene a ser como cuando te dan una condecoración pensionada. El Rey Mono estuvo un fin de semana sin tocar las pelotas a nadie, pero el lunes volvió a la carga. Finalmente, en un raro ejemplo de cooperación entre panteones divinos, el Emperador de Jade le tuvo que pedir ayuda a Buda para que le desembarazase del Rey Mono.

Algunos de los principales ministros a las órdenes del Emperador de Jade son: 1) Zaojun: Es el dios del hogar. Registra todo lo que pasa en los hogares e informa al Emperador de Jade el día de año nuevo. Por suerte, es sobornable. Sólo hay que poner miel en la boca de su estatua para que sus informes sean benignos; 2) Caishen: Es el dios de la riqueza y el beneficio. Los panteones religiosos que conozco suelen tener su diosa del amor, su dios de la guerra y su señor de los infiernos, que yo sepa sólo a los chinos se les ocurrió inventar también un dios de la riqueza, el beneficio y los dividendos. Hace muchos años intenté inculcarles a mis hijos la veneración a Nuestra Señora del Santísimo Dividendo, pero no coló y no salimos de pobres; 3) Fu-xi: Teóricamente es el dios de la creatividad y las artes, pero si nos fijamos bien en sus funciones, en realidad se parece más a un Encargado de Registro Civil bastante competente. Fu-xi fue el que inventó los cien apellidos que llevan los chinos y el que fijó la norma matrimonial que dice que dos personas con el mismo apellido no pueden casarse entre sí; 4) Taiyue Dadi: Su nombre significa “Gran Emperador del Monte Tai”. Sus funciones son tan amplias, que sospecho que está todo el día entrando en conflictos de competencias con los demás dioses. Taiyue Dadi fija la fecha del nacimiento y de la muerte y decide la posición social, la riqueza y la descendencia de cada persona. Dirige un mega-ministerio, algunas de cuyas direcciones generales más importantes son la de nacimientos, la de muertes, la de modificación de destinos, la de fenómenos naturales y la de enfermedades.

Donde queda más claro el carácter burocrático del paraíso chino es en que tiene un dios de los funcionarios, Guandi. Logró esa consideración por haber memorizado uno de los clásicos del confucianismo, es decir, realizó el sueño de todo opositor: memorizar el temario. También tiene a Wenchang, dios de la literatura y la sabiduría, que se moja bastante por funcionarios y opositores: ayuda a que los funcionarios encuentren puestos de trabajo y echa manitas a los opositores, especialmente a los malos.

Y por si hicieran falta más pruebas de que el paraíso chino fue ideado por un funcionario, señalaré que es el único panteón que conozco en el que uno de sus dioses es un ex-funcionario, que fue divinizado, Fuxing. Además, la virtud suprema es el “wu wei”, la no-acción. Es la única religión que ha elevado a la categoría de virtud teologal el silencio administrativo.

A los dioses se les venera/soborna con ofrendas, que suelen ser de comida. Esta veneración sigue siendo muy intensa en las zonas rurales y entre las generaciones mayores. Los jóvenes, sobre todo en las ciudades, se lo toman más como “esas cosas de los abuelos” con las que hay que transigir.


Aún hay otros dos aspectos de la religiosidad china que me tienen desconcertado.

Uno es el de los espíritus. A los espíritus se les hacen ofrendas de comida y se les queman imágenes en papel de cosas (un coche, una nevera, hasta una empleada doméstica) que puedan utilizar en el inframundo. No sé si ese inframundo es un sitio amable u hostil. Tampoco sé con cuánta frecuencia los espíritus visitan a los vivos. Y,- última gran pregunta-, el inframundo, ¿es un sitio permanente o pasado el tiempo los espíritus se reencarnan?

La otra me sucedió visitando el templo a Confucio de Dali. Dentro del templo había una gran estatua dorada de Confucio. Le flanqueaban dos de sus discípulos. La imagen me recordó a los templos del budismo tibetano, en los que un gran Buda aparece flanqueado por dos de sus discípulos. La excepción son los templos dedicados a Padmasambhava. A él lo flanquean sus dos consortes. Y es que Padmasambhava era un cachondón.

El guía me dijo que los estudiantes, antes de un examen, iban a ese templo. Le pregunté si Confucio estaba en los cielos y me miró como si le hubiera preguntado por la fórmula de la coca-cola. “Claro que no”. No acabo de entender lo de construirle un templo y presentarle los respetos a una persona que lleva criando malvas 2.500 años.

 

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