
El somero análisis sobre la situación en el Indo-pacífico que se incorporó a la Estrategia de la UE para el Indopacífico en 2021 no era especialmente profundo. Recogía, entre otras cosas: 1) La interdependencia de las economías y los desafíos globales comunes de Europa y el Indo-pacífico; 2) La importancia de la seguridad marítima dadas las rutas clave que pasan por el Indo-pacífico; 3) La competición intensa en la región que ha llevado a una carrera de armamentos; 4) Las tensiones en dos puntos calientes clave: el Mar del Sur de China y el estrecho de Taiwán; 5) Los riesgos para la democracia en la región.
Este análisis ha envejecido especialmente mal. A los cinco meses de haberse lanzado la estrategia, comenzó en Europa una guerra de agresión por parte de nuestro principal proveedor de energía barata contra un país democrático que deseaba acercarse. La rivalidad entre China y EEUU se ha agudizado y a la UE le cuesta tomar partido y mostrarse autónoma ante una China más asertiva y unos EEUU que han dejado claro que no respetan a sus viejos aliados europeos. El orden liberal multilateral que defendíamos ha sido reventado por el mismo Estado que lo creó. La fragilidad de la democracia es ya un fenómeno global, incluso en nuestros propios países. La tentación de los populismos y de los sistemas autoritarios es fuerte. El envejecimiento de nuestras sociedades y de otras sociedades en el Indo-pacífico se está acelerando y no siempre la inmigración es la respuesta.
En la UE había satisfacción con cómo la Estrategia de 2021 estaba funcionando y se era consciente de que en algún momento la Comisión entrante tendría que abordar su actualización. Ese proceso de reformulación ya ha comenzado, aunque hay muchos elementos que están distrayendo la atención de la UE sobre el Indo-pacífico.
En octubre de 2025 el Consejo de la UE, reconociendo los cambios de paradigma a los que nos enfrentamos, recalcó que la UE debe intensificar su foco estratégico, su presencia, su visibilidad y sus acciones en el Indo-pacífico. El mundo parece estarse moviendo hacia la multipolaridad, una multipolaridad en la que contarán unas pocas potencias y el resto,- si no le podemos remedio-, verán hacer inermes. En este contexto, la UE es un socio interesante para los Estados de la periferia y los Estados medios y pequeños. Lo suficientemente grande para tener un impacto, aunque todavía sea limitado, y lo suficientemente pequeño como para no resultar amenazante.
Lo cierto es que desde el Tercer Foro, celebrado en febrero de 2024, algunas cosas se han movido: se han firmado sendos partenariados en seguridad y defensa con Japón y con Corea, concluyeron las negociaciones del Acuerdo de Partenariado Inclusivo Económico con Indonesia, se firmó un Acuerdo de Comercio Limpio e Inversión con Sudáfrica, la UE concedió apoyo financiero y técnico al desarrollo de la Red Eléctrica de ASEAN, tuvo lugar el primer Foro de Negocios con el Pacífico. Y luego está la joya de la corona: el Tratado de Libre Comercio con la India. Efectivamente, algo se mueve.
Los días 20 y 21 de noviembre tuvo lugar en Bruselas el Cuarto Foro Ministerial Indo-pacífico. Se trata de una cita que ya se ha consolidado y que reviste el interés de que en ella no están presentes ni EEUU, ni China. Por una vez la UE puede mostrar su protagonismo y su voluntad,-no siempre evidente- de ser una gran potencia global. Durante ese último Foro tuvo lugar un evento de alto nivel sobre la Protección de Infraestructuras Marítimas Críticas, un tema cada vez más importante si recordamos lo que sucedió en el Báltico en 2023 y 2024 con algunos cables de fibra óptica.
Más allá de los logros, la mera celebración del Foro y el nivel de asistencia muestran el poder de atracción que la UE tiene en la región.
Otros temas