ABC
| Registro
ABCABC de SevillaLa Voz de CádizABC
Blogs Bukubuku por Emilio de Miguel Calabia

Hacia la guerra (1)

Emilio de Miguel Calabia el

En 1941 toda la élite japonesa sabía que en caso de guerra con EEUU no tenían nada que hacer. Tanto es así, que la mejor estrategia que se les ocurrió fue darle duro a la flota norteamericana en Hawaii y a continuación crear un perímetro defensivo fuerte contra el que se estrellasen los ataques norteamericanos hasta que éstos por hartazgo tirasen la toalla. El equivalente en la vida cotidiana sería como si un contable de metro y medio decidiese darle un puñetazo en la mandíbula al campeón del mundo de los pesos pesados y esperase que si a continuación se protege la cabeza con los brazos y dice “a que no me das, a que no me das”, va a terminar el combate de una manera que no sea saliendo en camilla camino de las urgencias del hospital.

¿Por qué se metió la élite japonesa en una guerra que evidentemente no podía ganar? La primera explicación es que todos fumaban alguna sustancia exótica en las reuniones. Sin embargo, la historiografía ha desmentido esta hipótesis: lo más raro que se metían en el cuerpo era té verde y sake. La segunda explicación es que eran tontos del culo desde el Emperador hasta los ujieres. La competencia para llegar a la cumbre era tan fuerte, que los tontos tenían muy pocas posibilidades. Otra explicación que se nos cae.

Para empezar a entender un poco cómo llegaron a una decisión tan absurda como la de atacar a EEUU, hay que empezar describiendo cuales eran las premisas de las que todos partían en su análisis de la situación. Éstas eran: 1) Que Japón era un país pequeño y vulnerable, amenazado por vecinos más poderosos. Sí, ya sé que suena a coña que el país que tenía sojuzgada a Corea, había ocupado Manchuria y les estaba dando a los chinos, se sintiese pequeño y vulnerable, pero en política tan importante como la realidad es la percepción que uno tiene de ella; 2) Que Japón era pobre en recursos, especialmente en petróleo, y tenía que asegurarse el abastecimiento en materias primas. Ya sé que el comercio es uno de los medios que uno tiene para adquirir lo que le falta, pero uno siempre está al albur de que le sometan a un embargo comercial, por eso mejor apropiarse de las materias primas; 3) Que nunca cederían terreno en China. Habían muerto demasiados japoneses en una guerra inganable, como para que el gobierno pudiera decirle a la población que todo había sido una broma y que a cambio de un acuerdo comercial con el país X se retiraban de China sin haber conseguido ninguno de sus objetivos estratégicos.

El sistema de toma de decisiones japonés se basaba en el consenso, lo que implicaba que algunas decisiones se adoptasen no tanto porque despertasen entusiasmos, sino porque eran las que menos resistencias suscitaban. La insistencia en el consenso no viene de que los japoneses sean muy democráticos, sino de que aborrecen de la asunción de responsabilidades. El consenso permite eludir la parte individual que tomó cada uno en la decisión final.

Para entender la toma de decisiones japonesa también hay que tener en cuenta la distinción japonesa entre “tatemae” (posición adoptada oficialmente y explicitada) y “honne” (intención real). Los japoneses son unos maestros en el arte de la comunicación implícita. Un “tatemae” perfectamente aceptable puede encubrir un “honne” vergonzante, pero un japonés sabrá leer entre líneas y acatar. Un extranjero se quedará con el “tatemae” y no verá el “honne” que hay detrás. Muy práctico para mantener la armonía social y un desastre para las relaciones diplomáticas.

Los actores principales eran: 1) El Emperador: Tras la II Guerra Mundial hubo interés en presentarle como un mero figurón que había simplemente estado de oyente. Es cierto que no tomaba decisiones ejecutivas y que estaba fuera del día a día político, pero de ahí a presentarle como un mero monigote… Su opinión tenía un cierto peso en el ánimo de políticos y militares. Desgraciadamente el Emperador Hiro Hito tenía una personalidad más bien apocada y no era dado a sacar los pies del tiesto. Tuvo una influencia sobre las decisiones que se tomaron mucho menor de la que habría podido tener si se lo hubiera propuesto. Pero cierta influencia, la tuvo; 2) El Primer Ministro: Teóricamente sólo tenía que responder ante el Emperador. En la práctica no podía desoír la opinión del Ejército y la Armada. La irrelevancia de un Primer Ministro que no tuviese una personalidad fuerte y no contase con apoyos importantes en las FFAA queda de manifiesto en el hecho de que entre el 1 de septiembre de 1939, en que comenzó la II Guerra Mundial en Europa y el ataque a Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941, cuatro personas ocuparon el cargo. En el período clave que nos ocupa los Primeros Ministros fueron Fumimaro Konoe (julio de 1940 a octubre de 1941) y Hideki Tojo (desde octubre de 1941 hasta el final de la guerra). Konoye era un Príncipe. Occidentalizado y de ideas avanzadas, era visto por muchos como un extravagante. Como Primer Ministro su peor defecto fue su debilidad de carácter. No era hombre para plantarles cara no sólo a las FFAA, sino ni tan siquiera a sus Ministros de Exteriores, Yosuke Matsuoka, y de la Guerra, Hideki Tojo. Tojo era un general osado y trabajador, que no se andaba con chiquitas y al que respetaban mucho las Fuerzas Armadas; 3) El Ejército Imperial: Durante los años 30 el Ejército japonés había ido convirtiéndose en el controlador desde las sombras (y a menudo mucho más abiertamente) de la vida política. Una de sus unidades, el Ejército de Kwantung había decidido por sí y ante sí en 1937 que había que atacar China y el gobierno no había hecho más que asumir su política de hechos consumados y tragar y empezar a mandar más y más soldados a una guerra que no podía ganarse. Dentro del Ejército había habido dos facciones principales, la del Control (Tosei-ha) y la de la Vía Imperial (Kodo-ha). Los primeros querían modernizar y tecnificar el ejército para prepararlo para la guerra total; pensaban que el terreno natural para la expansión de Japón era el sur, donde estaban los imperios coloniales europeos. Los segundos apostaban por las virtudes marciales tradicionales y su objetivo preferido para la expansión era la URSS. En el Incidente Ni Ni Roku de 1936, la facción Tosei-ha resultó ganadora y sería ella la que determinaría los objetivos del Ejército en el futuro. No obstante, su victoria no implicó que el consenso se estableciese en el Ejército; 4) La Armada Imperial: La Armada Imperial se sentía preterida y celosa por el excesivo peso que había adquirido el Ejército en los años 30. En general la Armada era consciente de que sin los pozos de petróleo de las Indias holandesas no tenía nada que hacer. De esa constatación nacían dos facciones: los partidarios de la moderación, ya que no podrían ganar una guerra contra las potencias europeas y EEUU, y los que creían que precisamente para superar esa carencia era necesaria apoderarse sí o sí de las Indias holandesas, pasase lo que pasase. Con el paso del tiempo serían los segundos los que llevarían el agua a su molino. El sistema funcionaba de tal manera que eran los civiles los que estaban supeditados a los militares y no al revés. Un resultado nefasto de esto es que la política exterior japonesa en estos años estuvo determinada por un estamento militar de estrechas miras y con una comprensión deficiente del escenario internacional.

De alguna manera se había intentado poner orden en esta jaula de grillos. Se habían institucionalizado unas Conferencias de Enlace que trataban de coordinar a civiles y militares y en las que se tomaban las grandes decisiones de política exterior. Los participantes habituales en ellas eran el Primer Ministro, el Ministro de Asuntos Exteriores, el de la Guerra, el de Marina, los Comandantes supremos de la Armada y del Ejército y sus números doses. Eventualmente podía invitarse a estas Conferencias a algún otro Ministro en razón de su cargo. Nótese que estas Conferencias implicaban que las FFAA le pudiesen hablar de tú a tú al Gobierno. Existían, por otro lado, las Conferencias Imperiales, en las que se ratificaban las decisiones más importantes de las emanadas de las Conferencias de Enlace. Las Conferencias Imperiales tenían lugar ante el Emperador y participaban los mismos que en las Conferencias de Enlace más el Presidente del Consejo Privado del Emperador.

Historia

Tags

Si quieres ponerte en contacto conmigo:

Entradas más recientes