
La albada es un género poético de la poesía provenzal. Dos amantes han pasado la noche haciendo lo que los amantes hacen por la noche. Ven por la ventana que despunta el alba y es la señal de que se tienen que separar.
En lengua castellana, la albada más hermosa que conozco la escribió Jaime Gil de Biedma. Es una albada desolada. El amante lo es de una noche fugaz y puede adivinarse que han dormido en algún hostal barato de mala muerte. No hay sentimientos sublimes; sólo la constancia de que dos cuerpos se han dado placer durante unas horas. Ni tan siquiera sabemos si la otra parte ha gozado tanto como el poeta. Sólo sabemos a ciencia cierta que comienza un nuevo día donde el recuerdo del placer irá difuminándose a medida que avance la mañana. Dice:
“Despiértate. La cama está más fría
y las sábanas sucias en el suelo.
Por los montantes de la galería
llega el amanecer,
con su color de abrigo de entretiempo
y liga de mujer.
Despiértate pensando vagamente
que el portero de noche os ha llamado.
Y escucha en el silencio: sucediéndose
hacia lo lejos, se oyen enronquecer
los tranvías que llevan al trabajo.
Es el amanecer.
Irán amontonándose las flores
cortadas, en los puestos de las
Ramblas,
y silbarán los pájaros- cabrones-
desde los plátanos, mientras que ven
volver
la negra humanidad que va a la cama
después de amanecer.
Acuérdate del cuarto en que has
dormido.
Entierra la cabeza en las almohadas,
sintiendo aún la irritación y el frío
que da el amanecer
junto al cuerpo que tanto nos gustaba
en la noche de ayer,
y piensa que debieses levantarte.
Piensa en la casa todavía oscura
donde entrarás para cambiar de traje,
y en la oficina, con sueño que vencer,
y en muchas otras cosas que se
anuncian
desde el amanecer.
Aunque a tu lado escuches el susurro
de otra respiración. Aunque tú busques
el poco calor entre sus muslos
medio dormido, que empieza a
estremecer.
Aunque el amor no deje de ser dulce
hecho el amanecer.
– Junto al cuerpo que anoche me
gustaba
tanto desnudo, déjame que encienda
la luz para besarse cara a cara, en el amanecer.
Porque conozco el día que me espera,
y no por el placer.”
Cuando empecé a escribiros esta carta, quería incluir alguna albada de la poesía china para comparar, pero he buscado en vano. Me parece que la albada no es un género chino. El tipo de poema más habitual en la poesía china es el de la añoranza del amante. Algunos de estos poemas pueden ser muy formularios, con sentimientos que dan la sensación de estar impostados, pero hay algunos realmente conmovedores. Entre las poetisas estos poemas abundan. Un ejemplo lo tenemos en este poema de Yu Xuanji:
“Un poco borracha
cuando nos dijimos adiós.
Pero mil botellas
no pueden lavar esta tristeza.
Al separarnos, mi vientre: cien nudos.
No hay manera de deshacerlos.
Tu Dulce Orquídea se apaga.
Regresa
a los jardines a los que
el capricho de los jóvenes les hace dirigirse,
donde los sauces hacen compañía
con los barcos que pasan,
hasta que se mueven
a algún lugar, este
u oeste.
Juntándonos, yendo
cada uno por su camino. Ya me he
entristecido- no puedo contar con las nubes.
Este amor suspendido necesita
aprender del río: sigue
yendo y yendo.
Sí, hay una estación
en la que las flores brotan. Aunque
para llegar allí, lo sé.
y aunque para enlazarse.
solo no quiero
llenarme
de bebida
más bebida, en alguna hermosa torre blanca.”
Son los pensamientos de una mujer entristecida por la partida del amante que seguramente piensa que es ineluctable. Aquí choco con uno de los problemas de no saber chino: el tono moderno y un poco surreal del poema, ¿estaba en el original o hay que achacárselo al traductor?
El 20 de enero de 1075 Su Dongpo soñó con su mujer muerta y el poema que escribió esa mañana es en mi opinión, – y en la de casi todos los chinos-, el mejor poema de añoranza de la poesía china:
“En estos diez años que yo he vivido y tú has estado muerta,
No hemos tenido noticias el uno del otro.
Nunca he pensado en ti,
pero es tan difícil olvidar.
A mil millas está tu tumba solitaria,
no hay lugar en el que te pueda hablar de mi tristeza y mi soledad.
Incluso si nos encontrásemos, no me reconocerías
polvo en la cara,
patillas escarchadas.
La pasada noche soñé
que de repente volvía a casa.
Junto a la ventanita enrejada,
te peinabas el pelo.
Nos miramos sin palabras.
Sólo había mil filas de lágrimas.
Espero año tras año que este dolor vuelva a mi corazón,
en las noches a la luz de la luna
mis pensamientos van a la colina del pino bajo [se refiere al sitio donde estaba enterrada su mujer].”
Literatura