“La oposición de coalición” y la negociación política

Publicado por el Mar 17, 2017

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Desde el comienzo de la actual legislatura, el Gobierno está obligado a desarrollar una intensa actividad política de negociación; es decir, va a tener que realizar tratos dirigidos a la conclusión de pactos legislativos. El asunto principal que va a requerir esta actuación negociadora es la confección de los Presupuestos Generales para el año 2017, pero, como estamos viendo, no es el único. En estos días, estamos pendientes de la adaptación del sector de la estiba portuaria a la normativa europea.

Las actitudes que han dejado traslucir los implicados en el asunto de la estiba parecen revelar una mayor sensación de fortaleza de los que tienen menos poder de gobierno. Así, a la posición sumamente exigente de la “oposición de coalición”, integrada por el PSOE, Podemos y Ciudadanos, se contrapone una postura inevitablemente transigente del Gobierno. De suerte que, frente a la exigencias que plantean los sindicatos, apoyadas sin fisuras por Podemos (las imágenes de ayer dirigidas a los sindicalistas levantando el puño en señal de victoria de Pablo Iglesias son muy reveladoras) y con el desconcierto propio de los boxeadores noqueados por parte del PSOE y C,s, el Gobierno reitera su voluntad de seguir dialogando con los interesados con vistas a desmontar la posición monopolista en la que se encuentra dicho sector.

Si tuviéramos que valorar las posiciones de las partes negociadoras por las armas que blanden públicamente, tal y como hacen algunos animales ante de enzarzarse en la pelea, habría que considerar ganadores a los que negocian con el Gobierno. Éste muestra tal necesidad de alcanzar el pacto que se convierte en debilidad, y genera la apariencia de que es al único que le interesa. Es tal la necesidad cortejadora que tiene el Gobierno (que tiene que acatar ineludiblemente las directrices europeas) con sus negociadores que es lógico que produzca en ellos engreimiento. Por eso, se comprende que otros protagonistas hayan salido a la escena política para animar al cortejado a que desdeñe al pretendiente y lo obligue en último término a convocar elecciones generales.

Y es que mostrar debilidad no parece la mejor actitud para iniciar los tratos que deben desembocar en el pacto. La sensación de endeblez inherente en la propia necesidad de alcanzar el acto por uno de los negociadores produce en el otro el consiguiente aumento de su arrogancia. Y desde esta posición altanera que se deja alcanzar a la “oposición de coalición”, es mucho más difícil llegar a un acuerdo que no consista en otorgarle todo lo que previamente había exigido. Dejar que públicamente se crezca en exceso al otro negociador es un inconveniente añadido para lograr el pacto, que hubiera sido perfectamente evitable de haber puesto desde el principio sobre el tapete las enormes fortalezas negociadoras que tiene el Gobierno, como sucedió por ejemplo hace cierto tiempo en las negociaciones con los controladores aéreos.

La “oposición de coalición”, en lugar de mostrarse tan ufana por darle un revolcón al gobierno, debería tener muy presente que nuestra Constitución establece que es el Gobierno –y no la mayoría parlamentaria coaligada- quien dirige la política interior y exterior de España y que eso significa que tiene encomendado la defensa del interés nacional. Y este interés consiste indiscutiblemente en acatar las exigencias europeas y evitar el pago de una multa diaria de más de 130.000.

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