El debate a tres

Publicado por el Nov 30, 2015

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Al ver el debate entre Ciudadanos, PSOE y Podemos iba creciendo la sospecha de que el PP se lo pensó muy bien pensado. De haber estado, los tres se hubiesen centrado en criticar (destrozar) su gestión. Al no participar, se han visto obligados a aportar sus ideas y la impresión es muy cuestionable.

El atril vacío les ha obligado a exponer sus ideas, algunas de las cuales son, como poco, extravagantes.

Sucede también que el votante está acostumbrado al bipartidismo. Confieso que me perdía, que los cruces de acusaciones y réplicas me dejaban perplejo. Que perdía el hilo. Era como uno de esos triangulares del verano, en los que no sabes muy bien quién va ganando.

El multipartidismo diluye a las fuerzas. En el bipartidismo hay una congruencia totalizadora, un sentido, reproduce de alguna forma la dialéctica del mundo.

Aquí uno hería al otro, pero a continuación recibía un rejón de un tercero. ¿Cómo quedaba entonces?

¿Funciona la transitividad como ley en los debates?

¿Ha existido el boxeo a tres alguna vez?

Sánchez, que estaba en el centro, se ha llevado la peor parte. ¡Qué collejas rajoyitas le caían desde los dos lados!

-Voy a reformar.
-Pues yo voy a derogar.

Escuchando, parecía que esto era Uganda. Qué disloque de propuestas, de ocurrencias, de pretensiones de hacer un país nuevo, o como se dice en Cádiz: nuevo del paquete.

Quizás sea, ya digo, el efecto desordenado del debate a tres.

Ha habido tantas cosas dignas de apunte que sería necesario hacerme con todos los blogs del periódico, mancomunarlos, ¡unirlos en un gran Pacto de Blogs para analizar las propuestas!

El modelo de país de Iglesias es una ocurrencia inigualable: “Ocho apellidos catalanes”.

Y Sánchez ha dicho: “Mi patria es la igualdad”. En esa frase, de una profundidad enorme, está encerrada la ideología de tanta aparente banalidad, el fanatismo del que no se sale.

Pero una cosa menor, muy pequeña, me ha llamado la atención. Ha preguntado alguien del público: “Vivo en Texas, investigador, y quiero volver. ¿Cómo?”. Y los tres han propuesto medidas para “traer a los cerebros”.
Los cerebros esto, los cerebros lo otro… ¿Y los de aquí qué somos? ¿Páncreas? ¿Y los de fuera que no sean cerebros, los que no pasen de riñones qué? ¿Los dejamos allí? La importación de cerebros adquiría, convertida en el enésimo Plan Nacional, un significado casi literal.
En esta sima de igualdad, toda la atención se la llevaba el español-cerebro.

¡Qué elitismo tan antiguo este de los “cerebros”!

Me ha llamado la atención el aspecto de los tres. Las ojeras, la palidez (Rivera era Marcel Marceau), lo enjuto que se nos está quedando Iglesias… Que acabe ya esto, que tomen asiento parlamentario, poltrona, sillita curul, dicho ansónicamente. Que descansen.
Porque la Nueva Política será muy nueva, pero lo primero que se le pide a un político (yo al menos) es lustre.

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