Crónica. FCB, 0; Bayern, 3

Publicado por el May 1, 2013

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Como si el únicoo motivo fuera hacer el tifo (el tifus, gritaba un parroquiano en un bar), el coreográfico público culé acudía al Estadi sin el ánimo jaranero de los madridistas. Lo más parecido al espíritu de Juanito que podía mostrarnos la televisión era Charli Rexach, que más que de la remontada es un espíritu ribereño de la ironía y el relajo. Uno de mis personajes preferidos del fútbol es ese extraordinario futbolista que devino luego en anti-entorno (complemento de Cruyff, algo así como los González-Guerra de los banquillos) y que puso bajo sospecha la vileza futbolera de correr. Sin Messi, con un Villa que da penita verlo y un Xavi que ya tarda lo que un planeta en darse la vuelta sobre sí mismo, el Barcelona ya tenía bastante con comparecer. En la grada había una tranquilidad como si no les doliese lo alemán ni el 4-0. El Barça es que se toma Europa como europeo, no como el Madrid, que sale de otro modo y se pone heroico o se traumatiza.

 

Antes del inicio, Muller sonreía tranquilo e Iniesta le quería ganar la partida con una relajación mayor. Sólo Alves, que masajeaba nerviosamente al niño uefo, mostraba signos de tensión.

La mirada de Iniesta era la de un hombre sin pulsaciones. La gente con espaciadas pulsaciones asusta. Parece que en el lapso están un poco muertas.

El corazón hay que oírlo. Tropel, cabalgata de nervios.

El Bayer lucía un rojo que no era exactamente el rojo de otros tiempos. Viendo lo de Holanda hemos conocido el azul klein y yo creo que hay un rojo Effenber, un rojo Müller y un rojo Matthaus.

Müller. Qué futbolista, Müller. Ayuda en el centro, bascula presionando y corre y llega y hasta remata de cabeza. Al correr se le bajan las medias como a Nicola Berti, con la alegría infantil de correr. Entran verdaderamente ganas de echarse a la calle viéndole jugar.

¿Cómo separan lo físico de lo técnico? Esa distinción suena a la de alma y cuerpo, que llevaba a Wilde a decir que quien así distinguía no tenía ninguna de las dos. En la redondez de la zancada de Müller está todo el fútbol. Una invitación a practicar ese deporte.

Por el Barcelona faltaba Busquets, que es un jugador parangonable al centro del campo modernísimo del Bayern. Todos los ataques culés empezaban con Xavi mirando a Song como si siempre sacasen de centro. La transición, muy dificultosa, era como la cadena de transmisión de un cubo de agua en la urgencia de un incendio: Song, Xavi, Iniesta, sin que apareciese demasiado Cesc. Esos escalonamientos tan cantados y mecánicos parecían inofensivos.

Por la banda, Ribery perseguía a Alves, como Jano tatuado y horroroso.

El Bayern, pese a su esplendor, no tiene mirada. Es un equipo sin mirada. Es demasiado bueno, pero no tiene la mirada. Y lo va a ganar todo, pero seguirá sin la mirada y eso que Heynckes tiene otro semblante al que tuvo en Madrid. Rojo como un turista (pensábamos que los alemanes estaban rojos porque eran turistas, pero no, Jupp está rojo también allí), al verle recordábamos los años mozos. Jupp es un damnificado del Madrid. Fue remontado cuando entrenaba al otro Borussia y luego contratado, ninguneado y despedido. Tuvo el pack completo de lo que ofrece el Madrid a un entrenador.

Uno no es nadie en Europa si no le remonta el Madrid a base de escupitajos, uyuyuys y ardor belicoso y también dispéptico de los locutores.

Pero Jupp no parece nadie porque los entrenadores también deben crearse imagen de marca, que no es el estilo, sino la aureola. A Heynckes el Madrid le pasó por encima como una crisis, pero es que verdaderamente, ese Madrid era siempre una crisis abierta.

El Bayern es un sistema simétrico y basculado de ayudas. El delantero y Ribery le hacían un escrache en banda a Alves. Parecen que se echan broncas por defender y funcionan mejor que un Mercadona de perfectos reponedores inmediatos.

 

 

En el Barça, además de la cadena del balón, interrumpida con algo de brutalidad por los alemanes, funcionaba mandarle balones a Alves, que los colgaría para la aparición de un improbable Villa. Villa, Bartra, Pedrito, con caras y cuerpos como de pasar fatiguitas.

 

¿Es triste ver a Villa? Pues pónganle el nombre de Raúl y déjenle cinco años más de titular en can Barça.

 

El primer gol llegó por Robben. Pase largo, control orientado y golpeo al ángulo. Robben es un extremo que como todo extremo tiene en cuenta al contrario, el regate, pero que además tiene en cuenta el ángulo, la portería. Tiene alma de delantero y combina las dos preocupaciones en su perfilamiento. Al correr busca rival y ángulo a la vez. Esto lo hacen pocos como él.

 

Que un equipo funcione es eso: que exista un extremo, al menos uno, y que pueda recibir en ese lugar en que el extremo abre varios interrogantes: el pase, el regate y el gol.

Robben es la centella mourinhista dentro de un equipo sólido. En Madrid fue (y sería), correteo deshilachado. Eso tiene el Madrid, que se hace y se deshace a un tiempo.

Cayeron más goles del Bayern y estando así la cosa el público decidió cantar el himno. Un total de 7-0 es cosa de no olvidarse, ni siquiera en un Barça que a fuerza de títulos parece haberse desnaturalizado un poco. Proceso similar el del Madrid, pero en sentido contrario.

¿Le duelen al Barça las humillaciones que no le inflige el Madrid?

Messi, en el banquillo, a esa altura del partido aún lo observaba todo con extraña atención. Ese gesto suyo que no sabemos si esconde un futuro entrenador o un recuerdo.

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