¿Uniforme escolar? Muchas gracias, pero no

Publicado por el ago 28, 2014

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uniformados-1Ha sido un gran verano. Hemos disfrutado de nuestras hijas a tope. Las niñas, que siguen estando enamoradas de su papá (es lo que tiene tener niñas) han reforzado sus vínculos conmigo y, me atrevería a decir que han desarrollado una especie de mamitis importante a tenor de las veces que dicen mami a lo largo del día. El verano o, mejor dicho, las vacaciones llegan a su fin y llega la esperada rutina. A mí, por lo menos, me gusta muchísimo. Aunque sólo sea para poder romperla ocasionalmente.

Ha sido un verano de acostarse tarde, de comer helados, de estar en pijama hasta las dos de la tarde, de dormir hasta las 12 de la mañana, de ir mucho a la playa, de estar desnudas en la playa, de disfrutar de los cuatro abuelos, de estar con primos de ambas partes, de jugar, jugar y jugar. Pocas normas y muy concretas y, sobre todo, dejarles en la cabeza, en sus recuerdos, que el verano es eso: felicidad en estado puro. Hemos sido muy felices como padres haciéndolo. Cada día que pasa notamos cómo disfrutamos más y más de nuestras hijas. Es el gran regalo de la vida.

Y ahora, digo, toca empezar de nuevo. La semana que viene Doña Tecla comienza las clases. Moyenne section, o el equivalente a segundo de infantil. Mofletes Prietos puede comenzar a ir al colegio de su hermana en cuanto cumpla los dos, hecho que sucederá en noviembre, pero hemos decidido esperar a Enero para que lo haga. Entrará en una clase que es previa a la educación infantil, es decir, a una guardería, pero dentro del centro escolar.

Así que hay que prepararlo todo y eso hice hace unos días. Coger la cartera y de compras a equipar. El colegio de mis hijas no tiene uniforme. Y no lo tendrán más tarde. El Liceo francés no lo tiene. Esto, que puede parecer a priori, una desventaja, es en realidad un acierto que va en línea con el modelo pedagógico del sistema que tanto me gusta y que, por tanto, he escogido. Cada vez estoy más contenta con la decisión. Estaba leyendo esta mañana un magnífico artículo firmado por Azucena Caballero, co directora de la Pedagogía Blanca sobre este eterno debate: ¿Uniforme sí o uniforme no? Lo puedes leer aquí

Cada vez que escucho defender el uniforme las razones son siempre las siguientes:

ejército- Es más cómodo. ¿Para quién? Obviamente para los padres ya que así no tendrán qué pensar ni tendrán que discutir con sus hijos sobre qué ponerse cada mañana. He ahí el quid de la cuestión. Imponer a tus hijos qué se ponen cuando, precisamente, el modo de vestir y, por lo tanto, la decisión de hacerlo, define muchísimo la personalidad de un ser humano. No en vano, muchas veces, por cómo va peinada o vestida una persona podemos intuir cómo piensa, cómo vive…Que no debería ser así es cierto. Pero no menos cierto es que por la forma de vestir de una persona podemos intuir muchas cosas de su vida. Las buenas, sobre todo.

No se trata de dejar que hagan lo que les dé la gana especialmente si les perjudica, por ejemplo, llevar sandalias a dos grados bajo cero. Se trata de, dentro de unas pautas, dejarles que escojan. Porque el gusto también se educa. De la misma manera que les indicamos el camino a la hora de comportarse en sociedad, los padres debemos indicarles también algunas nociones de buen gusto. Luego ya, con los años, ellos mismos definirán qué les gusta y qué no.

Estando este verano en casa de mi madre, una de las grandes “peleas” que tuve con ella fue su sempiterna manía de ir detrás de Doña Tecla para ponerle una coleta o una pinza. Doña Tecla tiene el pelo rizado como servidora (en la foto que acompaña al blog había ido a la peluquería, no se fíen) y le gusta llevarlo al aire, suelto. Con el verano se le ha puesto rubito y la verdad es que tiene una pinta que a mí me encanta. A ella no le gusta que se lo recojamos. Ella, como buena Libra que es, tiene un marcado sentido estético y pone mucha atención a la ropa que se pone, a los zapatos y a las “poseyas” (pulseras) Gusta de mirarse en un espejo antes de salir y siempre busca mi aprobación con la mirada. Y hasta que no le digo: ¡Qué guapa estás! no parece quedarse tranquila. Así que los días que hemos estado en casa de los abuelos maternos, cada mañana mi madre la perseguía para ponerle coleta y lazo y la otra huía como gato del agua. Por supuesto me dijo la sempiterna frase: ” Ay que ver qué mal la estás educando que dejas que haga todo lo que le da la gana” No es cierto, no dejo que haga todo lo que le da la gana. Simplemente escojo las batallas que quiero librar y, francamente, si a mi hija le gusta llevar el pelo suelto, ¿por qué motivo no voy a dejar que lo lleve? “¡Ya verás cuando le digan algo en el colegio!”, me espeta. Y es que, justamente, en el colegio no le dicen nada. Es más, puede llevar hasta las uñas pintadas si quiere. Y lo hace, de hecho, a veces. No veo cuál es el motivo para impedírselo.

igualesRecuerdo con horror esas mañanas de mi infancia en las que mi madre me peinaba y me hacía un daño terrible para quitarme los nudos. Y luego el dolor de cabeza que se me ponía por llevar esas coletas tan tirantes, sólo porque a ella le gustaba cómo me quedaban. ” Es que tienes el corte de cara muy bonito” Ya, pero a mí no me gustaba. Hoy día es raro que me recoja el pelo. Ni siquiera lo hice el día de mi boda. Me molesta. Me gusta llevarlo suelto, sin ataduras. Quizás por la obligación de mi madre de llevarlo sujeto.

Así que (volviendo al tema que me enrollo) lo de la comodidad es aplicable a las madres pero no a los niños. Ya me dirá qué tiene de cómodo jugar con una falda de tablas o con un pichi en un patio con arena en lugar de hacerlo con unos vaqueros y unas deportivas.

-Estropea la ropa. Esta es, con diferencia, la frase menos consistente de todas. Es la excusa menos fuerte desde mi punto de vista. Para empezar, que levante la mano quién tenga hijos a los que le sirva la ropa de un curso para otro. Y no se trata sólo de las tallas. Es que la ropa, aunque sea la de un uniforme, se gasta y lo que han usado los mayores a diario, los pequeños no lo van a poder heredar. O sí pero lleno de remiendos. Si la cuestión fuese económica no diría nada porque cada uno sabe perfectamente lo que tiene en casa pero cuesta lo mismo comprar dos uniformes completos con sus zapatos y abrigo a juego que equipar a un niño/a para todo el invierno con ropa de trote, es decir: tres o cuatro vaqueros, tres o cuatro polos y dos jerseys más un par de zapatillas de deporte que no tienen que ser de marca.

igualesdiferentes- Marca la diferencia entre niños. Bueno, precisamente es lo que a mí me gusta. Que haya diferencias. Pero no diferencias de tú tienes más dinero. No, ni muchísimo menos. Diferencias de criterio a la hora de vestir, a la hora de pensar, a la hora de ser. A mi hija mayor le gustan unos juguetes (los coches y los animales) y a la pequeña le gustan otros (los bebés y las motos) Y ambas están recibiendo la misma educación y los mismos modelos. Sin embargo la peque, con 21 meses ya demuestra perfectamente sus gustos. Incluso en la ropa queriendo ponerse unas zapatillas u otras. A la mayor le gusta ponerse muchas pulseras en la mano. Me gusta que la gente marque sus diferencias a través de su estilo. ¿Qué tiene de malo que una niña que va a cumplir en un mes 4 años tenga claro que le gusta más el color azul que el verde? A mí, particularmente no me parece mal. En cuanto a las diferencias sociales pues eso dependerá mucho de los padres, más que de los hijos. Yo fui a un colegio con uniforme y sabíamos perfectamente quién llevaba un estilo de vida más “acomodado” que otro por muchos otros detalles, por ejemplo, las actividades extraescolares. La diferencia en pensar de manera diferente, en tener criterios distintos, en tener capacidad de elección. Somos iguales en derechos y obligaciones. Pero no en formas de pensar. Eso se tiene que mamar desde pequeños. Y la ropa es una buena manera y aunque parezca algo superficial, no lo es. El pasado curso a Doña Tecla le comenzaron a hablar, a través de cuentos como Elmer, el elefante, de la importancia de ser diferente a los demás, de la importancia de no sentirte mal si no eres como los demás.

-Fomenta el bulling. Se quiera o no, el buying no tiene que ver por la ropa. Generalmente tiene que ver con rasgos físicos (llevar gafas, estar gordito, ser pelirrojo) o por la actitud (tener muy buenas notas, ser un empollón…ser tímido) Las marcas también están presentes en los uniformes. Hay polos de uniforme blancos de marca y otros de Alcampo. Hay zapatos baratos y los hay caros. Hay relojes, estilos de vida, que si esquías en los Alpes y yo no. Que si tienes caballos y yo no. Eso no depende de llevar uniforme sino del estilo de educación que se marque en casa y, sobre todo, que se vigile en el centro.

- Genera capacidad de elección. Me gusta la diversidad. No me gusta la uniformidad. Me gusta que la gente sea libre y que lo sea desde pequeña. Tendemos a no respetar a los niños por el mero hecho de que son niños y no atendemos a sus peticiones. Y no es libertinaje. Mis hijas no pueden decidir viajar sin cinturón de seguridad, tampoco pueden decidir a qué hora se acuestan o qué comen. Tampoco deciden si van al colegio o no van. Por lo tanto sus padres decidimos por ellas el 90% de sus vidas. Porque les demos una parcela donde puedan aprender a elegir, a tomar decisiones en algo tan fundamental como es el aspecto físico, no creo que las estemos maleducando. Queremos tener hijos que de mayores sean personas libres y con criterio pero capamos en su infancia su capacidad para aprender a elegir. Y es que a escoger también se aprende. En realidad, salvo dormir y respirar y alguna función básica y fisiológica, todo se aprende en esta vida. Hay una frase que se la meto a fuego en la cabeza (es un decir) a mi hija mayor cuando está indecisa sobre qué hacer para jugar, si quedarse en casa jugando con los caballos o ir al parque. Si jugar con los coches o pintar. Y siempre le digo: Siéntete libre de hacer lo que más te apetezca porque es tu tiempo de juego, así que juega a lo que quieras. Me parece fundamental que nuestros padres nos inculquen la capacidad para escoger. Eso también forma parte de educar. Imponer no es educar. Es otra cosa.

Así que estoy de acuerdo, una vez más, con las chicas de la Pedagogía Blanca. No me gustan los uniformes. Y, además, recuerdo con espanto la época en la que lo llevaba. Llegó un momento en el que, además, me sentía ridícula. Sobre todo cuando ya tuve pecho y caderas me veía con esa tabla de cuadros, esos zapatos gorila. En fin.

Dicho todo esto, añado (un par de horas más tarde) lo siguiente:

- No es lo mismo tener una niña que un niño. Las niñas, generalmente, le suelen dar más importancia a la ropa que les pones. Los psicólogos lo pueden explicar muy bien. 

 

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2014

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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