Milton Glaser: diseñar, enseñar y deleitar

Milton Glaser: diseñar, enseñar y deleitar

Publicado por el feb 23, 2017

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Milton Glaser. Conversaciones con Peter Meyer (Gustavo Gili) recoge tres encuentros entre el nombrado y premiado Milton Glaser (1929) y el editor Peter Mayer que fueron publicadas en tres libros dedicados a la obra del diseñador (Milton Glaser. Graphic Design, 1976; Art is Work, 2000, y Drawing is Thinking, 2008) y que ahora Gustavo Gili nos trae al castellano por primera vez. Creo que Milton Glaser no necesita presentación dentro del mundo del diseño, al ser uno de los más influyentes diseñadores vivos del momento. En estas conversaciones entre Glaser y Mayer reflexionan sobre toda una serie de cuestiones que tienen que ver con el diseño, el arte, el dibujo y la relación entre ellos, como trabajo y como parte de la vida. Se habla de temas generales como el papel del diseño en su contexto social, el código deontológico no escrito del diseñador, de lo que constituye su dignidad, y de la relación entre creatividad y trabajo; se habla de la relación y la distancia entre diseño y arte y de la relación entre vida y arte, de la importancia o no de tener un estilo, de las relaciones con los clientes, y se habla, por supuesto de la obra de Glaser y sus influencias, como de la figura mítica de Piero della Francesca, por su absoluta claridad geométrica, precisión y sensación de inevitabilidad. Además, Glaser da pautas para una reflexión guiada sobre la importancia del dibujo y de dibujar a mano y cómo puede influir en un trabajo determinado y en la vida, afectando a la atención de los detalles que nos rodean. “Dibujar puede considerarse una forma de meditación [...]. Creo que el arte es una forma de meditación tanto para quien lo crea como para quien lo contempla y que, como sucede con la meditación, el arte nos hace prestar más atención [...]. Nos ayuda a sobrevivir estimulando nuestra atención.

Cuenta Glaser que en algunos aspectos, los objetivos tanto del arte como del diseño son armoniosos y congruentes. En diseño, existe siempre una información previa que debe ser transmitida al público para que llegue hasta ella. Este objetivo es primordial en la mayoría de las actividades propias del diseño. Por otro lado, la función esencial del arte es modificar o intensificar nuestra percepción de la realidad, a medida que las sociedades se desarrollan, la transmisión de información y la función artística comienzan a divergir originando la distinción entre el arte elevado y las formas de comunicación de información dirigida a una población cada vez más numerosa.

Glaser con el fundador de la revista New York Magazine Clay Felker

Glaser con el fundador de la revista New York Magazine, Clay Felke.

La producción del diseño asume que el público a quien va dirigido posee  un conocimiento a priori del vocabulario empleado. En cuanto a las obras de arte relevantes apelan a nosotros de una manera que altera nuestra percepción de la realidad. Aquí Glaser apela a los sentidos, a la percepción psíquica de cada cual a la hora de enfrentarse a un diseño o a una obra de arte. El diseño transmite una información previa que el público ya comprende, porque el diseño trabaja con formas familiares por lo que hay mucho en su práctica que dependen de los clichés. De hecho, el estudio del cliché como medio de expresión es fundamental para la comprensión de ese diseño.

Tanto en el arte como en el diseño hay una línea muy delgada que aveces se traspasa queriendo o sin querer, es la línea de la imitación. Una imitación que puede ser considerada como tal o puede ser considerada como una fuente de inspiración. Glaser habla de que la imitación es interesante si bien hay una diferencia entre influencia y dicha imitación. En las cualidades superficiales de las obras imitadas se producen distorsiones que se acentúan y terminan por convertirse en el elemento más característico y ubicuo. Al fin y al cabo, la imitación cumple una importante función social, ya que ayuda a definir y popularizar los estilos. Glaser trata de que su práctica como diseñador sea un motor de desarrollo personal ya que la labor que uno realiza como diseñador puede convertirse en un mecanismo extraordinario de autorrealización. El diseñador  recibe una respuesta a lo que hace, a la información que comunica, y en cierto sentido, obtiene una justificación del propio trabajo. El artista y el diseñador tienen la oportunidad de contemplar su trabajo durante un periodo de diez años y ver así la manifestación visual o tangible de los estados mentales que entonces representaba de un tipo de feedback que dura toda una vida, afirma Glaser.

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Ese feeback que se obtiene a partir de una obra de un problema a resolver, Glaser se hace la pregunta de ¿cómo empezar a resolver un problema de diseño? Hay dos posibilidades: una se corresponde con la respuesta profesional a un problema determinado que proviene de reconocer soluciones previas y válidas a problemas similares. En gran medida, emplear fórmulas exitosas con resultados relativamente predecibles es profesional, pero, por definición, muy poco creativo. Otra forma de proceder más significativa es la que se enfrenta a problemas cuya resolución no puede reducirse a replicar fórmulas ya existentes o a una intelectualización del contenido. El proceso creativo es, un proceso ciego que no puedes preestructurar y en el que tienes que permitir que la información brote de una manera espontánea, sin voluntad de control.

Para Glaser la relación entre arte y vida se puede observar en la experiencia que proporciona el diseño. Hay algo en el propio acto compositivo, en la misma acción de mover las cosas de un lado a otro hasta que uno encuentra una forma expresiva y poderosa de relacionarlas, que también puede aplicarse a la propia experiencia vital, en un sentido temporal. Por medio de la observación surgen los mejores trabajos que existen con independencia unos de otros. Lo que el diseñador intuye es una conexión, singular o plural; percibe una vía para unir entidades separadas y crear una gestalt, una experiencia perceptiva en la que esta nueva unidad proporciona una nueva imagen a través de conexiones que permiten asociar fenómenos que nunca se habían vinculado de modo que formen una especie de unidad. De eso va el diseño y de eso va el arte, y no importa mucho con qué medios o soportes se consiga, concluye Glaser.

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Pero, ¿qué es realmente el diseño para una figura como Milton Glaser? nos da varias definiciones: una es la intervención en el flujo de acontecimientos con el fin de provocar un efecto deseado; otra es la que identifica el diseño con la introducción de un componente intencional en los asuntos humanos, y finalmente, el diseño es aquello que transforma las condiciones de existencia que las cosas tienen de partida y las convierte en otras diferentes más acordes con nuestras preferencias. Lo que importa no es la categoría o el medio, sino el efecto que produce en nosotros.

Glaser nos da también otras pautas para enfrentarnos al problema y resolverlo a través del diseño, mediante la formulación de cuatro preguntas esenciales: ¿Para quién es? ¿Qué les digo y qué quiero que hagan? Eso vincula el mensaje y la respuesta del público, y ¿cómo puedo expresar ese mensaje de la manera más convincente y apropiada? En este punto es donde pasan a primer plano la estética, la organización y la apariencia. Los diseñadores usan ideas que, habitualmente no generan ellos mismos pero que, de alguna manera, comunican a toda la sociedad. El diseñador tiene una responsabilidad muy importante en la creación de formas que esencialmente son para una cultura. Unas formas que pueden ejecutarse a través del dibujo. Herramienta fundamental para Glaser ya que lo define como el camino a la observación y a la atención. No hay nada más poderoso en materia de aprendizaje que la interacción del ojo, la mano y el cerebro, por lo que no hay instrumentos más directos que un lápiz y un trozo de papel para la expresión de ideas. Todo lo demás que interfiera en la relación entre el ojo, la mente, el brazo y la mano redunda en una pérdida de fidelidad.

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Estas conversaciones son unas magníficas palabras que arrojan luz sobre una profesión como la del diseño tan subjetiva e interpretable y que ayudarán al diseñador experimentado -y no tanto- a seguir creyendo en un oficio tan antiguo y bonito como este. Que si es respetado, tanto por profesionales como por sus clientes, se pueden llegar a realizar grandes cosas que llegan a cambiar incluso sociedades y su cultura y me atrevería a decir que podría elevarse esa pieza a la categoría de arte mayor. Este libro es otro de los muchos imprescindibles de la editorial Gustavo Gili que hay que llevar a la biblioteca de todo diseñador y amante del buen arte, el diseño y la comunicación, para como dijo el admirado por Milton Glaser, Horacio a propósito del arte para “enseñar y deleitar” y provocar a la mente ideas para entender, y esto se consigue leyendo a Glaser (además de la ya publicadaDiseñador/ciudadano. Cuatro lecciones breves (más o menos de diseño)) y sobre todo, viendo su trabajo. Estoy seguro que se entenderá mucho mejor el diseño y su aplicación en la sociedad. Un imprescindible.

Milton Glaser. Conversaciones con Peter Meyer // Gustavo Gili // 13,90 euros // 2016

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