Jessica de los Allman Brothers

Publicado por el Sep 25, 2014

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Los buenos aficionados saben que la Allman Brothers Band fue un grupo con dos vidas marcadas por el carisma y la muerte temprana de Duane Allman, considerado después de Jimi Hendrix el mejor guitarrista de rock de todos los tiempos. Nadie discute que hablar de los Allman es hablar de una de las mejores bandas de rock de la historia desde que grabaran aquella primera canción titulada “Black Hearted Woman”, su primer single como ABB. Esta canción, junto con “Dreams” y “Whipping Post”, se grabó en julio de 1969 y fue luego incluida en su álbum de debut, The Allman Brothers Band.

Para su segundo álbum editado por ATCO, disco de culto que aún hoy sorprende por su riqueza en matices, la banda de los hermanos Allman rinde homenaje en el título, Idlewild South, a la granja donde habían vivido en las afueras de Macon en su Georgia natal. La casi totalidad de las canciones, como por ejemplo “Midnight Rider” las firma Gregory LeNoir Allman, el hermano del órgano, el piano y las voces, excepto dos que son de Dicky Betts  y una versión del “Hoochie Coochie Man”, atribuida en el disco a Willie Dixon. Duane Allman, el otro hermano,  no compone apenas, se limita nada más y nada menos que a revolucionar calladamente desde su Gibson LesPaul el modo de concebir la guitarra eléctrica con una mano puesta en el blues del Delta y la otra puesta en el jazz de John Coltrane.

Este segundo disco ha ido creciendo en importancia siendo considerado una de las obras clave del rock de los primeros años setenta, sin necesidad de contener ninguna canción de éxito. Hacía presagiar el torbellino creativo que estalla en esa prodigiosa grabación en vivo que es el tercer disco publicado por la banda: The Allman Brothers Band at Fillmore East. Tal grabación de diciembre de 1969 supone un punto de inflexión en el crecimiento del grupo, un intento consciente por parte de Duane Allman de tener más espacio para poder desarrollar su creatividad, más allá de los 3 minutos y medio de las canciones grabadas en estudio. Allí se encuentran memorables interpretaciones de “Statesboro Blues” o “Stormy Monday”.

El cuarto álbum de los Allman será ya en gran medida sin Duane, aunque sus guitarras aparecen de manera cuasi-fantasmagórica, ya que muere trágicamente en un accidente de moto en 1971. La tragedia se repite casi en las mismas circunstancias con el bajista de la banda, Berry Oakley. El propio Gregg contrae una hepatitic C contagiada por un tatuaje en malas condiciones que explica bastantes cosas del desarrollo y declive de la banda hasta 1976 que es cuando se separan.

Se ocupa de la producción de este cuarto disco el ingeniero y físico llamado Tom Dowd que había sido el artífice y promotor del encuentro glorioso entre Duane Allman y Eric Clapton en la legendaria grabación de estudio de “Layla”. Eat a Peach incluía canciones que marcan la vida nueva de los Allman, donde Gregg deja cada vez más espacio para que Dicky Betts, el segundo guitarra, se luzca.

Dicky Betts cobra mayor liderazgo en un disco extraño, donde se mezclan versiones de viejo blues de Sonny Boy Williamson (“One Way Out”), una de las escasas canciones firmadas por Duane y tocada a dúo de guitarras con Richard “Dicky” Betts como es “Little Martha”; y otras como “Aint Wasting Time No More” (donde debuta Betts a la slide guitar) o “Stand Back”, una de las últimas veces en que puede oírse la incomparable slide guitar de Duane.

El disco incluye también una preciosa canción que Gregg le dedica a su hermano titulada “Melissa”, que en realidad no es sino el rescate de una de las primeras canciones que compuso Gregg Allman, antes incluso de que se formara la banda.

Y por fin llegamos a su quinto disco, Brothers and Sisters, con la incorporación de un nuevo teclista llamado Chuck Leavell y un nuevo bajista, Lamar Williams. El compositor indiscutible es ahora Dicky Betts, que consigue por primera vez que el grupo entre en listas de éxitos alcanzando el primer top-ten de su carrera con “Rambling Man”.

El éxito continuó con “Jessica”, un instrumental fascinante que hace al oyente remontar el vuelo a diez mil pies de altitud con su juego entre el piano y las guitarras y que Dicky Betts compone inspirado en su sobrina. En la grabación del disco tuvieron que dedicar tres largos meses, pero el resultado fue el reconocimiento masivo de estos señores del sonido sureño, auténticos reyes indiscutibles del género, en gran medida inventado por ellos mismos. Y pensar que, según cuenta su biógrafo Alan Light en conversación con el propio Gregg en My Cross to Bear (William Morrow/Harper Collins, 2012), Duane y Gregg habían comenzado siendo unos niños en esto de la música por culpa de Otis Redding.

 

 

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