Gerry Goffin en el origen del rythm and blues

Publicado por el Jun 23, 2014

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    Para recordar y homenajear a Gerry Goffin, muerto  por causas naturales el jueves 19 de junio a los 75 años de edad en su casa de Beverly Hills, no se me ocurre nada mejor que intentar una vez más pintar el retrato de una época y la página de una historia que de tan bonita como es no puede dejar de subyugar a todos los buenos aficionados a la música.

   Fue a partir de 1958 cuando los cantantes y productores negros del Norte y el Oeste de EE.UU. comenzaron a dotar a la música de una sofisticación desconocida hasta entonces. El análisis de los sentimientos se hizo más fino y profundo, sin eludir las contradicciones, reflejo de un mundo que cada vez se iba haciendo más complejo.

   Como término genérico suele utilizarse rhythm & blues” para significar un crisol de músicas diferentes con un elemento en común de vital importancia: la intención de crear un efecto sobre todas las cosas. Para ello, el papel de las letras como reflejo de los sentimientos contradictorios iba a ser crucial a partir de ahora, algo en lo que Gerry Goffin mostró ser un  auténtico maestro.

  Musicalmente la influencia del rock & roll había dejado huella en la fuerza de los cantantes, la importancia concedida a los estilos de cantar, en la puesta en escena y en la creación de ritmos trepidantes. Los productores de rhythm & blues acotaron cada uno de estos elementos para analizarlos por separado con la intención de sacarles el máximo provecho.

   Jerry Leiber y Mike Stoller, los productores más representativos del nuevo sonido, trabajaban en Nueva York. El elemento fundamental para ellos era la letra, sobre la que debían rotar el resto de elementos, incluida la voz del cantante. Acentuaron más los arreglos y aumentó la tendencia a incorporar coros.

   El primer lanzamiento importante del nuevo estilo fueron los Drifters. Aún seguían siendo populares los grupos vocales tipo los Orioles, los Dubs o los Flamingos. Con los Drifters probaron algo nuevo, la incorporación de violines en vez del saxo para acompañar a la voz solista. El resultado fue “There Goes My Baby”, una canción en la que se narraba la soledad de un chico que ha perdido a su chica después de hacerla llorar y se pregunta dónde estará, vagando sola por la ciudad. La letra no seguía ninguna rima, algo insólito en la época.

   El solista de los Drifters era el gran Ben E. King, un cantante capaz de incluir elementos latinos a la ascendencia gospel. King solo grabó tres éxitos más con los Drifters, “Dance With Me” (1959), “This Magic Moment” y “Save The Last Dance For Me” (1960) antes de emprender carrera en solitario.

   Leiber y Stoller dejaron la composición de las nuevas canciones de los Drifters como “Save The Last Dance For Me” a Jerome “Doc” Pomus y Mort Shuman, autores además de canciones como “Teenager in Love”, así como de otras para Elvis Presley. Pomus/Shuman crearon un estilo que daba entrada a los ritmos latinos de las orquestas de mambo que triunfaban en Broadway. Tras la retirada de Ben E. King, los Drifters contrataron a Rudy Lewis (1962) quien inmortaliza con su llegada una de las grandes canciones de la historia y uno de los más brillantes trabajos como letrista de Gerry Goffin: se trata de “Up On The Roof”, compuesta por Gerry Goffin y Carole King y que junto a “On Broadway” (1963, Leiber y Stoller), describirá de manera certera y sin ambages la perenne sensación de aislamiento que se vive en la gran ciudad.

   En efecto, el brillo superficial de la ciudad desaparece: “cuando no puedes soportar a la gente, hace falta un lugar al final de la escalera desde la que lanzar directamente todas tus preocupaciones al espacio”. Johnny Moore fue el vocalista en el siguiente gran éxito de los Drifters, “Under the Boadwalk”, 1964. La profundidad del sonido de estas canciones marcó la pauta para el estilo nuevo que se estaba configurando. Es de destacar que la incomparable magia de estas composiciones debe mucho a un arreglista prodigioso llamado Gary Sherman.

  Mientras tanto, Ben E. King comenzó a grabar en solitario bajo la tutela de un discípulo de Leiber y Stoller, el controvertido Phil Spector. Junto a Leiber compuso el primer disco de Ben E. King, “Spanish Harlem”, una metáfora ingenua sobre una rosa especial que solo se deja ver cuando sale la luna en mitad del asfalto, dulce, suave y soñadora. En 1962 Ben E. King grabó la que sería su canción más internacionalmente conocida, “Stand By Me”, en 1962, cargando todo el peso de la canción en un sencillo y original dibujo del bajo que acompañaba el crecendo de la voz de King. El resultado sería imitado hasta la saciedad.

  Uno de los fenómenos que se crearon en la antesala del soul y que crearían escuela es el de los grupos de cantantes femeninas negras. Las primeras fueron las Shirelles, producidas por Luther Dixon para el sello Scepter. Scepter Records lo fundó en 1959 en Nueva York Florence Greenberg exclusivamente para distribuir la música de las Shirelles. La cantantes solista, Shirley Owens, mezclaba el candor con la picardía, en temas como “Will You Still Love Me Tomorrrow? -una de las más perennes canciones de Gerry Goffin y Carole King-, “ Mama Said” o “Baby It´s You”, esta última firmada por otro de los tandem fundamentales de la música pop como fueron Burt Bacharach y Hal David. Fueron ellos quienes descubrieron el potencial de una de las mejores voces negras femeninas de la época, Dione Warwick, que también grabó para Scepter, al igual que otros vocalistas más cercanos al gospel como los importantes Isley Brothers o Chuck Jackson.

   Otro de los sellos seminales del soul fue Dimension, fundado en la misma Nueva York en 1962 por Don Kirschner con Goffin/King como productores. Este pequeño sello pasó a la historia por grabar a los Kingsmen “Louie Louie”, pero sobre todo por grabar uno de los temas de baile más irresistibles de todos los tiempos, “The Loco-motion”de Little Eva.

Cuenta la leyenda que Little Eva trabajaba de “nanny” en la casa de Gerry Goffin y Carole King, que habían contraído matrimonio cuando Gerry, un estudiante de químicas, contaba veinte años y Carole diecisiete. Al oir cantar a Little Eva Carole King le ofreció la oportunidad de saltar al estrellato. El resultado fue una composición extraordinariamente grabada, con Carole al piano, Art Kaplan al saxo y Litle Eva soltando su voz desafiante y urgente, en un grito desenfadado que animaba frívolamente a pasárselo bien y no pensar en nada más. Little Eva, tras este número uno, volvió a tener relativo éxito con “Keep Your Hands Off My Baby” en 1963.

   El siguiente grupo de cantantes femeninas negras fue un cuarteto llamado las Chiffons. El grupo debutó en 1960 con una canción de la prehistoria de las Shirelles, cuando éstas grababan para Decca, el tema “Tonight´s the Night”, aunque el tema que las catapultó fue la  encantadora “He´s so fine” en 1963. La canción fue escrita por un amigo de ellas del sur del Bronx, Ronnie Mack, y la solista Judy Craig le dio un tono alegre y maduro al mismo tiempo, una serenidad que contrastaba con el histrionismo casi irritante de las precedentes. El siguiente éxito de las Shirelles se resolvió gracias a un montaje realizado sobre una pista ya grabada de la canción de Goffin & King “One Fine Day” a la que se incorporaron las voces de las Chiffons, con sorprendentes resultados.

El talento compositivo de Gerry Goffin en compañía de Carole King no cesó con la llegada del soul y antes de que la relación entre ellos llegara a su fin y Carole King emprendiera su carrera en solitario, les dio tiempo a firmar “Don´t Bring Me Down”, que verá la luz en el sello Decca (1966) interpretada con elegante contención por Eric Burdon al frente de los Animals desde el otro lado del charco. Una canción “Don´t Bring Me Down” premonitoria del final del ensamblaje Goffin/King, una de las relaciones creativas más emocionantes que ha proporcionado la música pop en su historia.

 

 

  

 

 

  

 

  

  

 


 

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