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Blogs Tras un biombo chino por Pablo M. Díez

Sabuesos clonados contra el crimen

Corea del Sur y China crean perros con los genes manipulados para agudizar su olfato y ayudar a la Policía husmeando en las aduanas y resolviendo crímenes

Pablo M. Díez el
Kunxun juega con uno de los científicos del laboratorio que la ha traído al mundo. REUTERS

El “Sherlock Holmes” de Yunnan, una provincia al suroeste de China por donde se cuela la heroína que viene del “Triángulo Dorado”, no es un detective que resuelva los crímenes más misteriosos mientras fuma flemático en pipa. Es, literalmente, un sabueso: una perra loba de siete años llamada Huahuangma que, gracias a su infalible olfato, ha ayudado a esclarecer asesinatos y participado en más de veinte investigaciones policiales. Tan brillante es su hoja de servicio que el Ministerio de Seguridad Pública la condecoró en 2016 con la medalla de primera clase al mérito canino.

Para perpetuar este ejemplar, del que solo hay uno entre un millar, la Policía china no la ha cruzado con otro perro de finísimo olfato porque algo se podía perder en la mezcla. Para que eso no ocurriera, se ha tomado una decisión más drástica: clonarla. A partir de células obtenidas de su piel, los científicos extrajeron su ADN para implantarlo en un óvulo cuyo núcleo había sido retirado. Este embrión fue inyectado en otra perra, una “Beagle”, que parió en diciembre mediante cesárea para evitar complicaciones.

Con 540 gramos y 23 centímetros de largo al nacer, la cría, llamada Kunxun, tiene el 99 por ciento de su ADN igual a Huahuangma, según informa la Prensa oficial. Traída al mundo por la Universidad Agrícola de Yunnan y Sinogene, una empresa de Pekín que cobra 380.000 yuanes (50.200 euros) por clonar perros, la pequeña Kunxun empezó a ser adiestrada a principios de este mes en Kunming, la capital provincial. “Tiene más potencial que los perros no clonados”, explicó al periódico “Diario de Ciencia y Tecnología” el jefe de investigación, Wan Jiusheng.

El animal ha sido creado por la Universidad Agrícola de Yunnan y Sinogene, una empresa de Pekín que cobra 380.000 yuanes (50.200 euros) por clonar perros. REUTERS

Tras un entrenamiento de seis meses, las dotes de esta perra loba serán probadas y, si pasa el examen, ingresará en el cuerpo de Policía para husmear en busca de droga y pistas que lleven a la detención de criminales. “En la actualidad, la clonación de perros policía está todavía en una fase experimental. Esperamos poder clonar en masa canes excepcionales en diez años, cuando la tecnología sea más sofisticada”, aventuró Wan al citado diario.

Para asegurar que el olfato de los mejores perros policía pase de generación en generación, los investigadores chinos están potenciando la clonación y seleccionando genes de los animales. Aunque suena a “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, esta clonación ya se viene haciendo desde 2007 en Corea del Sur, pionera en el uso de tal clase de perros en sus aduanas. Desde entonces, la empresa Sooam “fabrica” perros policía con un olfato desarrollado al máximo, que se venden en todo el mundo para vigilar en puertos y aeropuertos. En circunstancias normales, solo tres de cada diez perros tienen una nariz lo suficientemente fina como para encontrar droga en las maletas de los viajeros. Ante estas dificultades, la clonación supone un método de abaratar costes en la adquisición y entrenamiento de los animales.

Desde que la famosa oveja escocesa Dolly se convirtiera en 1996 en el primer animal clonado de la Historia, esta controvertida técnica de manipulación genética se ha extendido por todo el mundo, creando vida de forma artificial y avivando un fuerte debate moral y religioso. En China, sus científicos llevan desde el año 2000 clonando ratones, ovejas, vacas y cerdos y ya hay hasta una “fábrica” de animales para consumo humano. “Elemental, querido Watson”, dirían estos perros clonados si pudieran hablar.

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