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Blogs Tras un biombo chino por Pablo M. Díez

Hong Kong no se asusta ante China

Tras la violencia de las últimas semanas, cientos de miles de personas desafían la prohibición de la Policía y se manifiestan pacíficamente para reclamar democracia

Pablo M. Díez el

Ignorando la prohibición de la Policía y la amenaza de las tropas chinas en la frontera, las protestas de Hong Kong vuelven a la senda del pacifismo tras los violentos enfrentamientos de las últimas semanas. Ni la lluvia ni las advertencias de Pekín las frenan. Desafiando la prohibición de la Policía, que solo permitía una concentración dentro del parque Victoria, una gigantesca manifestación inundó el domingo el centro de la isla con cientos de miles de personas de todas las edades, profesiones y clases sociales. Hasta 1,7 millones, según el generoso cálculo de sus organizadores, que volvieron a protagonizar otra jornada histórica pidiendo a gritos la dimisión de la jefa del Gobierno local, Carrie Lam, y “democracia ya”. A tenor de la Policía, cuyas estimaciones discrepan menos con las de los organizadores cuando las manifestaciones son a su favor, se congregaron 128.000 personas en el parque Victoria, lo que excluye a la multitud que ocupó las calles durante ocho horas.

La multitud desbordó el parque Victoria e inundó durante horas las calles del centro de Hong Kong.

Al margen de la cifra exacta, fue una de las marchas más masivas que se recuerdan en la excolonia británica, junto a las de junio también contra la ley de extradición a China. Y también la mejor muestra de que los hongkoneses no se asustan ante el autoritario régimen de Pekín. Además, las protestas volvieron a recobrar la senda del pacifismo tras varios fines de semana de violentos enfrentamientos con la Policía. Lo que empezó hace dos meses con multitudinarias manifestaciones pacíficas contra la ley de extradición a China, suspendida pero no retirada, había derivado en una “guerrilla urbana” de jóvenes y adolescentes “bombardeados” con gases lacrimógenos por la Policía.

Aunque la mayoría de la sociedad hongkonesa rechaza la violencia, entiende la radicalización de los manifestantes y se muestra muy crítica con la respuesta policial. Además, el fiasco de la ley de extradición ha hecho estallar el malestar político y social que hay en Hong Kong contra el creciente autoritarismo del régimen chino, lo que ha reactivado sus demandas del prometido sufragio universal.

“Esto ya no va de política, sino de la propia conciencia y la humanidad”, me decía una mujer con una pegatina en el pecho con los dos caracteres de la primera palabra.

El veterano activista hongkonés Lee Cheuk-yan, que estuvo en las protestas de Tiananmen y fue detenido tres días, encabeza la nueva manifestación multitudinaria que recorrió el centro de la isla.

A pesar del veto policial, que no suele ser habitual para este tipo de manifestaciones pero en este caso argumentaba el riesgo de violencia, los hongkoneses respondieron en masa al llamamiento de los organizadores, el Frente Civil para los Derechos Humanos. “Esta es una manifestación pacífica y no había motivo para prohibirla. Con ella queremos decirle a la Policía que no nos intimida con su violencia y a la jefa del Gobierno, Carrie Lam, que no nos amenace con el desastre económico”, me explicaba en cabeza de la marcha uno de los promotores del Frente Civil para los Derechos Humanos, el veterano activista Lee Cheuk-yan. Consciente de la acampada de la Policía Armada china en la vecina ciudad de Shenzhen, aseguraba que “necesitamos salir a la calle para mostrarle al mundo que no tenemos miedo del Partido Comunista. Están preparando tropas, pero no creo que el presidente Xi Jinping se atreva a enviarlas porque somos pacíficos”.

Pero, tras la manifestación, varios miles de jóvenes ataviados de negro y con máscaras cortaron la avenida frente al Gobierno. Al filo de la medianoche, y antes de que llegara la Policía, se marcharon pacíficamente, como habían prometido. Tras los choques de las últimas semanas y la toma del aeropuerto, acababa un fin de semana sin violencia. Dos meses después de empezar, las protestas de Hong Kong recobran el pacifismo. Pero los paraguas seguirán abiertos las próximas semanas, y no solo por la lluvia.

 

 

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